Amanece.
NETTUNO.— Todavía al mediodía de este lunes se comentaba aquí por todos lados la derrota de Cuba frente a Estados Unidos en la final de la Copa Mundial de béisbol. Me imagino entonces que en nuestro país sucedió lo mismo.
La alegría de las personas al saber que pueden asistir a sitios confortables, de buen gusto y servicios de precios asequibles es siempre contagiosa, máxime si antes carecían de los mismos o se vieron privados de ellos durante varios años, por deterioro o quién sabe cuántas otras causas.
El aniversario 49 de los CDR me incita a reflexionar sobre la importancia del trabajo de masas para asegurar la victoria y perdurabilidad de la Revolución socialista cubana y, por tanto, es un ejemplo que otros pueblos deben tomar muy en consideración.
Iban a repartir entre vecinos un equipo, de los que son importantes en la vida diaria. Entonces crearon la tradicional comisión, para evitar la futura discusión. Pidieron así que cada uno de los candidatos entregase una «trayectoria laboral y social», un papel que respaldara la solicitud.
Sin diversidad, diferencias y diferentes, la existencia misma sería en verdad un hueco monótono y aburrido y el desarrollo y el progreso impensables. Claro que también hay diferencia entre las diferencias, porque, por ejemplo, una cosa es la de los abismos entre la opulencia y la miseria que tanta justificada rebelión desata, y otra la que alienta el perfeccionamiento humano para bien de la sociedad en conjunto.
Algún día la capital tendrá que levantar un monumento a los agricultores habaneros, se escucha decir a uno que otro funcionario. La obra devendría, en opinión de estos, en agradecimiento de la urbe a quienes la alimentaron, a veces en muy complejas circunstancias.
Por estos días el pueblo chino prepara los festejos para la celebración del aniversario 60 de la fundación de la República Popular China. Imagino a Zhao Cheng, Li Ping, Liu Xiaoyu, Geng Xiaoming, Ding Wenzhao, Shang Yongsheng, Liu Zhengfa y otros tantos ciudadanos de a pie, entusiasmados con los planes de la fiesta.
Este domingo, 62 millones de alemanes podrán acudir a las urnas para decidir quién los gobernará durante los próximos cuatro años. Aunque para ser más exacto, sería mejor decir «quiénes», porque en la mayor economía europea el poder suele ser cosa de una alianza de partidos.
Cuando el entusiasmo se aviva y cuaja en colectivo es capaz de ensancharse en la cabeza y comprimirnos el cerebro hasta hacernos añicos lo racional. Desde luego, ya hoy, después de más de veinticinco años, puede contarse con total licitud y jocosamente, una historia que «en paz descansa».