Mikel Oyarzabal firmó un doblete contra Austria para asegurar el boleto de la roja a octavos de final. Foto tomada de ESPN deportes Autor: Juventud Rebelde Publicado: 03/07/2026 | 02:58 pm
El SoFi Stadium, esa mole de cristal y acero que se alza en la tierra del cine, se vistió anoche de gala para el estreno de una película con sabor español. El cartel, sin embargo, no anunciaba a ningún actor de Hollywood, sino a once futbolistas que, durante 90 minutos, ofrecieron una función tan brillante como las que suelen proyectarse en las pantallas de esta ciudad. En la grada estaban Penélope Cruz, Javier Bardem y Rosalía, pero las verdaderas estrellas hoy eran los chicos de Luis de la Fuente.
Los primeros compases, eso sí, tuvieron el ritmo de un thriller. Austria, con su entrenador Ralf Rangnick, gurú del fútbol de presión, intentó plantar cara con la energía de un toro de lidia. Pero España, como un buen matador, esperó su momento. Y el momento llegó con el trazo de un pincel llamado Marc Cucurella. El futuro lateral del Real Madrid, imparable por su banda, se convirtió en el director de orquesta de una sinfonía que empezó a sonar en el minuto 36.
Fue entonces cuando el fútbol se vistió de poesía. Cucurella, con espacio por la izquierda, puso un balón medido, de esos que solo los elegidos saben encontrar. Y allí, en el área, apareció Mikel Oyarzabal. El delantero de la Real Sociedad, como un cazador que acecha en la sombra, se desmarcó, controló y fusiló a Alexander Schlager con un remate seco. Era el 1-0, el primer compás de una melodía que ya no se detendría.
No fue el único destello de una primera parte que bien pudo haber sido más abultada. Álex Baena estrelló un lanzamiento de falta en el larguero, y Lamine Yamal, incansable en su carrera de desbordes, puso a prueba a Schlager en varias ocasiones. El colegiado sueco, además, anuló un gol a Cucurella por una dudosa falta de Cubarsí al portero. Pero el destino, caprichoso, quiso que la fiesta se demorara unos minutos más.
En la segunda parte, la superioridad de España fue un manto que cubrió cada rincón del SoFi Stadium. Austria, que apenas inquietó la portería de Unai Simón, se desdibujó como un mal recuerdo. Y llegó el segundo acto, el 2-0, en el minuto 66. Pedro Porro culminó una acción colectiva tras un pase de Baena. El gol, el primero del lateral con la camiseta de La Roja, fue la sentencia de un partido que ya tenía dueño.
Pero el broche de oro, el momento que selló la noche, llegó en el minuto 89. De nuevo Cucurella, de nuevo Oyarzabal. El lateral encontró al delantero con un centro preciso, y Mikel, con la tranquilidad de quien ha nacido para estos escenarios, firmó su doblete y el 3-0 definitivo. Con 17 goles y seis asistencias en sus últimos 17 partidos con España, Oyarzabal se ha convertido en el faro de una selección que ya mira a los octavos de final.
La fiesta, sin embargo, tuvo un héroe silencioso. Unai Simón, el portero del Athletic, sumó su quinto partido imbatido en el Mundial. Pero no fue un récord más. En el césped de Los Ángeles, el guardameta vasco superó la marca de 517 minutos del italiano Walter Zenga, convirtiéndose en el portero con más minutos seguidos sin encajar un gol en la historia de los Mundiales. Un récord que, como él, llegó sin aspavientos, con la tranquilidad de quien sabe que su trabajo es el más ingrato de todos.
Austria, por su parte, cerró el partido con una estadística que duele: cero disparos a puerta. Un reflejo de la superioridad defensiva de una España que, en cuatro partidos, solo ha recibido cuatro remates entre los tres palos.
Los Ángeles, la ciudad de las estrellas, se rindió anoche ante un equipo que no necesita reflectores para brillar. Porque cuando Cucurella pone el toque, Oyarzabal el gol y España la fiesta, el fútbol se convierte en el mejor de los espectáculos. Y en el SoFi Stadium, el cine, por una noche, tuvo que hacer sitio al balón.
