Pese a su impactante victoria en el Campeonato Mundial por Equipos 2025, a las ajedrecistas rusas se les vetó en derecho de participar en la Olimpiada Mundial Femenina Autor: FIDE Publicado: 28/08/2026 | 06:54 am
En la región del Asia Central —territorio multicultural por excelencia— pocos lugares generan tanto atractivo turístico e histórico como la ciudad de Samarcanda. Fundada en un período coetáneo a las grandes urbes del mundo antiguo como Babilonia, Roma y Atenas, Samarcanda ha sido escenario de grandes acontecimientos de la historia universal como su conquista por Alejandro Magno en 329 a.n.e, su erección como capital del Imperio Timúrida en 1369 y, más recientemente, su elección en 2001 entre los bienes culturales que integran la Lista del Patrimonio Mundial de la UNESCO. Entre los aficionados a los deportes de la mente, Samarcanda será uno de los lugares de referencia del calendario competitivo, al haber sido designada para acoger la 46ta. Olimpiada Mundial de Ajedrez, el más prestigioso certamen ajedrecístico que se desarrollará en tierras uzbecas durante 12 días desde el venidero 15 de septiembre.
Esta edición del evento bienal más esperado por la comunidad ajedrecística, estará marcada por un hecho extradeportivo: por tercera ocasión consecutiva la Federación de Rusia —máxima ganadora en estas lides, si computamos sus imponentes victorias en ambos sexos durante la época soviética— ha sido vetada de la Olimpiada, por motivos completamente ajenos al ámbito de las 64 casillas. En efecto, los países occidentales, lejos de quedar satisfechos con las sanciones comerciales, financieras y consulares que le han infligido a Moscú; han identificado en las organizaciones mundiales del deporte como un «campo de batalla» para desatar su furor antirruso, por lo que el juego ciencia no ha sido ajeno a esta pretensión de ningunear a los atletas eslavos.
Aunque la Federación Rusa había sido instantáneamente denostada desde el comienzo de la Operación Militar Especial en Ucrania, el año pasado la Federación Internacional de Ajedrez (FIDE) había dado muestras de buena voluntad para reincorporar a los trebejistas rusos a la familia ajedrecística planetaria. A partir de recomendaciones emitidas por el Comité Olímpico Internacional (COI), equipos de trebejistas rusos fueron readmitidos en competiciones de categorías juveniles y de discapacitados, e, incluso, bajo la denominación de Team FIDE un conjunto integrado por jugadoras rusas ganó el Campeonato Mundial Femenino 2025 disputado en la ciudad ibérica de Linares.
Esta dinámica inclusiva para el ajedrez ruso se rompió radicalmente en julio de 2026 con la designación de Arkady Dvorkovich, presidente de la FIDE, entre los sujetos señalados por el más reciente paquete de sanciones de la Unión Europea. Justo dos meses antes de las elecciones en las que aspiraba a un tercer mandato al frente del máximo ente ajedrecístico, Dvorkovich delegó sus funciones de presidente de la FIDE —sin llegar a renuncia en términos formales— a su vicepresidente y pentacampeón mundial Viswanathan Anand. Para sorpresa de muchos, bajo la égida de Anand se han consumado dos de las mayores anatemas a los trebejos rusos: la suspensión temporal de la Federación de Ajedrez de Rusia por las competiciones «ilegales» organizadas en los territorios de Crimea, Donetsk, Lugansk, Jersón y Zaporiyia; y la votación efectuada por el Consejo de la FIDE que veta la posibilidad de participación de los equipos rusos en las secciones abierta y femenina de la 46ta. Olimpiada.
Justo antes de conocerse la ominosa exclusión, el equipo olímpico ruso mantenía una base de entrenamiento en la urbe caucásica de Kislovodsk, de la que formaban parte promisorios talentos de los trebejos eslavos como el campeón mundial juvenil Aleksey Grebnev. Resulta aún más chocante la decisión del Consejo de la FIDE, ya que en semanas previas la Federación de Ajedrez de Bielorrusia había sido readmitida como miembro de pleno derecho de la FIDE, incluyendo la potestad de exhibir su enseña nacional en competiciones internacionales como la Olimpiada.
Esta obcecada posición no ha sido secundada por las más importantes federaciones internacionales del deporte —World Gymnastics, World Aquatics, Internacional Fecing Federation—, ya que hemos visto triunfar recientemente a atletas rusos en notables escenarios como el Campeonato Mundial de Esgrima celebrado en Hong Kong, el Campeonato Europeo de Natación organizado en París y el Campeonato Mundial de Gimnasia desarrollado en tierras germanas. Aun con el beneplácito del COI, los campeones y medallistas eslavos han sido perjudicados en estos certámenes universales, al verse expuestos al cancelación de visados o a la prohibición del uso de símbolos nacionales durante las competencias.
No sorprende que en Kiev hayan vitoreado la exclusión rusa de la Olimpiada de Samarcanda, tal y como lo hizo el vicepresidente de la Federación Ucraniana de Ajedrez Vladimir Kovalchuk. Para el también vicepresidente honorífico de la European Chess Union, no representó una pérdida de calidad competitiva el veto a los trebejos rusos, ni siquiera por la historia compartida entre Rusia y Ucrania durante la época soviética en la que despuntaron los más grandes talentos del ajedrez ucraniano como Isaac Boleslavsky, Efim Geller y Vassily Ivanchuk.
Afortunadamente, los odiadores del ajedrez eslavo no han podido sepultar las enormes perspectivas de desarrollo de los trebejos rusos que, aun en este contexto de tensiones geopolíticas y restricciones competitivas, alcanzaron un importante hito en este mes de agosto al proclamarse vencedor el equipo de la Universidad Estatal Minera de los Urales en el Campeonato Mundial Universitario por Equipos organizado en Almaty, Kazajstán. Sin lugar a dudas la condición de la Federación Rusa será uno de los temas candentes en el venidero Congreso Mundial de la FIDE que se celebrará a la par de la Olimpiada, y donde se elegirá al próximo presidente de los trebejos planetarios. Veremos cuánto más seguirán prevaleciendo o no, los intereses mezquinos que supeditan la integridad deportiva a los intereses diplomáticos de un puñado de naciones.
