Lo que importa es lograr un uso racional y científico de esas modestas aliadas del hombre, partiendo del conocimiento etnomédico tradicional e integrando las evidencias aportadas por la investigación moderna. Autor: Juventud Rebelde Publicado: 21/07/2026 | 02:37 pm
Hay que decir que, con no poca frecuencia y quizás más de lo razonable, se suele pensar que no hay por qué limitar el empleo combinado de estos agentes terapéuticos. Sin embargo, su uso concomitante no estaría recomendado en algunos casos. Depende siempre de la especie vegetal y del medicamento que consume, escrito en singular, aunque bien pueden estar en plural unas y otros.
Sabemos que las plantas medicinales contienen mezclas complejas de sustancias químicas orgánicas que incluyen, entre otros, alcaloides, flavonoides, glicósidos, saponinas, taninos y terpenos, entre otros. Estos principios activos suelen ser responsables de sus efectos biológicos y, en virtud de tales efectos, pueden generarse interacciones con los fármacos convencionales.
Los mecanismos en ello involucrados suelen ser complejos y, a menudo, hay más de uno implicado. Pueden estar relacionados con afectaciones en los procesos de absorción, distribución, metabolismo y excreción, así como con afectaciones en el sitio de acción o de su acción farmacológica.
La mayoría de las interacciones entre plantas y medicamentos que afectan la absorción, lo hacen reduciendo los niveles del fármaco por diferentes mecanismos. En el caso de pacientes con afecciones renales, quienes suelen acumular medicinas que se eliminan por vía renal, podrían acelerar su excreción mediante plantas con propiedades diuréticas o que modifican la acidez urinaria.
Por otro lado, es posible que se generen interacciones farmacodinámicas, las que resultan en efectos aditivos, sinérgicos o antagónicos entre fármacos y plantas con las mismas propiedades farmacológicas. Por ejemplo, especies con propiedades sedantes o hipoglicemiantes podrían incrementar la acción de medicamentos con estos mismos efectos.
Sobre el tema se ha investigado en el mundo, no solo a nivel de laboratorio para determinar los mecanismos exactos de estas interacciones, sino a través de investigaciones de corte farmacoepidemiológico, las que han permitido identificar estos fenómenos en la práctica clínica. Se han generado muchísimos reportes de casos en la literatura científica, algunos para nada banales, lo cual nos obliga a considerar los riesgos.
Algunas de las interacciones más significativas que se han documentado son:
- El consumo de ajo (Allium sativum) y jenjibre (Zingiber officinale) potencian la actividad anticoagulante de la warfarina, alargando el tiempo de protrombina, lo cual podría incrementar el riesgo de sangramiento en pacientes bajo tratamiento con este fármaco. También se ha reportado interacciones con la warfarina en caso de ingestión excesiva del fruto del mango y de té verde.
Existe potenciación del efecto hipotensor del lisinopil por el ajo (Allium sativum) y de la tos por aplicación de una crema de capsaicina, principio activo del ají (Capsicum spp.).
- El tamarindo (Tamarindus indica) puede incrementar la absorción de aspirina.
- Plantas con propiedades sedantes como las pasifloras (Passiflora spp.) potenciarían los efectos de la medicación antiepiléptica. Por otro lado, los estimulantes que contienen cafeína como el café (Coffea arabica) o el té (Camelia sinensis) podrían exacerbar la aparición de crisis al disminuir el umbral convulsivo.
- El fruto del cundeamor (Momordica charantia) tiene propiedades hipoglicemiantes y podría interferir en el control de la glicemia en pacientes diabéticos, por su efecto aditivo con los medicamentos hipoglicemiantes.
- En un estudio con animales de laboratorio se identificó una posible interacción entre el hinojo (Foeniculum vulgare) y el ciprofloxacino, resultando en una disminución de las concentraciones en sangre de este último.
Más allá de sus beneficios, la utilización de las plantas medicinales no es necesariamente segura de manera absoluta. Siempre hay elementos que hay que considerar, pero esto no demerita su valor todavía vigente cuando ya pasamos un cuarto de este siglo XXI.
Lo que importa es lograr un uso racional y científico de esas modestas aliadas del hombre, partiendo del conocimiento etnomédico tradicional e integrando las evidencias aportadas por la investigación moderna. De esta manera, las plantas medicinales seguirán siendo entonces un recurso para nada anacrónico en el cuidado de nuestra salud… ¡desde lo natural!
