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«¿El humor es cosa de hombres?»

Una reconocida escritora e investigadora, Laidi Fernández de Juan, defensora del humor cubano de todos los tiempos, llega a nuestra cita habitual para hablarnos, desde su conocimiento y experiencia personal, sobre la presencia de la mujer en la complicada intención de hacer reír al público

Autor:

Jorge Alberto Piñero (JAPE)

—Eres una muestra fehaciente de la importancia y el poder que ha alcanzado la voz femenina en todos los ámbitos de la creación artística y de la vida contemporánea. ¿Piensas que, en el humor, que por demás aparece con fuerza en tu obra, la mujer también ha ganado notoriedad?

—En Cuba muchos humoristas ya hacen humor de micrófono, o sea, el llamado Stand up comedy. Tenemos ejemplos como el de Jorge Bacallao, Omar Franco, Otto Ortiz, Doime... También lo hacen algunas mujeres, pero en muy escaso número. A mí me llamó la atención algo que sucedió en un evento internacional sobre el humor, en particular el Stand up comedy, en el que se presentaron muchas mujeres. En los múltiples debates que se generaron, las humoristas manifestaron que les costaba mucho trabajo hacer este tipo de presentación porque los hombres no les prestaban atención. Algunas expusieron que los hombres confesaban que el trabajo humorístico de las mujeres no les daba gracia porque les ponían mayor atención a ellas que a lo que decían. Se fijaban más en su imagen, su belleza, sus ropas… y no se concentraban en el mensaje o situación que la rutina proponía. Una de las participantes hizo un trabajo muy interesante en el que sentenciaba: El humor es masculino.

«Evidentemente el humor es masculino. El hombre se ríe del hombre. El hombre no suele reírse de una mujer. Esa es una batalla que nosotras también vamos a ganar. En la literatura pasa otro tanto. Cuando me pongo a escribir cuentos de humor sé a lo que me estoy enfrentando. Lo sé además porque mis hijos me lo han dicho: “¿Mamá, me preguntaron si eso que escribiste era verdad?”. También es sabido, sobre todo por un ensayo que hizo la escritora y periodista española Rosa Montero, al que titulo La loca de la casa, donde ella dice que —y esto es aplicable también al humor—, cuando una mujer escribe una novela o un cuento en primera persona, todo el mundo deduce que es ella. Que la escritora es la protagonista de esa historia. Sin embargo, cuando un hombre escribe una novela o un cuento, todo el mundo infiere que está hablando de la humanidad. Eso de que se mire con una lupa la propuesta presentada por un artista, les pasa mucho más a las mujeres que a los hombres. Entonces comienzan las preguntas absurdas: ¿Será verdad eso que escribió? ¿Tú fuiste adultera? ¿Y eso, cuándo fue que te pasó? Y yo digo: ¿por qué tengo que ser yo la protagonista de la historia que he narrado? Nadie le ha preguntado a García Márquez si él tuvo una prima que salió volando por las nubes.

«Lo sé porque lo he vivido. Escribo mucho con la voz de un niño y a mis hijos le han preguntado si es verdad que lo mordió un perro, que si un día salimos a tal o más cual lugar… Por eso es obvio que las mujeres se cohíban a la hora de escribir, de hacer humor.

«Quizá en la actuación ocurre menos. Incluso en Cuba hay muy buenas actrices que han hecho humor con grandes resultados. Pienso que cada vez van a surgir más y mejores voces femeninas en el género. Es un fenómeno que está en pleno movimiento. No es nada estático como para decir que tenemos 18 hombres y tres mujeres humoristas. Está en constante movimiento. Antes no había casi mujeres escritoras en Cuba, y de los años 90 para acá hemos tenido una eclosión de narradoras que todavía no cesa. Eso, y esperemos que así sea, va a ocurrir también con el humor.

(Fragmento de la entrevista realizada a Laidi Fernández de Juan en 2014, para el proyecto de la serie audiovisual Vivir y morir de la risa). 

Laidi, gran amiga y escritora

Adelaida (Laidi) Fernández de Juan: Médica, narradora e investigadora, nacida en La Habana, el 3 de mayo de 1961. Hija del conocido poeta Roberto Fernández Retamar y la importante crítica de arte y profesora universitaria Adelaida de Juan; sin embargo, Laidi prefirió estudiar Medicina, graduándose en 1985.

Entre 1989 y 1991, estando en Zambia como médica colaboradora, descubre su interés por contar historias a través de las cartas que escribe a sus padres. De esta experiencia africana nacería su primer volumen de relatos: Dolly y otros cuentos africanos, Premio Pinos Nuevos en 1994. A partir de entonces ha combinado el ejercicio de la Medicina con el quehacer literario, colaborando en diversas publicaciones periódicas e incluyendo sus relatos en antologías publicadas tanto en Cuba como en el extranjero.

Según algunos apuntes en espacios especializados de internet «la narrativa de Laidi Fernández de Juan se caracteriza por el inteligente manejo del humor y la ironía y por reflejar la cotidianidad en la vida de los cubanos. La propia autora ha dicho que no puede evitar el humor y lo asume como estilo. También afirma que leer constituye su mayor fuente de placer y que escribir es una forma de «evitar quedarme con astillas por dentro». Desde 1996 es miembro de la Unión Nacional de Escritores y Artistas de Cuba (Uneac).

La obra de Laidi es extensa y entre otras publicaciones cuenta con volúmenes de cuentos como: Dolly y otros cuentos africanos, Ediciones Unión, 1994, publicado en Canadá en 1996 con prólogo de Keith Ellis y reeditado en 1997 por Ediciones Vigía, Matanzas, con prólogo de Eliseo Diego; Oh vida, Ediciones Unión, 1998, y Uruguay, 2000; La hija de Darío, Ediciones Unión, 2005, y Ediciones Colihue, Argentina; Nadie es profeta, Ediciones Unión, novela, 2006; y La vida tomada de María E, Ediciones Unión, cuento, 2008. En 2013 escribe el volumen de cuentos Sucedió en Copperbelt, que mereciera el Premio Uneac y se publicaría un año después Jugada en G', Ediciones Unión, cuento, 2014. Su cuento Clemencia bajo el sol ha sido llevado al teatro en Cuba e Italia.

Ha sido galardonada con diversas distinciones como: Gran Premio Cecilia Valdés por su cuento Clemencia bajo el sol, 1996; Mención de honor en el Concurso Internacional de Cuento Fernando González de Colombia, Premio en el concurso de cuentos Jiribilla, 1997; Premio Luis Felipe Rodríguez con su libro Oh Vida, 1998; Mención Concurso de Cuentos Julio Cortázar con su cuento El beso, 2004.

Fue merecedora de la Distinción por la Cultura Nacional en el año 2004. Obtuvo el  Premio Alejo Carpentier por su libro de cuentos La hija de Darío, 2005; Premio de cuento Uneac por Sucedió en Copperbelt, 2013; Gran Premio de minicuento El dinosaurio por su texto Naderías de hoy, 2015.

Con muchos otros lauros en su haber, Laidi Fernández de Juan, se ha declarado (y demostrado) profunda defensora del humor y los humoristas cubanos. Su trabajo como investigadora, conferencista y ponente ha estado muy ligado a los eventos teóricos convocados por el Centro Promotor del Humor. Ha fungido en varias ocasiones como jurado del Festival Nacional de Humoristas, Aquelarre, y otras convocatorias.

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