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A Fidel no se le iba un solo detalle

La impronta del Comandante en Jefe en el Instituto Preuniversitario Vocacional de Ciencias Exactas Humboldt 7 está en los pasillos, en sus aulas, en el libro de visita... pero sobre todo en el recuerdo de quienes tuvieron el privilegio de ser parte de una escuela, una especie de laboratorio, un proyecto que Fidel soñaba y tocaba con las manos: el de formar hombres y mujeres de ciencia y seres humanos integrales

 

Autor:

Adianez Fernández Izquierdo

 

Muy joven era Dalila Sansón Suárez cuando tuvo bien cerca de ella al Comandante en Jefe Fidel Castro Ruz. Ya lo había visto otras tantas veces, mientras era estudiante del Instituto Preuniversitario Vocacional de Ciencias Exactas Vladímir Ilich Lenin; luego, en su graduación en el teatro Karl Marx, como integrante del 4to. Destacamento Pedagógico, y en el propio Instituto Preuniversitario Vocacional de Ciencias Exactas Mártires de Humboldt 7. Mas aquella vez fue diferente.          

 «Fue un recorrido de los tantos que nos hizo acompañando a un visitante extranjero. Ya al finalizar la vuelta pasaron a firmar el libro de visitas que estaba en el salón de reuniones. Era casi el horario de salida, los profesores estaban en el vestíbulo y se aglomeraron cerca de la puerta del salón para verlo de cerca y saludarlo, rememora la actual secretaria docente del Ipvce Humboldt 7, ubicado en San Antonio de los Baños, en la provincia de Artemisa.

 «Yo me recosté en el muro, a la derecha de la entrada de la escuela, pensando que ahí tendría mejor oportunidad; y así fue. Cuando salió del salón de reuniones me vio, se acercó y se puso a hablar conmigo.

 «Quería saber qué asignatura impartía, cómo me hice maestra y, al saber que había sido fundadora de la Lenin, integrante del 4to. Contingente del Destacamento Pedagógico, que trabajaba en el Ipvce y que como profesora de Matemáticas me había incorporado a dar clases de Informática, quedó impresionado y sentí que hasta satisfecho», recuerda.

 «Creo que le agradó conversar con una persona joven, sencilla y enamorada de lo que hacía, formada en proyectos que él mismo ideó. Me felicitó y me deseó muchos éxitos en mi profesión y en la escuela».

 Dalila lo recuerda así, muy cercano a la gente y muy pendiente de cada proyecto. «Él no llegaba con discursos de exhortación, ni pidiendo que hiciéramos esto o aquello. Convidaba a los muchachos a estudiar, eso sí, pero dialogaba con todos para saber qué más se podía hacer, qué condiciones necesitaban para que todo funcionara mejor, y cómo desde el Gobierno se podía ayudar para que el proceso cada vez más funcionara mejor. Así fue siempre, de cada intercambio o visita salía algo nuevo, fruto de su diálogo con los muchachos y profesores y gracias a esa visión de futuro que siempre lo acompañó.

Las actuales generaciones de estudiantes también se enorgullecen del vínculo que existió entre el Comandante en Jefe con su escuela. Foto: Adianez Fernández Izquierdo

 «Yo nací con la Revolución y era usual ver a Fidel pendiente de cada uno de sus proyectos; fue así con la alfabetización, con las escuelas en el campo, con el desarrollo de las ciencias y la biotecnología y un sinfín de proyectos más, incluido el Programa del Médico y la Enfermera de la Familia. Todos esos proyectos necesitaban de una calidad en la enseñanza.

 «Por idea suya surgieron los concursos de círculos de interés en las primarias, y la escuela de monitores. Luego estas se convirtieron en las escuelas vocacionales y Fidel siempre estuvo muy pendiente de cada detalle. Era usual verlo en La Lenin, como también en los otros Ipvce que fueron surgiendo, entre ellos Humboldt 7, incluso en los años iniciales (1980-1984), cuando estaba en La Coronela y aún no tenía nombre.

 «Los visitaba no solo para constatar su marcha, sino también para promover otras ideas o cambios, e intercambiar con estudiantes y profesores. Venía muchas veces acompañado de personalidades que visitaban el país.

 «Fruto de esas visitas surgieron proyectos para aportar a la formación integral de los estudiantes, porque había que formar científicos integrales. Así surgió el huerto escolar, las áreas deportivas, el gimnasio, la piscina y la pista, y luego como resultado de esos intercambios también surgieron las pruebas de ingreso a la Educación Superior, como otro elemento que le aportaba más rigor al proceso de
entrada a la universidad y fomentaba en los estudiantes más interés por el estudio», rememora.   

Momentos imborrables

De estas vivencias con Fidel me llegaron otras referencias desde un grupo de WhatsApp que compartimos egresados y profesores de ese centro de estudios. Una profesora recordaba que era tanta la disciplina que, en una de las visitas, los estudiantes lo vieron llegar, pero permanecieron todos en las aulas. Cuando el Comandante en Jefe entró lo primero que hizo fue preguntar por los muchachos y el porqué no habían salido a recibirlo. Entonces elogió su disciplina y dijo que podían venir. No fue hasta entonces que se acercaron todos en avalancha a saludarlo.

Otros recordaron la noche en la que llegó para consultarles sobre las pruebas de ingreso. Y hubo quien, incluso, recordó la construcción de las áreas deportivas, también por iniciativa de Fidel, pues no solo se preocupaba por que la docencia fuera de calidad, sino para que también pudieran recrearse sanamente y practicar deportes.

De ello da fe Nilda Delgado Yanes, profesora del centro desde 1984 hasta el año 2000. «Cuando Fidel vino a consultar con los muchachos sobre las pruebas de ingreso yo no estaba, pero mis alumnos me contaron todo al día siguiente. Uno de ellos había visto llegar a un escolta, pero no le extrañó, pues él tenía una hija en la escuela. Sin embargo, vio luego las botas altas y dijo: «Contra, es Fidel», y comenzó a gritar para avisar.

Otra vez sí lo tuvo bien de cerca: «Tenía clases con la especialidad de Química en el laboratorio. Los muchachos tenían encendidos los quemadores de gas para realizar las actividades y Fidel entró acompañado de un visitante extranjero y observó toda la práctica. Luego, a la hora de irse, nadie salía de las aulas y él gritó, profesora, que salgan los alumnos a despedir al visitante; ah, y que apaguen los quemadores, no sea que haya un accidente. Todos se rieron, porque a Fidel no se le iba un solo detalle».

La escuela era entonces una especie de laboratorio, y Fidel un consagrado investigador, al pendiente de cada experimento y cada resultado, en pos de formar hombres y mujeres de ciencia, pero también seres humanos integrales que aportaran en todos los frentes al desarrollo de la sociedad.

Desde los pasillos de Humboldt 7, y desde el recuerdo de quienes lo tuvieron bien cerca, sigue vivo el ser humano que supo desde el inicio que el futuro de Cuba tenía que ser necesariamente de hombres y mujeres de ciencia, y en ese empeño puso sus mayores esfuerzos.

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