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Plegarias y festejos de amor a la tierra en Palestina

Autor:

Leonel Nodal

 

Una curiosa coincidencia hizo concordar este año la fiesta de Eid al Fitr por el final del mes sagrado del Ramadán con la recordación del Día de la Tierra en Palestina.

El Eid, marcado por la aparición de la luna nueva —un momento festivo y de júbilo en el mundo Islámico semejante al inicio de otro año de vida— cayó el 30 de marzo, día que desde 1976 representa un grito de ira contra el despojo, la expulsión y la limpieza étnica emprendida por el régimen sionista.

La celebración o recordación al unísono de ambas tradiciones se convirtió en un momento de reafirmación de la identidad de un pueblo-nación a sangre y fuego, en un rito de sacrificio inimaginable en una época de magia científica, como el uso masivo de la Inteligencia Artificial.

Sin querer, mi memoria me ha trasladado al inolvidable primer día de mi aprendizaje en el terreno de casi medio siglo de las costumbres e historias de los pueblos del Oriente Medio, y medir todo su alcance.

En 1978 presencié por primera vez —sin haberlo previsto— el júbilo popular en un país árabe musulmán por la fiesta de Eid al Fitr, el final del mes sagrado del Ramadán.

Ese día, por la tarde, viajé desde Addis Abeba, Etiopía, a la ciudad de Aden, en Yemen del Sur, un estratégico territorio en el extremo sur de la península arábiga, antigua posesión británica, que se independizó del colonialismo británico y se proclamó República Socialista.

Al salir del avión, posado en una pista en medio del desierto, recibí un golpe de calor de 50 grados Celsius, pero el hecho de comenzar a andar por los míticos escenarios de «Las mil y una noches» me estremecieron de emoción.

Mi destino final era Beirut, Líbano, pero esa noche haría escala a orillas del Mar Rojo y todavía me faltaba sobrevolar el inmenso desierto de Arabia Saudita.

En el camino a la ciudad no ví a nadie, ni al entrar a la ciudad. Todas las puertas y ventanas estaban cerradas. Al llegar al hotel, solo el carpetero estaba en la recepción.

Toda la población respetaba el ayuno diario de rezos y plegarias por el bienestar de la familia y la comunidad.

Al caer la noche salí y caminé hacia un muro costero donde las familias, jóvenes y niños, vestidos con ropa nueva, mostraban una alegría expectante, escudriñaban el cielo, hasta que de repente estalló una exclamación de júbilo a lo largo del paseo marítimo. Pregunté el motivo y varias personas me señalaban un punto en el cielo, dónde asomaba casi imperceptible, la Luna, protagonista de una animada noche.

Comercios, tabernas, cafeterías, talleres diversos abrieron sus puertas, se encendían la luces y pronto se puso en marcha el bullicio propio de una ciudad.

Una mujer ora en el complejo de la mezquita de Al-Aqsa, Ciudad Vieja de Jerusalén, el primer viernes de Ramadán 2025. Foto: AP

En los años siguientes presencié otros meses de Ramadán y jornadas de luminosas y amenas celebraciones de Eid al Fitr en el Líbano, Siria o Irak. Pero nunca vi alguna que coincidiera con el Día de la Tierra en Palestina, donde tanto en Gaza, como en los territorios ocupados de Cisjordania y Jerusalén, la población enfrenta una guerra genocida por parte del gobierno más sanguinario del régimen de ocupación sionista.

Alrededor de 120 000 fieles se reunieron en la mezquita Al-Aqsa el domingo último por la mañana para realizar las oraciones del Eid al-Fitr, según informó el Departamento Islámico Waqf en Jerusalén, en medio de estrictas restricciones israelíes y crecientes llamados en toda Cisjordania ocupada a la solidaridad con Gaza.

A pesar de la fuerte presencia de militares israelíes y de las restricciones en los puestos de control, grandes multitudes acudieron al recinto de la renombrada mezquita de la cúpula de oro.

Los sermones del Eid en las mezquitas de Cisjordania se centraron principalmente en el actual ataque israelí a Gaza, que los predicadores describieron como un genocidio destinado a exterminar a los habitantes de la Franja. Instaron a los fieles a solidarizarse con los pobladores del territorio reducido a escombros, privado de agua, alimentos, medicinas y hasta aire respirable debido a la contaminación.

Los oradores pidieron mostrar moderación en la celebración por respeto a las decenas de miles de personas asesinadas.

«En estos momentos, algunos celebran el Eid mientras otros lloran la pérdida de hijos, parientes y familias enteras», dijo el jeque Jaafar Hashem durante su sermón en Nablus. «Algunos estrenan ropa, mientras que otros buscan un bocado de comida para alimentar a sus hijos hambrientos».

También hablando en Nablus, el Jeque Maher al-Kharraz recordó a los fieles que deben mantener a Gaza en sus corazones «cada hora del día».

«La resistencia de Gaza ha enaltecido a las naciones árabes e islámicas», afirmó.

Al menos 42 palestinos, incluidos niños, murieron y otros 183 resultaron heridos en la Franja de Gaza en las últimas 24 horas, informó el martes Al-Jazeera, citando fuentes médicas.

Desde la reanudación del ataque de Israel a Gaza el 18 de marzo, se cuentan 1 042 asesinados y 2 542 heridos, en su mayoría civiles y, entre ellos, un alto número de niños.

Al-Kharraz también saludó a los palestinos desplazados en los campos de refugiados de Cisjordania, en particular en Yenín, Tulkarem y Nur Shams.

El domingo se celebró el tercer Eid consecutivo en medio de la devastadora guerra de Israel contra Gaza, que ha asesinado a más de 50 000 palestinos y herido a más de 100 000. También es el primer Eid desde que comenzaron los desplazamientos masivos y las demoliciones de viviendas en los campamentos del norte de Cisjordania.

La ofensiva militar israelí en Tulkarem lleva 65 días, en Nur Shams 50 y en Yenín 71. Las operaciones han obligado a decenas de miles de personas a huir y las tropas de ocupación han ejecutado una destrucción generalizada de viviendas e infraestructuras.

Desde el comienzo del asalto el 21 de enero, al menos 80 palestinos han muerto en la Cisjordania ocupada, además de cientos de detenidos, heridos y la demolición de numerosas viviendas.

Los festejos de Eid al Fitr coincidieron esta vez con la conmemoración del Día de la Tierra, establecido el 30 de marzo de 1976, en recuerdo del asesinato de seis palestinos con ciudadanía de Israel a manos de las fuerzas represivas sionistas, durante las protestas contra un plan gubernamental para expropiar grandes extensiones de tierras de propiedad árabe en Galilea, cómo parte de una estrategia más amplia conocida como la judaización de Galilea, una campaña destinada a aumentar la población judía en zonas de mayoría palestina.

Esa política provocó protestas masivas y una huelga general en todas las ciudades árabes de Israel, siendo la primera vez que los ciudadanos palestinos de Israel organizaron una acción colectiva de tan gran escala.

Casi cinco décadas después, el Día de la Tierra resuena más que nunca, particularmente en Gaza, donde los palestinos conmemoran la ocasión a la sombra de una guerra devastadora que ha entrado en su segundo año, sin que todavía se vislumbre cuál será su final.

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