Ernesto y Leticia han enseñado al mundo cómo en Cuba los jóvenes también hacen ciencia. Autor: Oscar Alfonso Sosa Publicado: 02/05/2026 | 11:48 pm
SANCTI SPÍRITUS. — Parecen peces en el agua, sentados en las altas banquetas, entre pipetas, tubos de ensayo, microscopios. Hablan entre sí sobre mezclas de líquidos, como si se tratara del último hit-parade. Han estado muchas horas en el discreto laboratorio, tanto que parece su casa.
«Agradecemos mucho a las personas que nos han ayudado. En el caso de las prácticas, a Yelenny Machín, especialista del Centro de Estudios de Energía y Procesos Industriales, de la Universidad de Sancti Spíritus José Martí, y mamá de un compañero de preparación; y, en La Habana a los profesores de la Facultad de Química. Por supuesto, a nuestro mentor Gerardo Ojeda, quien vino para acá a prepararnos, y a Orestes Landrove, quien, junto con Gerardo, nos acompañaron en esta competencia», aclara Leticia María Merlo Alfonso, quien cuelga en su pecho la medalla de bronce de la edición 60 de la Olimpiada Internacional de Química Mendeleev (IMChO-60), Rusia 2026.
A su lado, Ernesto Alejandro Barrera Ramírez, el otro espirituano con el título fresco por haber culminado su 12mo. grado e igual reconocimiento, se suma a la gratitud. Desde que cursaba 8vo. grado, sabe muy bien cuánto significa buscar la fórmula más exacta para volver a casa, tras subir al podio en certámenes nacionales e internacionales.
«Había tenido la experiencia de ir a esa misma Olimpiada el año pasado. Las pruebas, tanto prácticas como teóricas mantienen el grado de dificultad en cada edición —explica—. En esta oportunidad, mejoré en las tres que se realizan. Eso evidencia que el entrenamiento resultó efectivo. Ahora toca seguir creciendo».
Lo confirman las medallas bronceadas que muestran con una humildad aplastante. En el caso de Ernesto ya suman tres internacionales y cuatro nacionales. Mientras que Lety, dos en ambos niveles.
Ellos son motivo de orgullo, no solo para sus compañeros de clase, profesores, preparadores y la familia, sino también para los espirituanos en general. Porque, si bien estos hijos de tierra yayabera no han roto records, sí tienen buenos averages.
«No fue fácil. Pero, cada obstáculo nos preparó para lo que pudiéramos enfrentar en Rusia. Estudiar con apagón resultó duro, un gran reto, y lo asumimos; no hay otra opción.
«Llegué a Rusia muy nerviosa porque es la competencia de Química más difícil. Sin embargo, tenía mucha confianza de que las cosas nos iban a salir bien. No podía ser diferente. Detrás dejábamos a muchas personas que se habían sacrificado al máximo por nosotros. Teníamos que hacerlo bien», alega la jovencita, mientras toca levemente el dije de su cadena en forma de molécula.

Leticia María Merlo Alfonso mereció medalla de bronce en la edición 60 de la Olimpiada Internacional de Química Mendeleev, Rusia. Foto: Oscar Alfonso/ACN
Detrás de las medallas
Si hay alguien que conoce bien a ambos espirituanos formados en el Instituto Preuniversitario Vocacional de Ciencias Exactas Eusebio Olivera es Agustín Plasencia Calero, quien guía, sin poner pie fuera de las fronteras provinciales, cerca de un centenar de medallas en certámenes nacionales y 26 a nivel internacional.
«El secreto para obtener esos resultados es amar a los muchachos desde que llegan a nosotros y, también, aprender a perdonarlos cuando se equivocan, porque, son muy jóvenes y errar es parte de su crecimiento y desarrollo. Pero, no son malos por eso; es parte del proceso. Y han aprendido muy bien. Los llevo eternamente en el corazón». De esa entrega desmedida hablan, incluso, las familias de las muchas generaciones que ha preparado.

El profesor espirituano Agustín Plasencia Calero es uno de los elementos esenciales de la fórmula exitosa de los estudiantes yayaberos. Foto: Oscar Alfonso Sosa
«Hay una frase muy bonita que dice que la Química es la magia explicada con ciencia —alega Ernesto—. Eso fue lo que me cautivó. Cuando el profe Agustín me tomó de su mano nunca había dado esa asignatura y él me hizo sentir eso. Transmite magia. Embauca con sus palabras. Hace que todo sea fácil y fluya».
También son testigos y soportes de ese amor desmedido por la Química, tanto de Ernesto como de Leticia, sus familias, el otro elemento esencial de esos altos resultados. Ellos, adolescentes al fin, han dejado a un lado más de una fiesta o paseo, para sumergirse en un mundo que los sorprende con sus muchos hallazgos.
«Tienen la mejor bibliografía del mundo en sus celulares —enfatiza Plasencia Calero—. La tecnología no la usan para jugar, sino estudiar».
Las muchas jornadas de preparación, y el haber aprendido que no hay impedimentos abrumadores, son sus boletos seguros para comenzar otro de sus sueños: matricular en la carrera de Química. Mientras llega ese día, ambos rememoran sus más recientes experiencias en Rusia, y no deponen sus intercambios con el resto de espirituanos que se alistan para las venideras competiciones.
—Lety, la Ministra de Educación compartió un video de la Gala de Premiación de la IMChO-60, donde Ernesto y tú se abrazan arropados con la bandera cubana ¿Qué se dijeron?
—Fue muy gracioso, y deja escapar una carcajada—. En las otras competencias internacionales a las que habíamos asistido, habían llamado de la menor nota a la mayor y, en Rusia fue al revés. Me llaman. Subí y tomé la bandera. «Pero, no entendía por qué Ernesto no era mencionado. Sentí muchas ganas de llorar. Entonces— escucho su nombre. Cuando lo tengo delante, nos abrazamos con mucha felicidad y le pregunté si estaba asustado por lo ocurrido».

Ernesto Alejandro Barrera Ramírez ya suma a su haber tres medallas de bronces internacionales y cuatro nacionales. Foto: Oscar Alfonso/ACN
Ernesto Alejandro también dibuja una ligera sonrisa. Regresa al momento exacto en que las ovaciones rompen al dejar escapar el vocablo Cuba. Ambos se ubicaron entre las mejores notas de Iberoamérica.
«Aunque Cuba está en el mapa del mundo, quizá no siempre se nos valora en su justa dimensión. Pero, en el ámbito de las Olimpiadas científicas, nos hemos ganado el respeto por el trabajo de nuestros profesores y los muchos estudiantes que han subido a los podios. Los organizadores del certamen nos mostraron mucho cariño porque conocen en las condiciones que nos preparamos.
«Realmente es extraordinario representar a nuestro país, su gente. Desde aquí he luchado por un sueño. Estoy contento y es muy bonito que la gente se enorgullezca por nuestros resultados».
—¿Se consideran cracks?
—Tengo tantas cosas que aprender, que me falta mucho para llegar ahí, —respondió Leticia.
—La química es tan amplia que no sé si un día pueda considerarme un crack. Lo único que tengo claro es que, por esa propia característica, tendré siempre mucha curiosidad, por lo que seguiré ahondando en ella, aprendiendo todos los días en el laboratorio, los libros… En fin, continuaré estudiando, concluyó Ernesto.
