Arrancó la nueva telenovela cubana y, con ella, ese silencio tenso que recorre Cuba, de punta a punta, cuando un país se sienta —siempre que los apagones lo permitan— a juzgar los primeros compases de una ficción. No hay término medio: o la química prende desde el minuto uno, o el fracaso se multiplica en memes voraces desde el primer capítulo.
Entre aguas, la nueva propuesta aterriza, como todas, envuelta en un papel de regalo donde se combinan expectativas, esperanzas… y ese discreto halo de misión social que nunca falta en el habitual espacio.
No es solo una telenovela, sino un termómetro, y, en ocasiones, hasta un campo de batalla cultural. Y, como manda la tradición, ya están los que la amarán sin condiciones, los que la destrozarán sin piedad; y los que, más cautelosos, le conceden «una semanita más», antes de dictar sentencia definitiva.
La fanaticada cubana no perdona diálogos encartonados, ni una actuación que huela a cartilla de escuela primaria, pero tampoco escatima elogios cuando algo realmente le toca la fibra sensible. Y ojo, porque, con todos los defectos y virtudes, la novela se convierte en tema de conversación obligado la casa, en el quiosco, en el taxi, en los grupos de Facebook.
¿Qué esperamos entonces de esta propuesta que recién asoma la cabeza? Que logre engancharnos de verdad, que nos haga hablar más allá de lo previsible; y que nos devuelva esa sensación antigua y reconfortante —casi de infancia— de estar compartiendo un mismo relato con miles que, en ese momento, sienten lo mismo que nosotros.
El espectador nuestro busca, ante todo, reconocerse en esa pantalla. Quiere ver reflejadas sus alegrías cotidianas y también sus problemáticas más profundas, sus contradicciones, sus silencios, su manera única de reírse de la desgracia y de sobrevivir con ingenio. Quiere que la ficción no le mienta, que no le endulce la píldora, que no le presente un país de piedra. Y que si de paso nos hace pensar un poco y nos incomoda en el buen sentido; si nos sacude alguna certeza, más que bienvenida.
A esta recién nacida le queda todo el camino por delante. Ojalá, dentro de unas semanas, estemos aquí mismo, en este mismo ruedo virtual, peleando con vehemencia por el destino de los protagonistas. Y si no lo logra —porque también puede pasar— al menos tendremos tema para rato.