Peruanos manifestaron en la Plaza San Martín contra la presencia de Marco Rubio. Foto:Tomada del perfil de Facebook de Telesur Autor: Juventud Rebelde Publicado: 11/09/2026 | 12:08 pm
El periplo del secretario estadounidense de Estado, Marco Rubio, por las naciones andinas, va dejando un rastro de inconformidades y preocupaciones que se expresaron en Perú con manifestaciones previas a lo que se esperaba sería, este jueves, la suscripción de nuevos acuerdos que facilitarán la materialización de la agenda injerencista de la administración Trump en el hemisferio, al precio de una adhesión que se parece bastante a la sumisión.
Seguir la narrativa de lucha contra el narcoterrorismo y de protección de la seguridad nacional al estilo Donroe resulta suficiente, pero el alineamiento no podía ser solo de palabra.
Por ello la gira va materializando la necesidad de Washington de poner en blanco y negro la anuencia que tendrán sus tropas para desandar en esos territorios. También deberá aceptarse que sean rotuladas como «narcoterroristas» las figuras u organizaciones que entiendan en la Casa Blanca y, en algún caso, aceptar la participación estadounidense en la exploración y explotación de recursos naturales y tierras raras, como se ha denunciado por opositores y ONGs defensoras de los derechos humanos que se ha acordado en Colombia sin pizca de transparencia, pues dicen que han sido decisiones inconsultas que, por eso, violan la Constitución.
Ese, a todas luces, ha sido el propósito del viaje.
Así, mientras el Presidente estadounidense «cambia» el mapa regional con decisiones que únicamente se verán en los mapas de los propios Estados Unidos
—nadie más ha asumido que el Golfo de México se llame ahora De América, ni que se nombre así el canadiense Lago Ontario— los nuevos mandatarios de la derecha latinoamericana parecen dispuestos a una virtual entrega de «fragmentos» de la soberanía nacional sin que se necesite cambiarles la identidad, y a cambio de «beneficios» que organizaciones populares ecuatorianas calificaron, a propósito de los convenios firmados en ese país, como «dádivas».
Ese es el rumbo que lleva la incorporación al denominado Escudo de las Américas, otro propósito de la gira. El instrumento fue creado por Donald Trump para poner a todas las fuerzas militares de la región a disposición de su voz de mando so pretexto de la «defensa» común y —no puede descartarse— tal vez para contar con ellas en caso de que Washington acudiera a la mala decisión de aleccionar en la región a algún otro desobediente…
Los manifestantes que expresaron la «bienvenida» a Rubio el miércoles en las calles de Lima, advirtieron precisamente que la integración al proyecto de seguridad estadounidense compromete la soberanía y la diversificación de mercados del país.
En el caso de Perú, hubo declaraciones del visitante previas a su llegada tan atrevidas, que provocaron la respuesta de la tercera nación aludida por ellas. En medio de la estancia del titular del Departamento de Estado, China acaba de recordar que «El hemisferio occidental no es el patio trasero de nadie», y que «los países de América Latina tienen el derecho soberano de elegir libremente a sus socios y de desarrollar una cooperación exterior partiendo de sus propios intereses nacionales».
Eso, entre otras cosas, puntualizó la embajada de Beijing en la capital peruana luego de que Rubio la emprendiera contra la cooperación de Perú con otras naciones, «especialmente China», país al que acusó de hacer «promesas que esconden sus prácticas predatorias», apuntaron medios de prensa.
La legación diplomática china ripostó reafirmando que ese país «nunca ha actuado con cálculos geopolíticos, nunca ha interferido en los asuntos internos de otros países y nunca ha exigido a otros países que tomen partido o elijan un bando».
Sonoras y sonadas resultaron también las posturas y declaraciones dadas a conocer durante su escala previa en Ecuador, nación donde el mandatario colombiano Abelardo de la Espriella tiene un su homólogo Daniel Noboa, un émulo de consideración en admiración por los Estados Unidos.
Un documento suscrito por organizaciones sociales y de defensa de los derechos humanos dijo que el representante de la administración Trump no era bienvenido, responsabilizó a Rubio y al secretario de la Guerra, Pete Hegseth, por los ataques contra embarcaciones pesqueras ecuatorianas en el Pacífico, y denunció que la diplomacia estadounidense de coerción llevó al ejecutivo ecuatoriano a romper con Cuba sin mediar razones válidas, y a imponer decenas de medidas coercitivas unilaterales contra gobiernos soberanos de la región, reportó Telesur.
La gira puede haber resultado fructífera pero, seguramente, incómoda y poco grata.
