Juventud Rebelde - Diario de la Juventud Cubana

La insolencia se desmonta sola

La reciente acusación contra el General de Ejército Raúl Castro Ruz resulta un recurso oportunista y fraudulento, carente de fundamento legal, político y moral, y forma parte de la escalada agresiva de Washington contra la Mayor de las Antillas

Autor:

Raciel Guanche Ledesma

Acusan como todopoderosos, señalan a otros y hablan, deliberadamente, de «terrorismo», «crímenes», «violaciones», cuando el único lenguaje que conocen es el de la guerra y las amenazas. Lo hacen con total desfachatez e inmoralidad.

Hacer de la mentira y el descrédito un arma que incentive nuevas y radicales acciones, incluida la guerra, es algo que las administraciones estadounidenses, sobre todo la actual —muy influenciada por el lobby anticubano de la Florida— saben propagar sin escrúpulos.

Resulta que ese es su modus operandi para manipular, chantajear e imponerse. Lo han hecho por más de un siglo y, con Cuba, llevan 67 años, afilándose los dientes, perfeccionando esa metralla del odio. Por estas semanas buscan y crean pretextos —de todo tipo— contra la Mayor de las Antillas, escalando otro peldaño en su nivel de cinismo.

En las últimas horas, la maniobra más baja, infame y falaz ha llegado con la acusación fraudulenta a un hombre íntegro y de excelsa estatura moral, como el General de Ejército Raúl Castro Ruz, líder de la Revolución Cubana.

Al Gobierno de Estados Unidos en su sed de sangre y afán de subvertir, no le bastan los efectos demoledores de un bloqueo recrudecido —en toda la extensión de la palabra— sobre Cuba; sino que ahora fabrican nuevas mentiras y sacan a relucir hechos de antaño —que ocurrieron en legítima defensa de nuestro país— solo porque, en la práctica, no tienen un solo elemento para señalar a este Archipiélago.

La acusación del Departamento de Justicia de Estados Unidos contra el Líder de la Revolución y otros compañeros se desmonta y cae sola al suelo como castillo de naipes. No se sostiene ni la pueden sostener, ni por un instante.

En esencia es fraudulenta, carece de fundamento legal, político y moral, y forma parte de la escalada agresiva de Washington contra nuestro país, según ha afirmado el viceministro de Relaciones Exteriores, Carlos Fernández de Cossío.

Además, puede interpretarse «como una especie de favor político a una camarilla no representativa de Estados Unidos, ni siquiera representativa de los cubanos que viven en esa nación», pero que posee una influencia desproporcionada debido, dijo, «a la naturaleza corrupta del sistema político de Estados Unidos».

¿Cuántas veces violaron nuestro espacio aéreo?

La actual acusación se sustenta en el derribo de dos avionetas de la organización terrorista Hermanos al Rescate, ocurrido el 24 de febrero de 1996, tras violaciones reiteradas del espacio aéreo cubano.

Sin embargo, está documentado que, previo al hecho, durante los últimos 20 meses 25 naves procedentes del norte surcaron ilegalmente nuestro espacio aéreo, hechos que, en su momento, fueron comunicados por el Gobierno de Cuba a la entonces Sección de Intereses de Estados Unidos en La Habana.

Además, el 15 de enero de 1996, el Gobierno cubano emitió un comunicado público en el que advertía que cualquier aeronave que volara sobre nuestro espacio aéreo, sin autorización, «sería interceptada y, de ser necesario, neutralizada».

Las grabaciones divulgadas por la prensa estadounidense de la época muestran que el Gobierno de ese país monitoreaba de forma total y permanente estas provocaciones y violaciones y, por consiguiente, las toleraba.

El Gobierno cubano llegó incluso, en enero de 1996, a trasladar un mensaje directo al Presidente de Estados Unidos, y hubo constancia de que se recibió, advirtiendo y alertando sobre este peligro.

¿De quién es la responsabilidad?

«Hay que decir, ante todo, que este es un hecho en el que existe una responsabilidad absoluta del Gobierno de Estados Unidos, como señaló en el espacio Mesa Redonda Fernández de Cossío.

«Se sabe que el Gobierno de Estados Unidos, tanto el Departamento de Estado, como el Consejo de Seguridad Nacional y la autoridad de Aviación Civil, conocían que esta incursión iba a ocurrir. Lo conocían incluso desde la noche anterior. Lo conocía la Casa Blanca y no actuó. O sea, hubo complicidad en ese hecho», agregó.

¿Qué dice el derecho internacional?

Para ilustrar el contexto en que se desenvolvieron los hechos, el director de Derecho Internacional del Ministerio de Relaciones Exteriores, Yusnier Romero Puente, citó en el espacio televisivo varios ejemplos concretos que demuestran la sistematicidad y el carácter desafiante de las acciones de Hermanos al Rescate.

Mencionó, por ejemplo, lo sucedido el 13 de julio de 1995, cuando «dos avionetas entraron en zona prohibida al norte de la capital, sobrevolaron La Habana a una altura muy baja y lanzaron propaganda».

Ante este escenario de provocaciones continuas, Romero Puente analizó el caso, a la luz de tres aspectos esenciales del Derecho Internacional, centrándose inicialmente en el primero de ellos: ¿qué establece la normativa internacional acerca del derribo de aeronaves intrusas?

Como tratado rector en la materia está el Convenio de Chicago de 1944, sobre Aviación Civil Internacional. «Los primeros cuatro artículos de la Convención de Chicago son una joya en relación a cómo debiera operar la aviación internacional», afirmó.

Citó de manera precisa el artículo 1, según el cual «los Estados reconocen que cada una de las partes contratantes tienen soberanía exclusiva y absoluta sobre la zona aérea que abarca su territorio».

De igual modo, aclaró que el artículo 2 define el territorio como «la extensión terrestre y las aguas territoriales adyacentes a ellas», que para el Derecho Internacional —precisó— son «dos millas náuticas a partir de las líneas de base de la Isla de la República de Cuba».

Sobre el artículo 4 de dicho convenio, aseveró que regula «de manera muy clara que los Estados deben impedir el uso de la aviación civil internacional para fines incompatibles con la seguridad y la paz internacional».

Con estos argumentos, Romero Puente sentó las bases jurídicas que no solo condenan las acciones de Hermanos al Rescate, sino que también legitiman el derecho del Estado cubano a defender su soberanía e integridad territorial frente a violaciones deliberadas y reiteradas.

«No vamos a poder identificar en la Convención de Chicago de 1944 ninguna conducta que hable de que el Estado cubano —de alguna forma— violó el Derecho Internacional», agregó.

Sin duda, la acción de nuestro país en ese momento fue en defensa de su soberanía y de la paz. Cuba ejerció, con una gran demostración de paciencia y tolerancia durante años, el derecho a proteger su espacio aéreo y la paz del pueblo.

Son hechos que conducen, inevitablemente, a una afirmación hecha por la propia jueza Joan Lenard, quien sentenció a los Cinco Héroes cubanos: «Yo no puedo imaginar que alguien pudiera volar sobre Washington o, según el caso, un avión de Cuba pudiera volar sobre Miami sin que eso creara un problema».

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