Nací a finales del siglo XX, en los difíciles años del período especial. Tras el derrumbe del campo socialista soviético nos habíamos quedado solos, con las herramientas gastadas de un país que intentaba mantenerse en pie mientras aprendía a caminar sobre los escombros.
Allí, en sus modestas plazas, en casas de cultura o cines, en ranchones con taburetes, en los salones de reuniones de la empresa más fuerte del municipio, recibe cada año su título la gente valiosa de las zonas más intrincadas de esta geografía.
Sencillos, muchas veces acompañados de sus hijos, peinando canas y, a veces, disimulando arrugas, sorprende saber que durante cinco años estos graduados viajaban desde fi...
Hemos vivido todas las décadas de nuestras vidas oteando el futuro. El futuro nunca se cansó de llamarnos. Silvio Rodríguez nos convidó a creerle cuando lo invocaba. El futuro siempre se nos presentó como la instancia de consagración por excelencia: el espacio temporal donde cobrarían forma todas las «utopías» que nunca (o casi) dejaron de serlo.
Un drama viejo con aristas nuevas ha copado en estos días los titulares en muchas partes del mundo, descontando los espacios dedicados a la embestida rusa en el conflicto con Ucrania, y al hueso duro de roer en que se ha convertido Irán para Estados Unidos.
Vivimos tiempos en los que solo hay espacio para «cambiar todo lo que deba ser cambiado», fidelistamente hablando, si aspiramos a sostener sobre bloqueos y amenazas, la Patria. Dormirse hoy entre la inercia, a la espera de milagros tal vez sea, a estas alturas, el método más eficaz para hacerles el juego a las crisis.
Hace algunos días, mientras trabajábamos en la edición impresa del periódico Granma, no podíamos evitar conmovernos cuando el reportero que estuvo presente en el momento de la entrega de un masivo donativo a un hospital nos describía algunas de las palabras de la directora de esa institución. Ella decía, más o menos, algo así:
BASTA con escuchar la típica conversación en el entorno laboral, leer los hilos encendidos de las redes sociales, caminar por la calle o sentarse a la mesa familiar, para toparse con una denuncia entre los cubanos: el robo de paneles solares se manifiesta como un nuevo modus operandi dentro del catálogo de delitos contra el patrimonio.
Adquirir tecnología fotovoltaica sigue siendo un lujo para la mayoría. Muchos ni siquiera ...
Esto es más allá del límite. Sabemos cuánto se inmiscuye el actual presidente de Estados Unidos en todo lo que signifique obtener más poder y control sobre el orbe, y ahora se ha lanzado con una nueva acción que posiblemente haya dejado boquiabiertos hasta a quienes le daban la posibilidad de la duda sobre sus pretensiones.