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Sube la temperatura social en el otoño europeo

Pese a la criminalización de la protesta social, en las principales ciudades europeas se oyeron voces de inconformidad por el deterioro del estado de bienestar general

Autor:

Juventud Rebelde

PARÍS, noviembre 3.— Cientos de miles de personas salieron a las calles desde este fin de semana en Francia y Alemania para protestar contra el elevado costo de vida, las dificultades de los sistemas educativos y la gestión política, en una nueva expresión del descontento social que moviliza especialmente a los jóvenes europeos. Aunque la mayoría de las manifestaciones transcurrió de forma pacífica, los disturbios al término de algunas marchas dejaron saqueos, enfrentamientos con la Policía y decenas de detenciones, con especial tensión en Fráncfort y varias ciudades francesas.

Según develó France 24, alrededor de 320 000 personas participaron el sábado en la tercera jornada consecutiva de grandes protestas en Francia, según el Ministerio del Interior, mientras que los organizadores elevaron la cifra de asistentes a cerca de medio millón.

Las movilizaciones estuvieron impulsadas por el descontento ante el aumento del costo de vida, el precio del combustible, la inflación y el deterioro de los servicios públicos. A las protestas iniciadas por estudiantes a finales de septiembre se han sumado sindicatos y grupos vinculados al resurgimiento del movimiento de los «chalecos amarillos».

La participación, sin embargo, fue inferior a la registrada durante los dos fines de semana anteriores. El Ministerio del Interior contabilizó 410 000 manifestantes una semana antes y 550 000 durante la jornada del 17 de octubre, que terminó con graves disturbios y saqueos en distintas ciudades del país.

En París, unas 70 000 personas participaron en la marcha del sábado, según las autoridades.

La mayor parte de las protestas transcurrió de forma pacífica durante la tarde, pero al finalizar las movilizaciones se registraron tensiones en varias ciudades de Alemania y Francia, incluida París.

La Policía antidisturbios intervino para dispersar a pequeños grupos de alborotadores en la capital. En Lyon y Toulouse, las fuerzas de seguridad utilizaron gases lacrimógenos, mientras que en Marsella se produjeron incidentes al término de protestas no autorizadas.

El Ministerio del Interior señaló que grupos calificados como «elementos radicales» intentaron separarse de las manifestaciones en ciudades como Burdeos, Toulouse, Lyon y Marsella con la intención de provocar destrozos y saqueos, aunque aseguró que fueron contenidos por las fuerzas de seguridad.

Las autoridades también informaron sobre controles en estaciones de tren y carreteras que permitieron interceptar a personas que transportaban objetos susceptibles de ser utilizados como armas.

Nuñez advirtió sobre posibles nuevos focos de violencia ante lo que las autoridades describieron como llamamientos a la insurrección. La policía prestó especial atención al uso de máscaras, ante la posibilidad de que pudieran servir para ocultar la identidad de quienes participaran en actos violentos.

Las autoridades francesas intentan evitar una repetición de los graves incidentes del 17 de octubre, cuando disturbios y saqueos sorprendieron a las fuerzas de seguridad y provocaron daños en comercios, edificios públicos y negocios en distintas partes del país.

Las actuales movilizaciones francesas comenzaron a cobrar fuerza a finales de septiembre, en paralelo a las negociaciones del Gobierno en minoría del presidente Emmanuel Macron sobre el presupuesto para 2027.

Los estudiantes denunciaron el deterioro de los centros educativos, el hacinamiento en las aulas y las dificultades de acceso a la universidad. Posteriormente, el movimiento amplió sus reivindicaciones y atrajo a sindicatos y otros sectores descontentos con el encarecimiento de la vida.

Las promesas del Gobierno para reformar la educación y aliviar los costos del combustible no han logrado desactivar las protestas.

El malestar social llega, además, en un momento especialmente sensible para la economía francesa, en un contexto de creciente preocupación por las finanzas públicas, una deuda cercana al 120 por ciento del producto económico y un aumento de los costos de endeudamiento.

Los tres fines de semana de protestas y disturbios han tenido un importante impacto económico.

