Una de cada tres personas somatiza sus traumas emocionales a través de rechazo a sustancias o materiales, incluido el semen o el contacto corporal
Exergo: El autocuidado es un acto de amor propio.
Consejo de Sicología popular
Al menos una de cada tres personas en el mundo padece algún tipo de alergias alimentarias o cutáneas, o vive episodios de rinitis, asma u otros trastornos respiratorios por rechazo a determinados olores o situaciones externas.
Los estudios demuestran que, antes de la pubertad, los varones son más propensos a estos padecimientos, pero luego la prevalencia es mayor en mujeres, y, en no pocos casos, son respuestas a traumas emocionales que se somatizan de manera inconsciente.
Aunque suene extraño, a veces, esas molestias se disparan al iniciar la vida sexual activa. De las causas estudiadas, la más común es el rechazo al látex u otros materiales empleados en juguetes sexuales preservativos, lubricantes o dispositivos intrauterinos, y la más inusual es el síndrome de enfermedad pos orgásmica (SEPO), que puede aparecer en la mujer, entre unos segundos y unas horas después de la eyaculación, con síntomas de alergia externa o similares a una gripe, como picazón en los ojos, congestión nasal, dolor de cabeza y fatiga.
En cuanto a la llamada hipersensibilidad al plasma seminal, puede ocurrir con hombres específicos o con cualquier pareja. Cuando es muy fuerte, la paciente puede experimentar dificultades respiratorias y anafilaxia, pero nunca es causa directa de infertilidad.
Sin embargo, antes de pensar en alergias asociadas al sexo, es importante descartar otras causas de fácil solución, como la falta de lubricación o excitación durante el coito, el uso de perfumes, cremas o jabones irritantes y el efecto secundario de algún tratamiento con anticonceptivos o antidepresivos. Incluso, el tinte o la textura de la ropa interior y las toallitas limpiadoras pueden provocar irritación, sin que se trate de un problema permanente.
También se impone descartar cambios hormonales propios de la etapa posparto o el climaterio, una enfermedad crónica como diabetes o eccema, u otros cambios en el pH vaginal por alteración en el agua empleada en el aseo.
Si la picazón dura varios días, tras tener relaciones sexuales, es necesario hacer pruebas para diferenciar si se trata de una reacción ante un alérgeno o de una infección de transmisión sexual (ITS), porque no llevan el mismo cuidado.
Con la alergia, las señales suelen aparecer en la primera hora tras el acto sexual, pero, a veces tardan horas o días, como en las infecciones, lo cual dificulta el diagnóstico a simple vista.
En cuanto a la alergia al semen, por lo general la vagina y la ingle son las áreas más afectadas, y a veces se refleja en otras zonas del cuerpo. De cualquier modo, esta situación dificulta la vida sexual y, sobre todo el proyecto reproductivo de la pareja.
Todo indica que el desencadenante principal son las proteínas que produce la próstata para sostener a los espermatozoides en su recorrido, y también pueden influir algunas sustancias químicas que provienen de alimentos, bebidas o medicamentos ingeridos por el hombre.
Se conoce, además que, al menos, la mitad de las mujeres con esta patología padecen con frecuencia de rinitis o reaccionan mal a frutos secos u otros alimentos. Si el desencadenante emocional es muy fuerte les provoca taquicardia, sudoración, hormigueo y enrojecimiento en la piel.
Aunque resulte incómodo hablar del tema con un médico, es posible paliar los efectos de la alergia, sin renunciar a un ejercicio de la sexualidad pleno y responsable. El mejor tratamiento suele ser integrador, con terapias sicológicas, medicamentos personalizados y cambios en el estilo de vida que te hagan más conscientes de los límites y cómo manejarlos.
Si sospechas que algo en tus relaciones te provoca alergias, valora las siguientes medidas:
Según los presupuestos de la Biodescodificación, una alergia es una respuesta sobreactivada del sistema inmunitario a un antígeno exterior, que para la mayoría de la gente no es peligrosa. El cuerpo da señales de hostilidad hacia una persona o situación que intentas rechazar, ocultar o ignorar y se traslada hacia otro estímulo simbólico.
No es algo racional, sino instintivo; una respuesta a cierto «enemigo», cuyo supuesto poder te amenaza. Esa sensación te vuelve intolerante, te impide vivir a plenitud, discernir, elegir, tomar el lugar que te toca. La alergia es un modo de atraer atención o simpatía en la lucha inconsciente por amor.
La hipersensibilidad de los sentidos (sobre todo olfato y tacto) aparece frecuentemente después de un trauma. Cada situación que te recuerde ese acontecimiento, desencadena el rechazo del cuerpo según se trate de angustia (resfriados), miedo (dificultad para respirar) o separación (eczema, urticaria, dermitis). La alergia a un alimento suele aparecer por la frustración de decir no a algo que te gustaba.
Las técnicas de programación neurolingüística te colocan en el camino hacia la desensibilización ante esos estímulos internos y externos. La mente funciona con metáforas o esquemas que es necesario hacer consciente para llegar a la base de la alergia, recordar el origen de ese malestar, integrarlo y recuperar paz interior. ¿Qué evito afrontar? ¿Qué me hace reaccionar con espanto? ¿De qué desconfío al punto de mantenerlo apartado de mi entorno? Las respuestas son la mitad del camino.

Apego y amor son sentimientos diferentes. Obra de Irina Karkabi.
Amigos de Senti2Cuba nos invitan a distinguir nuestras emociones afectuosas. El amigo Alain nos comparte un nuevo mensaje asertivo que circula en las redes, para invitarnos a distinguir nuestras emociones afectuosas y actuar con madurez ante cada circunstancia.
Muchas veces confundimos el amor con el apego. Creemos que amar es necesitar. Que cuidar es controlar. Que acompañar es cargar con todo. Pero el amor más sano nunca nace del miedo a perder. Nace de la libertad. De saber que puedes compartir profundamente tu vida con alguien, sin dejar de pertenecerte.
Porque cuando una relación necesita controlar para sostenerse, deja de ser un espacio de paz. La verdadera cercanía no aprisiona. No exige. No obliga. Permite que ambos sigan creciendo, respirando y eligiéndose cada día.
Quizá el amor más profundo no sea el que retiene. Sino el que crea un lugar donde ambos son libres de quedarse.