Pocos medios informativos han ahondado en el gasto integral de la guerra que ha emprendido EE. UU. contra Irán. Autor: L'Humanité Publicado: 14/07/2026 | 09:31 pm
Si de algo ha adolecido la actual administración estadounidense desde que se produjo el pasado 28 de febrero su agresión a la República Islámica de Irán, es evaluar de manera objetiva la dimensión militar, electoral y diplomática de la operación Furia Épica. Dentro de los elementos subestimados por Washington en su intento de derrocar al gobierno iraní, se encuentra sin dudas el alto costo económico que implica mantener el operativo bélico que, lejos de cumplir sus objetivos subversivos, generan un dispendio cada vez más onerosos para el presupuesto público.
Según las evidencias de Popular Information divulgadas por el sitio antiwar.com, el costo de la guerra contra Irán ha sobrepasado los 103 millardos de dólares, una cifra muy superior a los 30 millardos declarados por el director de la Oficina de Gestión y del Presupuesto Russell Vought en una reciente audiencia ante la Cámara de Representantes. Uno de los indicios de cuánto Washington viene desestimando el verdadero costo directo de Furia Épica, fue la solicitud del presidente Trump al Congreso el pasado 24 de junio —justo una semana antes de la audiencia de Vought— para obtener 88 000 millones suplementarios al presupuesto militar, de los cuales 72 millardos se destinarían a las operaciones bélicas contra la República Islámica.
El costo de esta nueva aventura bélica del «aspirante» al Nobel de la Paz ha sido tan considerable que, incluso, entre la 60ma. y el 120ma. jornadas del conflicto —en las que las operaciones militares se restringieron luego de los primeros esfuerzos diplomáticos entre Washington y Teherán para consumar un alto el fuego— el dispendio de la guerra se contabilizó en varias decenas de millardos de dólares. En su intento de intimidar a las autoridades iraníes, el alto mando militar estadounidense había autorizado durante las primeras semanas de agresión el lanzamiento de centenares de misiles Tomahawks cuyo costo por unidad se valora en casi cuatro millones de dólares.
De acuerdo con datos develados por la BBC a comienzos de junio de 2026, las fuerzas iraníes habían ocasionado daños en una veintena de instalaciones militares estadounidenses, situadas en ocho países del Medio Oriente: Arabia Saudita, Emiratos Árabes Unidos, Catar, Kuwait, Irak, Jordania, Bahréin y Omán.
Entre las pérdidas materiales registradas en estas bases alcanzadas por los ataques de respuesta del ejército persa, se encontraban sistemas de defensa aérea, radares, drones y los denominados aviones cisterna. El temor de Washington por la reacción de la opinión pública ante estos daños fue de tal magnitud que solicitó a la empresa de imágenes satelitales Planet que ocultara el verdadero impacto de las pérdidas.
Contrariamente al modus operandi de la administración estadounidense durante las grandes conflagraciones bélicas en las que se involucró durante el siglo XX —la Primera y Segunda Guerras Mundiales, la Guerra de Corea y la de Vietnam— que optaba por incrementar los impuestos para los contribuyentes dentro de la nación norteña; desde la promocionada «cruzada contra el terrorismo» que emprendieron a comienzos de esta centuria, se ha preferido aumentar los intereses de la deuda pública, un hecho que ni siquiera ha desmentido el presidente de la Comisión de Créditos de la Cámara de Representantes Tom Cole.
Este indicador de los intereses de la deuda, permiten calcular los costos indirectos de la guerra que se manifiestan en otras partidas de gasto económico y presupuestal. Así, medios tradicionales e influyentes en la audiencia norteamericana como el New York Times, incrementan a 132 000 millones el costo integral de la guerra contra Irán, computando los mencionados costos indirectos.
Por supuesto, este dispendio desenfrenado del Pentágono y la Casa Blanca no admite equivalente en el costo de vidas humanas que ha implicado la Operación, estimado en decenas de bajas por ambos bandos y centenares de víctimas civiles. Si bien el Memorándum de Entendimiento fue blanco de críticas y cuestionamientos, cualquier vía de solución diplomática es preferible a los amagos de bravuconería que promueven cambios de régimen y una configuración geopolítica del Medio Oriente, proyectadas en buena medida por la desmedida ambición del régimen sionista en pleno contubernio por sus aliados estadounidenses.
