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«Nos divertíamos mucho en la escena»

Moisés Rodríguez, el popular y reconocido actor humorístico y profesor universitario —entre otros disímiles oficios—, habla de la importancia del humor como esencia y proyección integral de nuestras vidas, desde su experiencia personal con su querido grupo La Seña del Humor de Matanzas y su posterior trabajo con el Centro Promotor del Humor

Autor:

Jorge Alberto Piñero (JAPE)

—¿Cómo ve Moisés Rodríguez el humor a partir de su experiencia de vida?

—Para mí el humor es algo abarcador e integral que condiciona la vida. Te explico: Mi mayor experiencia, como todos saben, viene de mi trabajo con el grupo La Seña del Humor de Matanzas. Un grupo nacido en una provincia y ya es sabido que a veces, lejos de la capital, es difícil imponer el talento. Nuestro grupo estaba compuesto por personas de mucho nivel, en diferentes ramas o profesiones. Teníamos músicos de la orquesta sinfónica de Matanzas, licenciados, escritores, críticos de cine, un profesor de la escuela de diseño… y todo eso lo integrábamos y lo utilizábamos como recursos expresivos a la hora de hacer humor. Como un lenguaje único. No era que la literatura estuviera por un lado, el trabajo escénico por otro, el diseño más allá, la música por su parte…  No, cada cosa tenía su protagonismo y, a la vez, era parte de un todo. No obstante, creo que además de la profesionalidad y el sentido integrador que le inyectábamos a nuestro trabajo, estaba también el sentido lúdico que siempre llevábamos a la escena, o sea, con un sentido de juego. Jugábamos a ser actores, aunque no lo fuéramos, y jugábamos a hacer teatro, aunque no supiéramos mucho de teatro.   

«Pienso que esta forma de hacer humor, que se extendió al Movimiento de Jóvenes Humoristas de los años ochenta, fue distintiva en todos los casos. Era evidente en los festivales y presentaciones que coincidíamos a lo largo del país, que entonces eran muy habituales: Nos divertíamos mucho en la escena y esto le llegaba al público. Interactuábamos con el público de una manera muy satisfactoria. Jugábamos, experimentábamos, desmontábamos todas las técnicas existentes, respetando la esencia del teatro y a los grandes teóricos del género. Lográbamos un alto nivel de comunicación con el público y también entre todos nosotros, los humoristas de aquel gremio, que luego reunió, de manera eficaz, el Centro Promotor del Humor. Era un fenómeno contagioso, y ojalá se mantuviera, porque se lograba que el espectáculo fuera mucho más completo, con un trabajo de guion muy profundo y elaborado.

«Lo más interesante es que ese proceso en el humor no solo se vivía en las tablas, también se veía en la gráfica, en el propio dedeté. El escritor Héctor Zumbado aparecía con textos geniales, a tal punto, que hoy en día los están reeditando y mantienen una vigencia asombrosa. Que, dicho sea de paso, los textos llevados a escena no eran regionalistas, tenían una proyección más universal. Funcionaron en aquella época y siguen funcionando ahora mismo. En el pasado Aquelarre se presentó un espectáculo que llamamos Érase una vez el humor, con textos de aquella época de la génesis del Centro, quizá, un poco actualizados o enriquecidos, pero en esencia el mismo guion, y funcionaron muy bien. Esto se lograba porque ese humor se basaba en los fenómenos más generales y apuntaban a la identidad del ser humano. Con referentes culturales más universales, pero desde una proyección local, porque respondemos a una forma de ser y a una idiosincrasia cubana. No podíamos negarlo, nos salía tal como éramos y sin prejuicios estéticos de ningún tipo.

(Fragmento de la entrevista realizada a Moisés Rodríguez en 2014, para el proyecto de la serie audiovisual Vivir y morir de la risa).

Moisés o Roberto, una vida y una obra increíbles

Moisés Rodríguez Cabrera es Licenciado en Pedagogía, Mención en Literatura. En la Universidad extendió su fama de cómico a todas las Facultades. Sus historias son increíbles y, aunque no aparecen en ningún lugar en internet, su amigo y hermano José (Pepe) Pelayo, nos ha ayudado a conformar este pequeño currículo de Moisés, también conocido por Roberto.

