Aunque parecía ocupado en otros asuntos, Washington siguió muy de cerca las recientes elecciones parlamentarias en Kirguistán. La pequeña ex república soviética es absolutamente estratégica en la región, y para el imperio un poco más, porque allí tienen un importante enclave militar —arrendado por más de 60 millones de dólares— desde donde parten buena cantidad de los suministros con los que mantienen la guerra y la ocupación en el vecino Afganistán.
El diálogo, todo un banquete. «Mira, mi socio, este producto está adulterado». «¿Qué dijiste?», replicó el dependiente. «Oye, compadre, ¿tú no entiendes? Que le echaron algo», ripostó el inspector.
A pesar de que ya apenas se le menciona en las tertulias de barrio, los tuneros sesentones recuerdan todavía con una pizca de respeto y otra de burla la antigua leyenda local del indio sin cabeza y su inseparable caballo blanco. ¡Cuántas tragedias se asociaron durante décadas a aquel tenebroso jinete y su cabalgadura!
«De afuera» nos llega de todo: historias, amigos solidarios a toda prueba, discrepantes respetuosos, desinformados confundidos, enemigos tramposos, turistas, arte y literatura de excelencia, junto con falsificaciones envenenadas y difundidas, tecnologías de punta, ideas, tendencias y modas de distintos signos, productos de consumo y también subproductos de pacotilla puestos a circular como presuntos símbolos de libertades irrestrictas que arremeten callejeramente contra la espiritualidad.
La crisis económica mundial ha logrado virajes de tuerca en no pocos sentidos. A los más pobres les ha tocado hundirse un poquito más en la miseria —si acaso es posible— mientras que los ricos han recibido salvavidas de dinero lanzados por los Gobiernos. Así es el mundo patas arriba.
Uno se cree original, y siempre alguien le antecede. Cuando estampé el título de esta muesca periodística comprobé, navegando en Internet, que más de un colega lejano me había antecedido, al vaticinar con esa paráfrasis el peligro que corren las aguas del gran río europeo de tornarse grana, si la catástrofe ecológica de Hungría desata su segunda edición.
EL hombre miró con voracidad «tenderil» los espejuelos en oferta. Los fue repasando cuidadosamente hasta advertir el de su preferencia. Entonces llamó al vendedor y le pidió alcanzarle los artefactos. Se los colocó con aire de quien se transfigura a la plenitud de un Narciso: ¿Y qué, cuán «americano» me veo?, interrogó a los presentes mientras lanzaba una sonrisa estrepitosa e ingenua.
Masacres, abusos sexuales, mutilaciones, ataques contra niños… y a pesar de todo, un clima de total impunidad. Cualquier cantidad de atrocidades recoge un reciente informe de Naciones Unidas, que con ojo miope intenta buscar culpables de los crímenes cometidos en el Congo-Kinshasa por los distintos bandos contendientes, entre marzo de 1993 y junio de 2003.
Mario Benedetti, donde quiera que estés: Todavía trasnochados sentimentales lanzan botellas al mar con mensajes a quién sabe, en pleno siglo XXI, cuando las tecnologías derriban barreras del tiempo y el espacio y lo desnudan todo al instante. Cuando ya casi no quedan misterios por descubrir.
Ahora entiendo a los que me antecedieron, aquellos colegas que, bañados por vivencias de un 8 de octubre en cualquier escuela de Cuba, dejaron el rocío de sus impresiones en páginas que ahora reposan en archivos.