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«Cada época tiene los juglares que necesita»

Baudilio Espinosa, más conocido por Bao entre los amigos, es uno de los fundadores del Movimiento de Jóvenes Humoristas de los años 80, y del Centro Promotor del Humor, como parte del grupo La Leña del Humor de Santa Clara. Sobre aquellos años nos comenta desde su experiencia personal

Autor:

Jorge Alberto Piñero (JAPE)

—Muchos hablan del Movimiento de Jóvenes Humoristas de los años 80, de su boom en el humor cubano, pero poco hablan de por qué surge; y de qué motivó realmente el nacimiento de esa nueva forma de ver la risa, desde la propia historia de la cultura cubana. ¿Tienes alguna idea al respecto?

—Sí, creo que hay humoristas que han hablado de esto y, quizá, no se haya difundido lo necesario. Todo el mundo sabe que, en los años 60 y 70, se perdió un poco el humor que ya venía con esa tradición que tenemos del vernáculo, el costumbrismo. Había desaparecido, sobre todo en los teatros, a pesar de que todavía existían grupos con mucho humor en sus propuestas como el grupo de teatro Escambray, o toda la obra de Héctor Quintero. Si alguien hubiera merecido el Premio Nacional de Humor, entre los primeros, hubiera sido Héctor Quintero. Lo cierto es que en esa etapa se incluye el tristemente célebre quinquenio gris. Fueron años en que había un triunfalismo tan grande que no cabía la crítica; y el humor por esencia es crítica. Entonces, ya era necesario una reacción ante ese vacío que teníamos en muchos aspectos de la cultura y, sobre todo, en el humor.

«Por otra parte, después del triunfo de la Revolución entró mucha gente a la Universidad y salió muy preparada. Unos se convirtieron en humoristas y otros en públicos de esos humoristas, y siempre he dicho que cada época tiene los juglares que necesita. El juglar, el cantor, el actor, el comediante… se forma de acuerdo con el público que aplaude y que paga. No hay otra forma. Tú puedes sobresalir, irte más allá o más acá de tu tiempo, pero siempre estás marcado por él.

«Como dije ya era necesario un boom en el humor, y ya se veían los primeros asomos. Existía por ejemplo un periodista y escritor llamado Héctor Zumbado, quien estaba haciendo una crítica muy sólida y cubana en la literatura. Él recogía todo el costumbrismo y lo llenaba de una inteligencia y erudición tremenda que llegaba a un lector preparado.

«Tuvimos los primeros contactos con el grupo argentino Les Luthiers, de un humor muy universal y talentoso, que se basaba principalmente en el juego de palabras y en la música. Aquí, en Cuba, estaba el trabajo de Virulo, quien nos puso en contacto con el humor paródico, de una gracia y un carisma tremendos. Un proyecto lleno de individualidades importantes, aunque era un grupo, o sea, el Conjunto Nacional de Espectáculos. También, en la literatura, entre otros creadores importantes, estaba el grupo Nos y otros, que llevaba en sus textos una preparación increíble, de altos quilates, y para rematar teníamos al grupo La Seña del Humor de Matanzas con un humor muy original y muy propio, lleno de creadores interesantes y originales. Todo eso era lo que conocíamos y nos influyó; recuerda que yo venía de La Leña del Humor de Santa Clara. Por supuesto, que en La Habana era mucho mayor el intercambio cultural en esos años. No obstante, cuando el movimiento tomó relevancia y venimos a Miramar, en el teatro Karl Marx, organizados por Virulo, o al primer encuentro nacional de humoristas convocado por la AHS, devenido en el Aquelarre, vimos que todos los grupos del país estaban haciendo más o menos lo mismo, con una intención muy parecida; que en la capital había un público muy parecido al de Santa Clara, al de Matanzas, al de Holguín. Vimos que el llamado Movimiento de Jóvenes Humoristas era un fenómeno nacional.

«Fue muy importante en ese momento el trabajo que realizó la Asociación Hermanos Saíz, con Fernando Rojas al frente. La AHS era una organización de vanguardia, defensora de la obra de los artistas jóvenes y sus propuestas novedosas. Nos apoyaron en nuestras ideas con visiones diferentes, en la fuerza y el ímpetu de jóvenes que creían en la utopía, que pensábamos que el mundo era nuestro, que teníamos las herramientas, las ideas, la instrucción… por eso nos lanzamos a los escenarios sin tener preparación escénica. Queríamos darle a la gente lo que deseaban ver y oír. Finalmente, el Centro Promotor del Humor, como proyecto institucional, con Osvaldo Doimeadiós de director, aglutinó todo ese movimiento, le dio una columna vertebral, le dio un rostro, una legalidad… le dio un sentido de pertenencia. El Centro es una de las cosas más importantes que ha pasado con el humor en Cuba en cualquier época».

(Fragmento de la entrevista realizada a Baudilio Espinosa en 2014, para el proyecto de la serie audiovisual Vivir y morir de la risa). 

El Bao, humorista en toda la extensión de la palabra

Baudilio Espinosa Huet nació en Sagua la Grande, provincia de Villa Clara en el año 1959. Es graduado de Filología en la Universidad Central «Marta Abreu» de Las Villas, y fundador del reconocido grupo La Leña del Humor de Santa Clara, miembros de Movimiento de Jóvenes Humoristas, de los años 80 del siglo pasado.

Reconocido guionista y escritor que ha dedicado toda su vida al humor cubano, desde distintos soportes y profesiones. Entre sus trabajos, destaca el personaje del profesor Pepe Rillo del gustado programa Jura decir la verdad, o como conductor del programa El selecto club de la neurona intranquila, espacio que por muchos años se mantiene en la preferencia del pueblo cubano.

Baudilio se autodenomina fanático del humor negro que detesta el racismo. Defensor del buen humor, con un excelente sentido de la risa, desde el absurdo, atributos que están presentes en la mayoría de sus textos publicados en dedeté y en la revista Bohemia.

En su historial hay mucho recorrido dentro del humor como parte de la Leña, pero también de otros grupos como Oveja Negra y Onondivepa; también como solista en diversos monólogos, y compartiendo escena con su esposa la escritora y actriz Yoanka Navarra.

En la televisión ha sido escritor y actor en diversos programas habituales de humor como Los superhéroes, y los ya mencionados, entre otros. Ha sido merecedor de varios premios Aquelarre, en la modalidad de mejor guion, espectáculo y texto humorístico. Ha escrito varias obras de teatro que aparecen en antologías cubanas y en selecciones de cuentos de humor.

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