Yvan Báez Peña, presidente de la Fundación Máximo Gómez Báez, en República Dominicana. Foto: Luis Raúl Vázquez Muñoz Autor: Juventud Rebelde Publicado: 11/09/2026 | 01:37 pm
SANTO DOMINGO, República Dominicana.— Afuera, la noche cae sobre Santo Domingo. En medio de ese anochecer, el canto de las palomas llega a través de las ventanas de la salita donde Yvan Báez Peña señala una foto muy importante para él.
«Es esta», dice. En la imagen, rodeado de personas, se ve a Nicolás Guillén. «Eso fue en 1979, cuando el 70 cumpleaños del profesor Juan Bosch. Después de los festejos, Guillén viajó a Baní, la ciudad donde nació Máximo Gómez el 18 de noviembre de 1836. Allí estuve yo».
Acto seguido recita unos versos del Poeta Nacional de Cuba y mira la imagen, complacido. Fornido, con el pelo entrecano y una barbita recortada, maestro de profesión y vocación, Báez Peña se declara un seguidor impenitente de Guillén. Sin duda, su poesía es una de sus pasiones; combinada con otra mayor: dirigir la Fundación Máximo Gómez desde su creación.
«La idea apareció en 2014 —cuenta—. En ese año se celebró el 250 aniversario del municipio dominicano de Baní. Dentro de las actividades, se decidió dedicar una semana a Gómez. Ahí jugó su papel un cubano, Carlos Rodríguez Almaguer, quien fuera antes presidente del Movimiento Juvenil Martiano.
«Rodríguez Almaguer trabajaba en la Fundación Juan Bosch y se vinculó a nuestros preparativos del aniversario; así nos dimos cuenta de que el tema de Gómez daba para más.
«Yvan, aquí hay que hacer algo», sugirió Carlos, y así surgió la idea de la Fundación. En enero de 2015 nos constituimos y la presentación oficial se hizo el 24 de febrero, cuando se conmemora el reinicio de las guerras por la independencia en Cuba».
Un maratón de lecturas
El propósito de la Fundación es difundir la obra de Gómez. Gracias a ella, y con el apoyo del Instituto de Historia de Cuba, se reorganizó la casa-museo de Montecristi (donde además estuvo José Martí). Por sus gestiones, también se editó el Diario de campaña del distinguido militar, que llevaba 32 años sin publicarse en República Dominicana.
En 2018, la Fundación publicó El insomnio de un machete. Máximo Gómez en la lírica cubana, un texto de los investigadores Irma Rodríguez Curbelo y Lorenzo Suárez Crespo que reunió la poesía dedicada a Gómez en Cuba. También se distribuyó la historieta Máximo Gómez. La primera carga al machete, del cubano Enrique Lacoste, quien donó los ejemplares.
Otra actividad importante es el maratón de lecturas, que se realiza todos los años un día antes del cumpleaños del Generalísimo. Durante esa jornada, las escuelas públicas de Baní leen páginas del Diario de campaña.
Deuda de gratitud
«Nuestra Fundación, además, impulsó un hecho de gran simbolismo: reconstruir la casa natal de Máximo Gómez», acotó el entrevistado. «El inmueble se quemó; unos decían que por accidente; otros, que el incendio fue intencional. En 1900, Gómez volvió a Baní. De la vivienda solo quedaban unos horcones, pero él reconoció el lugar. “Esta era mi casa”, dijo y donó el espacio para que se hiciera una escuela».
En el recinto se erigió el parque que honra su persona. Allí estuvo Fidel en 1998, a quien Báez Peña atendió en su condición de gobernador de la provincia de Peravia, donde Baní es municipio cabecera.
«Ha sido la visita más trascendente —recuerda—. Ahí anunció el apoyo para construir el politécnico de Baní. Dijo que Cuba tenía un compromiso que saldar, porque de los valores y las tradiciones de ese pueblo surgió Máximo Gómez. Fue tremendo».
