A los cien años de su nacimiento, sigue siendo complicado situar, clasificar a José Salvador Massip Ysalgué, y su obra versátil. Autor: Tomada de Cubarte Publicado: 03/07/2026 | 06:19 pm
A los cien años de su nacimiento, sigue siendo complicado situar, clasificar a José Salvador Massip Ysalgué, y su obra versátil, en el lugar justo y merecido dentro de la historia cultural cubana. La dificultad para entronizar tan amplia obra nunca proviene de la escasez de argumentos para clasificarla sino de que se trata de un muy largo, fructífero y versátil periplo por el arte, la cultura y la educación de este país y no solo como realizador y guionista, sino también como teórico, maestro, y fundador de instituciones transcendentales.
Con amplia expriencia como ensayista, narrador, crítico de teatro, cine y literatura, Massip se licenció en Filosofía y Letras en la Universidad de La Habana y en Sociología en la Universidad de Harvard, en Estados Unidos. Al concluir sus estudios, regresa a Cuba y trabaja entre 1949 y 1951 en la Oficina del Historiador de la Ciudad de La Habana, cargo que en ese momento ocupaba Emilio Roig de Leuchsenring, con el que colaboró en su libro Ideología de Antonio Maceo; todo lo cual decide la formación humanística de Massip e influye en el resto de su obra.
Y si esta etapa inicial de su obra nunca ha sido demasiado conocida, tampoco se maneja a cabalidad el dato de que Massip se vinculó al cine a través de la crítica mediante textos que se publicaron en las revistas Mella, Última hora y Nuestro Tiempo. Precisamente fue uno de los fundadores de la Sociedad Cultural Nuestro Tiempo, editor de la revista bimensual que publicara la prestigiosa sociedad, y dirigió su Sección de Cine durante un periodo. En Nuestro Tiempo se reunieron numerosos intelectuales que se oponían a la colonización cultural, y al arte banal o populachero, dos posiciones que sostuvo a lo largo de las décadas.
Desde la Sociedad Nuestro Tiempo, Massip se unió al grupo de jóvenes que integraban Tomás Gutiérrez Alea, Julio García-Espinosa, Alfredo Guevara y Jorge Haydú, entre otros, para filmar, en 1955, el documental de denuncia El Mégano, y así accedió al núcleo primiginio de lo que se convertiría en el Instituto Cubano del Arte e Industria Cinematográficos.
Si el Icaic fue resultado de la primera ley cultural aplicada por la Revolución, Massip fue de los pioneros en manifestar sus inquietudes creativas de intelectual orgánico comprometido con el destino de la nación. En 1960 se estrena su documental ¿Por qué nació el Ejército Rebelde?, inspirado tanto en el Programa del Moncada como en las experiencias vividas durante la filmación de El Mégano, y Los tiempos del joven Martí que había comenzado clandestinamente en 1956 y que lo colocaría, desde entonces y para siempre, como uno de los creadores más activamente devotos del pensamiento martiano.
El entusiasmo de los primeros tiempos de la Revolución, y el rigor del intelectual reflexivo que ya era, dieron lugar a una de las experiencias más innovadoras de aquel Icaic recién fundado: El maestro del Cilantro, que materializa, en 1961, un avanzados experimento en cuanto a la conjunción de técnicas documentales y de ficción, porque se trata, cuarenta años antes que Suite Habana, sobre un personaje real que actúa su propia vida, y ese personaje real es Enrique Pineda Barnet, un actor con experiencia, enfrentado a la cotidianidad y a la trascendencia de la lucha contra el subdesarrollo a través de la Campaña de Alfabetización.
Pero tal vez hemos insistido demasiado en la esfera educativa, pedagógica en las realizaciones más visibles de Massip, y hemos reconocido mucho menos al realizador inconforme, revolucionario en la forma y el estilo, al precursor de discursos escénicos y representacionales muy de vanguardia. En una fecha tan temprana como 1962, Massip asume, desde la modalidad performativa, antes que Nosotros, la música, antes que Yo soy del son a la salsa, el que sería el más elogiado de sus documentales: Historia de un ballet (Suite Yoruba) (1962) un tratado de elocuentísimas imágenes sobre transculturación, folclor, africanidad y racialidad.
En lugar de sentarse a disfrutar los estatus del elogio y la coronación, el realizador decidió arriesgarse a incursionar en la ficción, y en 1964, se estrena La decisión, que también se adelanta a los presupuestos del cine imperfecto y le da continuidad al tema racial que recorre buena parte de su filmografía.
Mucho más cerca del cine imperfecto, antecedente directo de Coffea Arabiga, pero sin delirios vanguardistas, en el mismo año 1964, Massip realiza, en el extremo oriental de Cuba, ese descubrimiento que se titula Guantánamo, que no solo ofrecía una singular exploración en la vida cotidiana, espiritual, de las personas que viven en la proximidad de la base naval norteamericana, sino que también enunciaba la historia de la intervención norteamericana y sus efectos.
Massip recurrió nuevamente a su vena de investigador acucioso y emprendió en 1971 otro de sus mejores documentales, bastante subvalorado según mi criterio. Estableció nuevamente un dúo creativo con el historiador Emilio Roig de Leuchsenring, y realizó Páginas del diario de José Martí (1971) epifanía de la voz en off y el docudrama para recomponer en imágenes, de un poder extraordinario, los últimos días de José Martí, porque el documental representa, también, junto con La primera carga al machete (1968) la más completa y compleja apropiación iconográfica de la plástica del siglo XIX a los códigos del séptimo arte.
Para no convertir estas palabras en una relatoría que sacrifique el interés en pos de la mención obligatoria de toda obra importante, debemos resumir. Massip continuó creando, enseñando, aportando. En 1986 volvió a potenciar el valor didáctico del cine a través de la polémica Baraguá (1986) un docudrama que nunca ocultó su voluntad de lección de historia imprescindible; presidió durante varios años la Sección de Cine, Radio y TV de la Uneac y se desempeñó como profesor de la Facultad Arte de los Medios de Comunicación Audiovisuales del Instituto Superior de Arte, una escuela de la cual también fue fundador, además de profesor titular y jefe de la Cátedra de Estética, hoy desaparecida.
En 2012 le fue conferido el Premio Nacional de Cine como reconocimiento a uno de los andares más memorables dentro del cine y la cultura cubanas, particularmente en el ámbito del Instituto Cubano del Arte e Industria Cinematográficos. En 2003, había sido merecedor del Premio Caracol de la Unión de Escritores y Artistas de cuba por la Obra de Toda una Vida dedicada a la cinematografía. Y a pesar de todos estos reconocimientos y premios, seguimos empeñados en celebrar el talento, la seriedad y la entrega de José Massip al arte y el audiovisual cubano, por lo menos en este mes de junio, cuando cumpliría cien años.
