Algunos campesinos de la Sierra decían que Fidel era cagüeyro, porque el enemigo nunca lograba atraparlo a pesar de ser siempre el primero en los combates Autor: Cortesía del Centro Fidel Castro Ruz Publicado: 06/08/2026 | 02:49 pm
Un testimonio de la combatiente Celia Sánchez Manduley, conservado en la Oficina de Asuntos Históricos, refiere que algunos campesinos de la Sierra decían que Fidel era cagüeyro, porque el enemigo nunca lograba atraparlo a pesar de ser siempre el primero en los combates. En medio de la mitología popular cubana, los cagüeyros son quienes se convierten en animales mediante la oración de la Santa Camisa, con una prenda de ese tipo siempre puesta al revés, y ello permitía que la persona lograse invisibilizarse para quienes lo perseguían.
La leyenda de Fidel crecía entre los habitantes que, asombrados de su capacidad, inteligencia, movimiento ágil en aquellas rebeldes montañas, estaban deslumbrados. Y es que Fidel, más allá de leyendas populares, siempre fue así para sus enemigos: incapturable. Y las pocas veces que fue capturado (dígase tras los hechos del Moncada, o en el exilio en México, por ejemplo), siempre supo salir airoso ante el enemigo y regresar al combate.
El Comandante en Jefe, en varias oportunidades, habló del azar en el hecho de que él pudiese sobrevivir en tantos años de lucha, pero a ello hay que sumar algo que él también tenía muy en cuenta y que agradeció toda su vida: las personas que lo cuidaron y el propio pueblo.
Una de esas veces en que Fidel fue capturado fue el 1ro. de agosto de 1953, tras las acciones del 26 de julio, cuando con un pequeño grupo se internó en las montañas para tratar de continuar la lucha. Sin embargo, la inexperiencia y puesto que las condiciones tampoco fueron las ideales en ese momento, fue capturado junto a los pocos que lograron sobrevivir a los rigores de seis días por aquellos parajes.
Fue el teniente Pedro Sarría Tartabull quien los encontró en aquel varaentierra, y quien, además, le salvó la vida ante la furia de sus soldados que querían rápidamente disparar. Las palabras de Sarría, quien ya había identificado que uno de aquellos jóvenes era Fidel, son lección martiana que trascendieron en nuestra historia: «Las ideas no se matan, las ideas no se matan». Bien claro estaba aquel hombre que luego estaría acompañando el triunfo de la Revolución: Fidel es una idea, un pensamiento.
Luego de aquella amarga experiencia para el joven revolucionario, y luego de ser apresado en México y ver en peligro la preparación de la expedición a Cuba, estuvo consciente de que nunca más lo capturarían, al menos no vivo. Por eso en Alegría de Pío, tras la dispersión, ha contado que estuvo acostado esperando con el cañón de su fusil listo apuntando debajo de la barbilla por si llegan a descubrirlo los guardias.
Desde entonces, Fidel fue incapturable, pero no por las leyendas campesinas que en torno a él se tejieron, por la mística de su figura, sino porque de la experiencia de la lucha sacaba lecciones que aprendía bien sin dejar de estar en la primera línea de combate. Un olfato de guerrillero inigualable y su instinto unido a su conocimiento, hicieron de él realmente un incapturable para sus enemigos.
Ahí están los más de 600 atentados frustrados en su contra, están sus noventa años vividos con intensidad y riesgos en diferentes escenarios, y están estos primeros cien años que ni las más hostiles condiciones ni genocidas agresiones del imperialismo que él aún combate, han podido con él.
Nota aclaratoria: Nada es absoluto, pues para quien nunca Fidel fue «el incapturable» fue para su pueblo, que lo tenía cerquita, tan a su alcance y con tanto afecto, que su decisión de cumplir años sin celebraciones, se convirtió en fiesta de todos.
