Un grupo de adolescentes cubanos acusa al bloqueo criminal del imperialismo yanqui. Autor: Adán Iglesias Publicado: 29/10/2026 | 11:48 am
La tarde en el parque tiene el calor de la ingenuidad. Un grupo de niños corretea entre risas, los columpios crujen y el aire huele a tierra mojada y a meriendas compartidas. Es este un espacio para el ocio y el esparcimiento donde no debieran ser muchas las desavenencias, las discusiones por cuestiones de política o los desencuentros de cualquier tipo.
Sin embargo, en un banco de madera, sentados bajo la sombra de un árbol, cinco adolescentes de la escuela Guido Fuentes rompen ese halo de alegría y complicidad natural con una madurez que estremece. «Yo acuso al imperialismo norteamericano por el bloqueo que nos oprime», dice con firmeza, a sus 13 años, Álvaro Pérez.
El adolescente relata de manera crítica las limitaciones en el sector agrícola: «Nos cuesta mucho conseguir los fertilizantes, los kilogramos de leche y el aceite que necesita el país. El imperialismo nos aumenta mucho el precio o simplemente no nos lo vende, ni permite que lo compremos».
Álvaro no ha leído el Informe de Cuba para la ONU, que contabiliza los perjuicios provocados por el bloqueo entre marzo de 2025 y febrero de 2026, pero el documento revela que el sector agropecuario reportó daños por un valor superior a los 848 millones de dólares en un solo año, y que la producción de arroz cayó a 1,9 toneladas por hectárea, muy por debajo de su rendimiento histórico.
«El bloqueo afecta en todo», continúa Álvaro. «No nos permite comprar el petróleo que necesita el país para generar energía eléctrica. Cuando vamos a las tiendas, vemos que los productos están agotados. No dejan entrar ningún buque con petróleo, alimentos o medicinas que necesita nuestro pueblo».
Álvaro lo denuncia y el informe lo confirma: el cerco energético ha dejado más de 1 400 MW de potencia disponible sin generar y ha provocado interrupciones eléctricas que superan las 20 horas diarias. Las cadenas de suministro, advierte el documento, se encuentran bajo una tensión acrecentada por el temor de las navieras a las sanciones secundarias.
La asfixia en la piel
Aitana Hernández también tiene 13 años. Al escuchar la conversación, toma la palabra con serenidad mientras sigue con la mirada el juego de pelota: «El bloqueo es una injusticia y afecta muy fuertemente al sector de la salud, porque nos cierra el acceso a distintas vacunas y medicamentos. No tenemos instrumentos para hacer operaciones a corazón abierto. La salud en Cuba se ha visto afectada por culpa del bloqueo».
Ella no exagera. El informe detalla que, de los 395 fármacos que integran el cuadro básico producido en Cuba, 300 están escasos o ausentes debido a las dificultades para acceder a las materias primas. Además, el bloqueo impide adquirir equipos vitales para la infancia, como el HeartMate 3 y las bombas cardíacas PediMag y CentriMag —fabricadas en Estados Unidos—, las cuales permiten prolongar la vida de niños con afecciones cardíacas graves. En total, las afectaciones en el sector de la salud ascienden a 367 303 500 dólares.
Los ojos soñadores de otra niña viajan de un lado a otro del cielo, como buscando algo que se ha perdido en su memoria. De repente, exclama: «Destrucción». Eso es lo que piensa Samira Rodríguez sobre el bloqueo: que es un mecanismo de destrucción porque «no nos permite tener todos los libros necesarios ni cuadernos de trabajo, y los juguetes para los círculos infantiles están muy caros», relata.
La falta de recursos no solo golpea su aula, sino que también ha tocado las puertas de su hogar: «Mi familia ha tenido que hacer muchos sacrificios para conseguir el uniforme, los materiales de estudio y lo necesario para que yo pueda estudiar bien».
El informe corrobora que el Ministerio de Educación reportó afectaciones por 73 799 500 dólares, y que la escasez de combustible ha limitado tanto la distribución de materiales como el traslado de los estudiantes. Samira también menciona un problema que afecta a diario a las familias cubanas: «Nos perjudica mucho con el agua». El documento oficial explica que el déficit energético ha obligado a espaciar los intervalos de suministro hídrico en todo el país debido a la falta de combustible para las bombas de extracción.
Talento encerrado
Carolina Díaz, quien cumplirá 13 años el próximo mes, aún no tiene claro qué será cuando crezca, pero le interesan la tecnología y las comunicaciones. Quizás por eso ha investigado sobre el tema lo suficiente como para sentenciar con seguridad: «El bloqueo no deja que accedamos a muchos programas que nos serían de ayuda en la escuela. No tenemos suficientes dispositivos y los que existen ya están viejitos».
El sector de las telecomunicaciones, según el informe, registró pérdidas por 135 427 300 dólares debido a la suspensión de pagos a plataformas digitales y a la interrupción de servicios de correo electrónico.
Una niña vestida de bailarina se une en silencio al círculo de adolescentes. Es Camila Santos, también de octavo grado, quien entrena los fines de semana con la aspiración de ingresar a la Escuela Nacional de Arte: «Los implementos de baile cuestan mucho. Los instrumentos musicales también, y sus repuestos son muy difíciles de encontrar. Muchos artistas se ven limitados en los programas de intercambio cultural y pasan dificultades para viajar a recibir premios», señala.
El arte cubano sufrió pérdidas por 435 523 400 dólares. La inclusión de Cuba en la lista de Estados patrocinadores del terrorismo impide que los artistas accedan a programas de intercambio cultural, ya que la OFAC bloquea los pagos a los creadores y cancela sus proyectos.
La fluidez de la conversación impidió percibir el paso del tiempo. Mientras el sol caía, los niños del parque se prepararon para marchar a casa, no sin antes prestarse a un último ejercicio: describir el bloqueo en una sola palabra.
«Crueldad», coincidieron todos. Ellos no necesitan que nadie les explique la geopolítica, pues viven una poderosa realidad diaria que los interpela. Sin embargo, a pesar de la crudeza de estos viles mecanismos, los adolescentes regresan a la carrera de la vida teniendo algo muy claro, como bien resaltó Carolina: «Los cubanos tenemos un gran corazón y no nos vamos a rendir».
