Rubier cuenta que en la curaduría estudiaron ángulos de su obra que él desconocía. Autor: Cortesía del entrevistado Publicado: 28/09/2026 | 09:55 am
MATANZAS. —El joven arquitecto y artista emergente Rubier Bernabeu García se ganó en buena lid el derecho de que su obra Le grand esté proyectada en las pantallas de Times Square, en Nueva York, tras una elección que no es aleatoria, sino que es el resultado de procesos organizados por convocatorias, galerías o programas oficiales que combinan criterios artísticos, técnicos y de impacto público.
«Wendy Pérez Lora, mi esposa, se enteró de una convocatoria en Nueva York y me dijo, Rubier, tú no estás explotando tus pinturas; las tengo guardadas para sentarme en algún momento con calma a estudiarlas y seguir una línea», rememora feliz y añade que eso lo motivó a enviar la foto de la obra.
«Ellos le hicieron una curaduría gratis y la aceptaron. Estudiaron ángulos de mi obra que yo mismo desconocía. Hoy está en Times Square, en las pantallas gigantes, en un lugar turístico e histórico. Agradezco sinceramente a la galería por la curaduría y por brindar este espacio de proyección internacional a mi trabajo».
En cuanto a su obra, Rubier nos cuenta que «es multicultural, una mezcla de referencias culturales de África, América, porque me he nutrido de cualquier civilización; tiene mucho simbolismo. He viajado varias veces a países africanos y he descubierto que esa es una cultura de símbolos, con explicaciones astrológicas, de deseos, fertilidad, la agricultura, creencias…
«Le grand en francés significa El gran, que viene un poco asociado con la grandeza de aquellos reinados, ya sea en el pasado o la actualidad. En ella me apropio del concepto de las máscaras afro que se me ha convertido en algo más contemporáneo, de la parte del individuo. Aunque, en estos momentos, las máscaras para mí, más allá de los significados mitológicos, se me asocian a la doble moral», señala.
«Esta pieza explora la textura, la masa y la cualidad escultórica del lienzo, creando un diálogo entre formas amplias, relieves densos y acentos dorados», agrega Rubier, quien asegura que lo llena de orgullo compartir el Certificado de Participación emitido por @theholyartgallery, confirmando la selección y exhibición en vivo «de mi obra en el corazón de Nueva York, donde Cuba está presente.
«Es fantástico estar con una obra expuesta allí porque, además del hecho concreto, puedes entrar a las galerías, puede abrir puertas hacia mercados internacionales como el de Miami o Nueva York. Eso es una estrategia, nunca se llega a una galería que no conozca tu trayectoria, en mi caso estoy clasificado dentro del arte emergente, por lo cual tenemos un precio en el mercado del arte».

Foto: cortesía del entrevistado
Cuando se nace pintor
Desde pequeño, Rubier tuvo una inclinación directa con el dibujo. Cuando vivía en la calle San francisco, en el barrio de Pueblo Nuevo, cerca de la casa de cultura Bonifacio Byrne, iba a clases en esa instalación. «Mi abuela me llevaba al principio. Después continué asistiendo, de manera independiente, con disciplina. Era un momento para oxigenar… La maestra nos ponía las cartulinas y pinceles delante e incentivaba nuestra creatividad, sin pedir dibujos perfectos.
«Dibujaba en la primaria cosas que veía en la televisión. Después comenzó mi curiosidad por el paisaje y mejoré los rasgos de las casas, ríos… Una vez experimenté la técnica del puntillismo y me quedó espectacular. En el dibujo de rostros me adentré con un autorretrato frente al espejo. Nunca conservé ninguno de aquellos dibujos… la profesora se quedó con ellos. En la secundaria seguí dibujando… Los profesores me pedían que dibujara todo lo que hacía falta en la escuela: letreros, cosas de biología…».
En esa época abrió la escuela de arte en la calle Río.
«Al entrar en la Cujae en la carrera de Arquitectura aumentó la exigencia, sobre todo en el dibujo. Yo iba a las bibliotecas y dibujaba mucho… En mi casa también, y avancé bastante en esa época, pero era un dibujo más técnico, no el de la escuela de arte.
«El diseño siempre estuvo en mi vida. Me gustaba hacer perspectivas a otros amigos. Hice maquetas y muchos proyectos. Era una etapa muy competitiva. Estaba flojo en lo relacionado con el dominio del software, pero uno empieza a profundizar…
«Cuando me gradué, me ubicaron en la delegación del Ministerio de la Construcción de Matanzas. Me preguntaba qué hacía allí, si lo que debía explotar era mi creatividad. Luego me ubicaron en Varadero. Yo quería diseñar y proyectar, pero me pusieron a hacer presupuestos en una obra del hospital. Claro que no me gustaba, pero había que aprender.
«Me gustó la energía y el ambiente laboral en Patrimonio provincial, Eran más flexibles, sin esquematismo… No ganaba mucho dinero, pero estaba en un ambiente en el que aprendía más sobre la ciudad», relata.
Rubier entró en la sección de Artes plásticas de la Asociación Hermanos Saíz (AHS) en 2012, donde mostró su línea de experimentación. «Fue muy bueno incorporarme a la organización, pues ella te da la energía y te hace creer en ti; demuestra que lo que haces está en la zona de interés de otros… Muchos me decían que estaba haciendo un arte diferente y eso me motivaba a seguir trabajando.
«Era un arte muy experimental. En la asociación hacíamos nuestras exposiciones, y eso era bueno. Después vino el tema de exponer en galerías, y hasta nos dieron el carné del registro del creador.

Foto: cortesía del entrevistado
«Presenté el proyecto X para la bienal, pero me dijeron que era por invitación. Mi obra fue enviada para la Revista Arte Cubano; si lo aceptaban, sería como proyecto colateral de la bienal. Logré lo del registro del creador mediante la AHS. Mandé un dossier para revisar. Tienes que creer en ti y luchar por lo que tienes en la cabeza, y esperar que el Consejo Nacional decida.
«En las bienales he optado por presentar instalaciones, pero nunca dejé la pintura. Los artistas maduran con el tiempo. No se trata de hacer muchas obras… Yo no tengo muchas, pero las que tengo las estudio, investigo… La vida es la que te construye como artista, como arquitecto y profesional. Uno tiene que saber el momento exacto en que debe dar cada paso».
Rubier asegura que está en una edad de mucha creatividad en el arte y ha continuado con el tema de la fotografía, vinculando el diseño con lo monumental. «Me considero un artista visual, lo mismo trabajo una fotografía, pinto o hago una instalación, siempre tratando de darle una respuesta artística a una problemática. Eso es lo importante», apunta.
¿Cómo se llega a las pantallas de Times Square?
Las obras de arte que se exponen en las pantallas de Times Square se seleccionan mediante programas y convocatorias abiertas.
En los criterios de elección predominan el formato y la técnica: obras digitales, videoarte e instalaciones proyectables, adaptadas a pantallas grandes.
Además, se tiene en cuenta el impacto visual y narrativo, su capacidad de comunicar un mensaje o concepto en pocos segundos.
Luego de que el artista envía su propuesta a la convocatoria o programa, comienza el proceso de evaluación por comités, galerías u organizadores. La selección combina procesos abiertos y curaduría especializada, y da prioridad a las obras que dialogan con el espacio público y puedan ser experimentadas a gran escala.
