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Destinatario: Celia

Las cartas de Fidel a Celia durante la Ofensiva de Verano de 1958 revelan su liderazgo militar, su fe en el triunfo y su visión antimperialista. La correspondencia, resguardada en la Oficina de Asuntos Históricos, constituye un testimonio clave del pensamiento político y estratégico del Comandante en Jefe en la Guerra de Liberación Nacional

Autor:

Daily Sánchez Lemus

Historias de Rebeldes comparte hoy algunos fragmentos de notas enviadas por Fidel a Celia Sánchez en la Ofensiva de Verano de 1958. La confianza otorgada a la combatiente, que ella supo ganarse con entrega, inteligencia y fidelidad a Cuba, hizo que se convirtiera en su ayudante más cercana, con lo cual las cartas dirigidas a ella revisten una importancia fundamental para la historia en nuestra Guerra de Liberación Nacional y el estudio del pensamiento de Fidel, por su contenido político, militar y humano.

Desde inicios del mes de mayo Celia se había establecido en las Vegas de Jibacoa preparando lo necesario desde el punto de vista del aseguramiento logístico para enfrentar la posible ofensiva de la tiranía que luego iniciaría el día 25 de ese mes.

El 8 de mayo, él le escribe una carta con indicaciones similares a las que le da a los sus jefes militares, para que ella estuviera al tanto de todo y denota su incansable fe en el triunfo: «“Hay que salirles al paso con toda energía. Creo que se han adelantado algo, pero todavía es tiempo. Lástima grande que tengamos tan pocos detonadores y fulminantes, pero, ¿qué va a hacerse? Estoy seguro de que vamos a poder combatirlos con éxito».

Por esos días también le agrega, desde Mompié, para que le hiciera saber al Che y a todos los capitanes que: «por cada camino posible del enemigo, hay que preparar, por lo menos, veinte líneas defensivas», y que las gestiones de mercancía, zapatos y ropa, deben seguirse haciendo hasta el último minuto. De este tipo de notas —sobre aseguramiento logístico— entre Fidel y Celia se conserva una gran cantidad en la Oficina de Asuntos Históricos, que reflejan la cuidadosa administración de los recursos con los que se contaba y no por una mera concentración de decisiones, sino por lograr una distribución justa de las municiones y abastecimientos.

Es de ese periodo de la ofensiva la carta del 5 de junio, en la que aborda con Celia temas vitales de la Ofensiva para los rebeldes y uno de ellos es el relacionado a la disciplina y el ahorro de las balas como el talón de Aquiles de la tropa hasta ese momento. Sin embargo, es su último párrafo el más conocido, y que sería luego reconocido como un testamento político, en el que el antimperialismo y la defensa de la soberanía sobresalen:

«Al ver los cohetes que tiraron en casa de Mario, me he jurado que los americanos van a pagar bien caro lo que están haciendo. Cuando esta guerra se acabe, empezará para mí una guerra mucho más larga y grande: la guerra que voy a echar contra ellos. Me doy cuenta que ese va a ser mi destino verdadero».

El antimperialismo de Fidel, discípulo de José Martí, estudioso de nuestra historia y conocedor por tanto de la realidad de la patria que sufría bajo el dominio neocolonial de Estados Unidos, ha sido siempre una de las facetas de su pensamiento que con más argumentos defendió. En esta carta a Celia, al contrario de lo que el enemigo trata de reducirla, bien se comprende que se trata de una respuesta histórica al tradicional apoyo de los gobiernos yanquis a todo lo que combatiera una revolución social en nuestro país.

Hay otra carta hermosa, del 30 de julio de 1958, cuando prácticamente tenían liquidado al enemigo en la Ofensiva de Verano. Es una carta en la cual hace un balance del valor con que han peleado los rebeldes, y se deja ver al ser humano que a poco de la victoria tiene sentimientos encontrados:

«Los hombres nuestros han realizado un esfuerzo extraordinario; han estado de batalla en batalla por espacio de cinco semanas consecutivas. Es increíble lo que han resistido.

«Me imagino tú tendrás deseos también de bajar a las Vegas, si yo puedo llegaré hasta allí por la noche o la madrugada.

«Tengo la sensación de que todo concluirá pronto y en medio de la alegría por las victorias que son la culminación de tantos sacrificios y esfuerzos, me siento triste».

Y es que en la Ofensiva cayeron combatiendo compañeros valiosos para los rebeldes, y en nombre de ellos había que ir en busca de las nuevas victorias. Aquí vemos al líder preocupado por sus hombres, por sus hermanos de sueños, y conocedor del sacrificio de toda la tropa de sus 300.

«Cuando la historia se escriba, esta parte no la creerán. Nos hemos defendido con el M-26», escribió precisamente a Celia sobre aquella adaptación rebelde del armamento que los acompañó durante los momentos más difíciles. Y es que cada victoria de la guerra de liberación estuvo marcada también por la inteligencia, la creatividad y la capacidad militar y política de Fidel.

Por eso, el estudio de su pensamiento en los documentos, en este caso, en sus cartas y notas a la heroína de la Sierra y el llano, nos permite conocerlo y valorarlo en una dimensión que nos señala el rumbo verdadero de la Patria.

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