La disputa de las tres cuartas partes de los partidos del Mundial de Fútbol 2026 en territorio estadounidense no deja de preocupar a los aficionados al balompié. Autor: Getty Images Publicado: 21/05/2026 | 11:34 am
Si bien la Federación Internacional de Fútbol (FIFA) ha presentado la venidera Copa del Mundo 2026 como el mayor evento deportivo de la historia, las previsiones de la magna cita balompédica en cuanto a desplazamiento de los aficionados, el aforo de los estadios y el repunte del sector turístico se han quedado hasta la fecha bien por debajo a lo vaticinado hace unos meses por el presidente de la FIFA, Gianni Infantino. Este panorama poco halagüeño se ha acrecentado en medio de la convulsa realidad sociopolítica imperante en Estados Unidos desde el inicio de la segunda administración de Trump, nación que acogerá 78 de los 104 partidos de la Copa Mundial en esta edición tripartita organizada también por México y Canadá.
Ciertamente, de los potenciales millones de fanáticos con perspectivas de visitar territorio estadounidense una vez que se develaron en diciembre de 2025 las sedes competitivas de la fase de grupo del Mundial, una buena parte de ellos se han visto cohibidos a asumir los riesgos políticos que implican permanecer en Estados Unidos durante la fecha en la que se extenderá la competencia entre el 11 de junio y el 19 de julio. Según han manifestado más de un centenar de asociaciones estadounidenses defensoras de los derechos civiles —incluyendo a la prestigiosa American Civil Liberties Union—, los visitantes extranjeros no estarán exentos de los atropellos que comente Washington contra sus propios residentes como los controles de los dispositivos electrónicos, la infiltración en los perfiles de redes sociales, o amenazas de arresto y deportación.
Más allá de la intención de los aficionados de acompañar a sus selecciones nacionales en los partidos de la Copa del Mundo, muchos de ellos se enfrentan al veto de la administración Trump del derecho de entrada al territorio estadounidense de ciudadanos de 75 países, incluyendo a naciones clasificadas a la fase final del torneo balompédico como Haití, Senegal, Costa de Marfil y la República Islámica de Irán que provienen de tres confederaciones futbolísticas de Asia, de África y de Norte, Centroamérica y el Caribe.
Aunque se le habían prometido a las 11 ciudades estadounidenses que acogerán la Copa del Mundo —Atlanta, Boston, Dallas, Houston, Kansas City, Los Angeles, Miami, New York, New Jersey, Philadelphia, San Francisco y Seattle— que el torneo mundial balompédico iba a disparar el aflujo de turistas y la demanda de hospedaje durante la etapa estival, los niveles de reserva se mantienen aun por debajo del correspondiente al pasado año según declaró Rosanna Maietta presidenta y directora ejecutiva de la Asociación Estadounidense de Hoteles y Alojamiento (AHLA). En efecto, tras una encuesta lanzada por la AHLA en la que participaron desde cadenas hoteleras hasta negocios independientes de arrendamiento, algunos establecimientos situados a menos de un kilómetro de las instalaciones deportivas no alcanzarían el 45 por ciento de ocupación, a menos que una demanda inusitada de última hora revierta esta tendencia.
Además del ambiente geopolítico que cohíbe el aflujo de visitantes foráneos durante los días de la Copa del Mundo, también han generado un profundo disgusto entre los aficionados al balompié los mecanismos opacos y altamente lucrativos que la FIFA ha implementado para la venta de los tickets en los estadios para presenciar los partidos. Según el denominado sistema de «tarificación dinámica», los precios de las entradas pueden incrementarse dependiendo de la dinámica, tal y como ha ocurrido con los tickets para el partido final, cuya entrada de menor precio se cotiza en 4 185 dólares, es decir siete veces superior a lo que costó un asiento en la final disputada en Doha en el Mundial de 2022. Estos niveles de abuso de la posición monopólica de la FIFA a la hora de poner en venta los precios de taquilla para la Copa del Mundo 2026 han sido denunciados ante la Comisión Europea por la Football Supporters Europe que representa a las 42 naciones adscritas a la Unión de Asociaciones Europeas de Fútbol (UEFA).
El afán de lucro y mercantilización de la FIFA —ya ostensibles desde la presidencia de João Havelange entre 1974 y 1998— ha alcanzado cotas impensables en esta edición de la Copa Mundial, al punto que el máximo ente balompédico instrumentó una plataforma para la reventa de los ya onerosos tickets del Mundial de México, Estados Unidos y Canadá 2026, en la que la FIFA recibe una «comisión» del 15 por ciento tanto del vendedor de las entradas como de los potenciales compradores. Así, un asiento valorado en 7 875 dólares ubicado en el sector categoría I del estadio pudiera sobrepasar los veinte mil dólares para su hipotético beneficiario. Incluso está previsto el cobro de entradas en determinadas fans zones ubicadas en las ciudades receptoras del evento deportivo, algo inédito en lides mundialistas.
Sin desconocer el impacto mediático del venidero Mundial de Fútbol —en términos de audiencia solamente equiparable a los Juegos Olímpicos—, su impacto geopolítico y económico no deja de ser una afrenta a la comunidad balompédica planetaria. Cada vez más lastrado por la comercialización a ultranza y la saturación del calendario competitivo, el fútbol internacional anhela aires de humanización para beneficio de practicantes y aficionados.