La Cámara de Comercio estima que las pérdidas sufridas por los comercios superan los 1 000 millones de euros, aunque otras estimaciones duplican esa cifra al incluir daños no asegurados y pérdidas de ingresos.

En las principales zonas comerciales de París, los escaparates protegidos con tablones y las rejas de seguridad se han convertido en parte del paisaje urbano tras los disturbios anteriores. Entre los establecimientos afectados figuran tiendas de marcas de lujo como Hermès, Louis Vuitton y Burberry.

La crisis también ha adquirido una dimensión política. Los disturbios han dado un nuevo impulso a la extrema derecha de Marine Le Pen, mientras las fuerzas centristas vinculadas al entorno de Macron afrontan divisiones de cara a las próximas elecciones presidenciales.

Disturbios multiplicados

Las movilizaciones francesas han servido de referencia para protestas encabezadas por jóvenes en otros países europeos, entre ellos Alemania e Italia.

Decenas de miles de personas salieron a las calles en numerosas ciudades alemanas bajo la convocatoria del grupo “Gen Z regelt” —La Generación Z toma el mando— para exigir una mejora de la educación y medidas contra el aumento del costo de la vida.

Las protestas se desarrollaron de manera mayoritariamente pacífica durante el día, pero la situación cambió en algunas ciudades al caer la noche.

La policía desplegó a miles de agentes ante el temor de que grupos violentos aprovecharan las concentraciones para provocar disturbios.

Los incidentes más graves se produjeron en Fráncfort, donde grupos encapuchados atacaron y saquearon comercios en el centro de la ciudad.

Los alborotadores rompieron escaparates y se registraron ataques contra los servicios de emergencia. La policía informó de episodios de violencia que incluyeron el lanzamiento de cócteles molotov.

Según las informaciones disponibles, una tienda de ropa deportiva fue saqueada y también se produjo un ataque contra una armería, de la que fueron sustraídas al menos dos armas que posteriormente pudieron ser recuperadas por las fuerzas de seguridad.

La intervención policial, que incluyó el despliegue de un cañón de agua, logró obligar a los grupos violentos a retroceder.

Más de 30 personas fueron detenidas temporalmente en relación con los disturbios, según informaciones de medios locales.

El ministro del Interior alemán, Alexander Dobrindt, advirtió este domingo de que los responsables de los saqueos y los disturbios en Fráncfort serán identificados y castigados.

El ministro elogió, además, la fuerte presencia policial y consideró que el despliegue de agentes en distintos puntos de la ciudad permitió evitar una escalada mayor de la violencia.

El ministro atribuyó los incidentes a grupos violentos y aseguró que habían desvirtuado unas protestas que, en su conjunto, transcurrieron de manera pacífica.

Los incidentes no se limitaron a Fráncfort. En Colonia, donde tuvo lugar una de las mayores manifestaciones, la policía utilizó cañones de agua para dispersar a una multitud después de denunciar ataques contra agentes con fuegos artificiales.

En Berlín se registró el lanzamiento de botellas y huevos, mientras que en Hamburgo algunos grupos levantaron barricadas y les prendieron fuego. En determinados puntos, la policía utilizó gas pimienta para dispersar a los participantes en los disturbios.

Las protestas de este fin de semana evidencian un descontento social compartido en las dos mayores economías de Europa, aunque con contextos políticos y sociales diferentes.

En Francia, el movimiento ha adquirido una dimensión nacional y reúne a estudiantes, sindicatos y sectores surgidos de anteriores protestas contra el sistema y el costo de vida. La violencia de los últimos fines de semana ha elevado la presión sobre el Gobierno de Macron en un momento de fragilidad económica y política.

En Alemania, las movilizaciones lideradas por jóvenes también reflejan preocupaciones por la educación y el encarecimiento de vida, pero los disturbios en Fráncfort y otras ciudades han desplazado parcialmente el debate hacia la seguridad y la respuesta policial.

En ambos países, las autoridades intentan separar las protestas pacíficas de los grupos que protagonizan actos de violencia. El desafío será contener nuevos disturbios sin convertir la respuesta de seguridad en un factor adicional de tensión para movimientos sociales que, por ahora, siguen movilizando a decenas de miles de personas en las calles europeas.

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