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Estados Unidos contra el mundo

La criminalización de la izquierda —y de todo movimiento o fuerza política considerada por Washington como tal— se suma a la narrativa de la administración Trump, para seguir justificando exclusiones y crímenes. Otro giro en la nomenclatura relacionada con la seguridad nacional de Estados Unidos 

 

Autor:

Marina Menéndez Quintero

WASHINGTON, julio 16.- El discurso inaugural de la «cumbre contra la izquierda» convocada por el jefe del Departamento de Estado estadounidense, Marco Rubio, fue un intento teorizador para justificar la política hegemónica y agresiva de la Casa Blanca hacia el interior del país y hacia el resto del mundo, al acuñar lo que llama la «izquierda radical» como «terrorista».

Ministros de Exteriores y del Interior, diplomáticos y funcionarios de seguridad, entre otros representantes de 66 países de América, Europa y Asia que habían sido previamente invitados asistieron al encuentro, así como altos funcionarios estadounidenses.

Observadores como Telesur consideraron que su presentación discursiva ha sido el anuncio de un nuevo giro en la estrategia de seguridad de la administración, toda vez que el titular de Estado ubicó a lo que llama izquierda radical como una amenaza para la civilización, y vinculó al comunismo, el marxismo y el anarquismo con el terrorismo.

Las amenazas de la represión que se avecina funcionan lo mismo hacia dentro del país que hacia afuera.

En el plano doméstico, Rubio dijo que EE. UU. enfrenta «una nueva ola de este viejo mal», y que los ataques y complots atribuidos a grupos de izquierda han alcanzado niveles no vistos en décadas.

Además, el Secretario de Estado anunció un nuevo paso en la estrategia antiterrorista de Washington al colocar al denominado «terrorismo de extrema izquierda» como uno de los principales objetivos de la política de seguridad estadounidense, añadió el despacho.

Hechos descontextualizados, cifras sin respaldo verificable, acusaciones no demostradas y una retórica que convierte a la izquierda en un enemigo esencialmente violento y ajeno a la civilización fueron manejados en su discurso, describió el sitio Cubadebate, que identifica y desmiente diez de las mentiras pronunciadas por el titular durante su alocución.

Entre tales embustes la publicación cita el intento de presentar a los miembros de lo que en EE.UU. denominan «Antifa» —en alusión a activistas antifascistas— como elementos de redes interconectadas que comparten infraestructura, financiación, entrenamiento, enemigos y una misma misión; la aseveración de que Irán «coordina a los grupos de izquierda de todo el mundo»; y la de que los inmigrantes introducen directamente el terrorismo al país;  además de satanizar a grupos defensores de los derechos civiles en Estados Unidos, como los protagonistas del movimiento Black Lives Matter en 2020, a quienes presenta como ejecutores de actos «que casi pusieron de rodillas al país» y contra los que supuestamente, no se actuó. Que «el 93 por ciento de los atentados en Occidente -entre los años de 1970 y 1980— fue de extrema izquierda»; o intentar responsabilizar a Cuba de haber «construido la extrema izquierda occidental».

Ninguna mención al terrorismo de Estado entronizado y aupado por Estados Unidos contra distintas naciones de América Latina durante tantos años, incluyendo a Cuba.

La actual administración busca adjudicarse otro cheque en blanco para profundizar sus actos represivos hacia adentro y extender su política hegemónica y agresiva hacia el resto del planeta, consideran analistas.

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