«Lo conocí en la Enseñanza Media, en los años 60. Enseguida tuvimos química y nos hicimos amigos. Recuerdo que lo miraba con admiración porque era todo un personaje entre nosotros. No se distinguía por respetar normas, no sentía pudor por cantar sus graciosas canciones donde quiera, en voz bien alta y actuada. Inventaba historias y las contaba, como si fueran anécdotas vividas pocas horas antes. En cierto momento, creamos el espacio del chiste y en cada recreo nos juntábamos un grupo, en una esquina del patio, a contarlos. Nos esforzábamos por aprender chistes nuevos, en el resto del día, para poder decirlos en esos recreos. Ahí, Moisés era el Rey y el Bufón.

«Después pasamos por el preuniversitario y él reforzó mucho su imagen de cómico original e ingenioso. Un día de 1982 nos juntamos a divertirnos, sin pensar en nada más; es decir, sin proyecciones como humoristas profesionales, y alrededor de un piano tocado por Aramís Quintero, con las canciones características de Moisés y mis humildes aportes, fundamos el grupo Nosotros (desconocíamos que en La Habana había un grupo de humor literario que se nombraba Nos y Otros. Con el tiempo, cuando incursionaron en el teatro, nos hicimos amigos). Nosotros no llegó a debutar. Sin embargo, fue el antecedente del grupo Tubería de Media Pulgada, de humor literario y gráfico, en 1983.

«Al año de publicar una página completa dominical en el Suplemento Yumurí del Diario Girón de Matanzas, Moisés, Aramís y yo, más un grupo numerosos de colegas, fundamos La Seña del Humor. Al poco tiempo, el grupo se achicó, se consolidó y se hizo reconocido de manera nacional. Moisés siempre fue el hombre con más vis cómica de todos nosotros. Salía a escena, y sin hacer nada, la gente comenzaba a reír a carcajadas. No exagero. La Seña del Humor de Matanzas hizo historia en el humor cubano. Pero, se fue desangrando con la salida del país de la mayoría de sus miembros, hasta que Moisés quedó solo y tuvo que hacer (y hace) lo inimaginable para que el legado del grupo no se perdiera. A partir de ahí, desarrolló una tremenda carrera como solista, sobre todo en televisión y radio».

Foto: JAPE

En su larga trayectoria por la vida profesional, que incluye el teatro, el magisterio, la crítica, las artes plásticas… entre otras disciplinas, Moisés Rodríguez Cabrera ha tenido múltiples experiencias, en las cuales, a pesar de su carácter jovial y la proyección casi caótica de su imagen, se ha impuesto su profunda sensibilidad y respeto hacia el público y el prójimo, valga la redundancia. Sobre la manera de asumir cada reto, Moisés ha comentado:

«Siempre se ha impuesto el profesionalismo, incluso de manera inconsciente. Cosa curiosa: en el ámbito docente me llamaban “el humorista” y entre los humoristas me llamaban “el profesor”. Por supuesto, que de esta doble condición tengo todo un arsenal de anécdotas divertidas, y quizá algún momento desafortunado.

«El humor, como forma de pensamiento, es un factor de identidad que me distingue, y resulta ser que me pagan por hacer eso. Le agradezco a Dios que me haya dado ese don, que escasea tanto, y que me ha abierto tantas puertas… Aunque nunca me lo propuse, y a pesar de los premios y distinciones que me han otorgado, lo que más aprecio, lo que más me satisface, es que a cada paso que doy, recibo el cariño, respeto y admiración de las más disímiles personas, de todos los sectores de la población. Ese es mi mayor orgullo».

Moisés Rodríguez, luego de muchos años siendo parte importante del reconocido grupo La Seña del Humor de Matanzas, continuó su carrera actoral como parte de diversos proyectos, con otros colegas, en aras de perpetuar la esencia de La Seña… sin mejores resultados.

Junto al humorista Lázaro Hernández, crea el dúo Los Robertos, a partir de un personaje que ya había probado en La Seña, y rápidamente ganan gran popularidad en programas de la televisión como La noche favorita, El expreso…, entre otros. Desde entonces, Roberto pasó a ser su nombre de pila para toda la afición cubana. En 2024, recibe el Premio Nacional de Humor, que muchos consideraban había ganado desde hacía mucho tiempo.

Sobre este gran hombre, su más cercano colega, cofrade y confidente, José Pelayo, ha dicho: «Moisés Rodríguez es uno de los artistas cubanos más queridos por su pueblo. Y no solo por su calidad humorística, sino porque nunca perdió su humildad, su sensibilidad, su sencillez y calidez humana. No exagero».

Nota: Algunos apuntes de este resumen han sido tomados de una entrevista realizada a Moisés Rodríguez, por José Pelayo, en la sección Vis a vis, de la página web humorapiens.com

 

 

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