La constitucionalidad y el derecho en Cuba tuvieron la singularidad de nacer de la Revolución y para la Revolución, nunca contra esta. Es una apostasía y una vergüenza intentar utilizarlos para su aniquilación, en componenda con los peores enemigos históricos de la nación
En fechas y circunstancias distintas, los revolucionarios en Cuba, desde que el Padre de la Patria uniera en un solo propósito la lucha por la libertad nacional con la justicia social, se han visto enfrentados a las mismas disyuntivas de salvar la Revolución, incluso ante los mismos enemigos. Por eso, no cesa la agitación de aquella fecha fundadora 153 años después y somos depositarios de una tradición heroica y un amor a la libertad que desafía todas las adversidades y amenazas del presente, a la vez que nos infunde fuerzas y optimismo para encarar serenamente el porvenir
El discurso mediático revolucionario, para que se legitime, tiene que estar especialmente vinculado con la realidad. No puede enajenarse o enmudecer ante las complejas geografías sociales que deciden la plenitud de la justicia en el socialismo. Esa será también responsabilidad del nuevo Instituto de Información y Comunicación Social
El proyecto socialista nacional enfrenta uno de sus momentos más complejos, desafiado a demostrar que alcanzó madurez suficiente para sobrevivir a su liderazgo histórico y que el orden constitucional refrendado por amplia mayoría es tan perfectible como irrevocable
Desde la confabulación mafiosa entre medios, jueces y militares en la Argentina de los años 70 se gestaban las dictaduras mediáticas embriagadas ahora mismo por provocar un estallido social en Cuba
Si los propósitos de la operación político-comunicacional en marcha se cumplieran el primer acto simbólico, no lo dudemos, sería posar nuevamente el águila de donde la espantó la increíble fuerza de un pueblo pequeño y pobre materialmente, que tuvo la osadía y la entereza moral de cambiar su destino