Un Mallorca en fase de preparación para afrontar el infierno de segunda división venció a todo un bicampeón de UEFA Champions League en uno de los juegos de preparación más llamativos de todo el verano Autor: RPP Publicado: 06/08/2026 | 02:07 pm
Hay noches en que el fútbol decide escribir su propia poesía, esa que ningún guionista se atrevería a firmar porque resulta demasiado inverosímil. La del 5 de agosto de 2026 fue una de esas. Dos equipos españoles que no figuran en las quinielas de los elegidos, dos conjuntos de barro y oficio, derribaron en el mismo atardecer a los dos gigantes que hace apenas dos meses se disputaron la corona de Europa.
El Mallorca, recién descendido al infierno de Segunda, enfrentó al PSG bicampeón de la Champions. Y el Betis, que vuelve a la máxima competición continental después de 21 años de ausencia, cruzó el mar hasta Dublín para plantar cara al Arsenal, vigente campeón de la Premier y subcampeón de Europa. La realeza visitó la periferia, y la periferia no solo resistió: goleó.
En Mallorca, el milagro tuvo nombre propio y minuto exacto. Zito Luvumbo abrió la lata al 21' con un disparo desde ángulo cerrado que dejó helado a Safonov. El propio Jan Virgili, asistente en el primero, firmó el segundo antes del descanso con una vaselina de museo tras una recuperación de Sergi Darder. Y Antonio Raíllo, el capitán de los bermellones, puso la guinda con un cabezazo tras córner al 51'. 3-0 ante el equipo que ha levantado dos Copas de Europa consecutivas, ante Kvaratskhelia y Fabián Ruiz, ante un monstruo de 1 200 millones de euros en plantilla. El PSG, eso sí, llegó mermado por las vacaciones de sus mundialistas, con un once plagado de juveniles y alternativos. Pero el fútbol no cuenta esas historias. Solo cuenta el marcador.
Mientras en Baleares se consumaba la gesta, en el Aviva Stadium de Dublín se escribía otra página de la misma epopeya. El Betis de Pellegrini no necesitó más de 45 minutos para desmontar al Arsenal de Arteta. Rodrigo Riquelme abrió la cuenta a la salida de un córner. Nelson Deossa, reconvertido en delantero centro por la pizarra del chileno, firmó un zapatazo desde lejos que merecía un cuadro. El ecuatoriano Piero Hincapié recortó distancias para los gunners, pero Pablo Fornals, con un disparo de precisión desde la frontal, devolvió la ventaja de dos goles antes del descanso. 1-3 y el Arsenal, el mismo que la semana anterior había goleado 4-1 al Girona, salió del césped con el traje arrugado y el orgullo por los suelos.
Dos derrotas, dos golpes, dos lecciones. El PSG y el Arsenal jugaron con plantillas diezmadas, con ausencias que pesan como losas —los mundialistas aún de vacaciones, los titulares en fase de rodaje—, pero la excusa no empaña el espejo. El Mallorca y el Betis, con menos presupuesto y más hambre, les recordaron que el fútbol no se juega en los balances ni en las vitrinas. Se juega en el césped, con el corazón y con las piernas. Porque cuando el barro se encuentra con la realeza, no siempre gana el que tiene corona. A veces, gana el que tiene más sed.