Luces y sombras
—Se dice que Gómez es una figura controvertida en Dominicana porque luchó al lado de los españoles entre 1863 y 1865, en el intento de anexión del país. ¿Hasta qué punto es aceptado aquí?
—En República Dominicana, a Gómez se le reconoce como uno de los grandes próceres latinoamericanos. Pueden existir criterios sobre su participación en contra de la Revolución Restauradora, el movimiento que devolvió la independencia cuando España nos anexó; pero su persona es respetada, lo cual no niega que haya pasado por distintos momentos.
—¿Cómo se asumió su figura a lo largo del tiempo?
—Cuando termina la anexión, Gómez no es visto como un patriota. Él sale hacia Cuba junto a los dominicanos que lucharon con España. Al terminar la Guerra de los Diez Años en esa isla regresa aquí y lo reciben con honores; pero él los rechaza. Dice que todavía no es digno ante su patria y se aleja de toda actividad pública. En 1900 vuelve, y el recibimiento es apoteósico. Cuando muere, el 17 de junio de 1905, en el pueblo de Baní se adoptó la tradición de peregrinar en su homenaje. Ahí hay una primera etapa».
—¿Qué ocurrió después?
—La larga noche del trujillismo… Durante la dictadura de Rafael Leónidas Trujillo, que duró 31 años, la figura de Gómez estuvo casi vedada. Fue un problema de estado. Gómez era el generalísimo del Ejército Libertador cubano. Trujillo también tenía el título de generalísimo; pero sin haber peleado en una batalla. Sin embargo, en Dominicana no podía haber otro con ese rango.
«Los conservadores explotaron su apoyo a España y omitieron el resto de su vida. Varias generaciones perdieron el hilo de su figura. A la muerte del dictador, diversos intelectuales comenzaron a presentar públicamente a un Gómez más real. Entre ellos estaba el profesor Juan Bosch, quien fue presidente de la República varios meses en 1963, hasta ser depuesto por un golpe de estado.
«A partir de 1975, después de una visita a Cuba, Bosch escribió varios artículos sobre Máximo Gómez en Vanguardia del pueblo, el órgano del Partido de la Liberación Dominicana (PLD), fundado por él en 1973. Esos escritos se agruparon en un libro, El Napoleón de las guerrillas. Junto con las notas en el periódico, Bosch impartió conferencias que hicieron despertar el interés sobre Gómez en su patria».
Conflicto de ideas
«Antes se hablaba de él, pero no se profundizaba. Su figura quedaba limitada a ciertas celebraciones. Para que se tenga una idea, en 1936, en ocasión del centenario de Gómez, el Gobierno cubano donó un busto a Baní, pero Trujillo dijo que se quedara en Santo Domingo. No fue hasta 1958 que fue para su lugar, pero no se inauguró hasta 1961.
«Todavía le tienen cizaña. Varias veces se ha intentado cambiar el nombre de la provincia de Peravia por el de Máximo Gómez y la oposición ha sido a rajatabla. Llegan a decir que el cambio sería un triunfo de los comunistas de Cuba porque son los que han dado más calor a Gómez.
«En el fondo lo reconocen, pero no lo aceptan. Lo que no se puede ocultar es la obra de Máximo Gómez. Este año se conmemora el 190 aniversario de su nacimiento y vamos a hacer un acto como se merece. Todavía él tiene mucho que decir».
El intelectual dominicano refiere que, según los investigadores cubanos René González Barrios y Yoel Cordoví, compilar las obras de Gómez abarcaría de 14 a 15 volúmenes, la mayor parte con documentos no publicados.
Gracias a la Fundación, en Dominicana existe el interés de imprimir la edición crítica del Diario de campaña, preparada por el Instituto de Historia de Cuba, junto con un tomo de la correspondencia entre Gómez y Antonio Maceo, y un volumen con escritos literarios del Generalísimo.
«No es lo que se ha dicho, es lo que falta por decir —expresa—. Por eso vamos a continuar. Esto lo hacemos por pasión, porque divulgar la vida de Gómez es un deber hacia uno de los hombres más grandes que dio República Dominicana y América Latina».
