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El detalle que transforma una ventana

Las cortinas enmarcan la luz, definen el ambiente y dicen mucho del gusto de quien las elige. Pero hay un pequeño detalle que también puede hacer la diferencia: el prendedor

 

Autor:

Isairis Sosa Hernández

Existe un elemento en la decoración del hogar que pasa casi siempre desapercibido, y sin embargo está a la vista de todos cada vez que entra la luz por una ventana. El prendedor (ese accesorio que recoge y sujeta la cortina a un lado) suele ser una cinta discreta, un gancho de metal o, en el mejor de los casos, algo que simplemente cumple su función sin más pretensión. Pero, ¿y si ese pequeño detalle se convirtiera en un elemento decorativo con carácter propio?

La propuesta más sencilla y con gran impacto visual es un prendedor de cuerda. Una soga gruesa, doblada en bucle y atada en el centro con hilo de yute, sostenida por una varilla de madera natural. El resultado es un accesorio de estética nórdica y artesanal que combina con cortinas de lino, telas neutras o cualquier ventana que pida un toque cálido y natural.

Esta misma familia de prendedores de cuerda admite variantes según el carácter que quieras darle a la ventana. Para un ambiente más rústico, puedes trenzar la cuerda formando un nudo decorativo en el centro y dejar caer, a cada lado, un par de borlas rematadas con cuentas de madera: el efecto es ligero, artesanal, casi de bisutería textil. Si en cambio buscas algo más marinero y con más volumen, una soga de yute gruesa, enrollada sobre sí misma y anudada como un nudo de cabo, le da a la cortina un aire robusto y de casa de playa, sobre todo si se cuelga de un gancho de metal envejecido.

Pero si lo que buscas es personalidad y ternura, los prendedores con forma de animal son una idea que enamoran a primera vista. Dos pececitos de tela a rayas (con un botón como ojo) colgados de un cordón blanco que abraza la cortina: un guiño marinero que funciona de maravilla en cocinas, baños o cuartos infantiles. O un gatito negro de fieltro, con sus patitas extendidas rodeando la tela, su colita enroscada y un lacito azul de raso al cuello: el tipo de detalle que los visitantes notan y comentan inevitablemente.

Otra ave que nunca falla es el búho: tejido a crochet, con las alas extendidas abrazando la tela, ojos grandes en amarillo y blanco moteado de gris; resulta perfecto para un rincón de lectura o un cuarto con aire de bosque. Y para quienes prefieren algo a medio camino entre lo sobrio y lo llamativo, existe una alternativa igual de sencilla: forrar la banda de tela del propio prendedor con una hilera de perlas y cuentas transparentes cosidas al borde. El resultado es un acabado casi de joyería que eleva incluso la cortina más discreta, sin necesidad de cambiar la tela ni el resto de la decoración.

Lo que hace especial a estas propuestas es que se pueden adaptar al animal, al color o al estilo que mejor encaje con cada espacio. Un conejito para el cuarto de una niña, un pez tropical para una sala con decoración caribeña, una mariposa de tela para una ventana luminosa… Las posibilidades son tantas como la imaginación permita.

Y todo esto se logra con lo más sencillo: retazos de tela, un poco de relleno, aguja e hilo para las versiones con forma; cordón, cuentas y un nudo bien hecho para las de cuerda. A veces los cambios más notables en un hogar vienen de los detalles más pequeños.

Recuerda que en Así de Fácil solo te proponemos, la versión final va por ti. Te espero la próxima semana para seguir convirtiendo juntos una simple idea en una gran solución.

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