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Cierra un curso escolar, pero… ¿a qué precio?

Tal vez la etapa docente que concluye ha sido la más compleja en décadas. Los efectos del cerco energético genocida de Estados Unidos caen con su fuerza demoledora sobre estudiantes, profesores y las familias cubanos. Apostaron también por truncar la vida en las aulas de esta nación; sin embargo, volvieron a chocar con el empeño, la hidalguía y el esfuerzo que nos caracteriza

 

Autor:

Alejandra Cuadras Marrero

 

En medio del bullicio, en la capitalina secundaria básica Manuel Bisbé Alberni, entre conversaciones y rutinas que marcan el cierre de un curso escolar, los estudiantes de 9no. grado se preparan para culminar una etapa decisiva en sus vidas, marcada ahora por nuevas expectativas y también por obstáculos cotidianos.

Sergio Manuel González Martínez es de los muchachos que se alistan con responsabilidad en ese empeño. Sabe que el apoyo de sus compañeros, de los profesores y la familia ha sido decisivo porque, como confiesa, «fueron meses muy duros por las actuales condiciones del país, pero en los que no se ha dejado de dar clases».

Él es ejemplo de ese esfuerzo, pues su sueño era obtener una plaza en el Instituto Preuniversitario Vocacional de Ciencias Exactas (Ipvce) Vladimir Ilich Lenin. Eso sí, reconoce, «estudiar para alcanzar el objetivo no ha sido fácil», porque ha sufrido las limitaciones que impone un cerco energético como el que atraviesa nuestro país.

No exagera ni un ápice a sus 15 años. «Hubo días en los que tuve problemas con la asistencia por el tema del transporte para llegar a la escuela. Gracias a mis profesores y amiguitos, pude mantenerme al día con los contenidos», dice.

No fue solo él. Asegura que la mayoría de sus compañeros se afectaron, por lo que hubo que flexibilizar los horarios docentes. «Esa situación provocó la pérdida de algunos turnos de clases, aunque finalmente se lograron completar todas las asignaturas».

Lo cierto es que el curso escolar llega a su fin y, con él, se abre un espacio de reflexión sobre lo vivido en las aulas cubanas, en medio de un año tan difícil como desafiante, sobre todo, por el recrudecimiento del bloqueo del Gobierno de Estados Unidos a niveles nunca antes vistos.

Lo alertaba también Anne Lemaistre, directora de la Oficina Regional de la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura en La Habana, quien, al valorar esta situación, señaló que las limitaciones actuales afectan la asistencia de estudiantes y docentes, dificultan el aprendizaje y alteran la vida social de los adolescentes, con consecuencias que podrían comprometer el futuro de toda una generación.

El más retador

«A puro corazón, voluntad y entrega se ha podido culminar, con sus adecuaciones, el curso», comenta María Valentina Oliver Ferrán, directora de la secundaria básica Manuel Bisbé Alberni, quien reconoce que este período lectivo va siendo el más retador en sus años como docente. «Si algo debemos ponderar es la calidad humana que aún nos sostiene».

Y lo dice al referirse a un claustro de maestros y alumnos que van a la institución mientras sufren apagones en casa y se enfrentan a múltiples carencias. En esta secundaria básica, por ejemplo, hay una profesora que recorre más de 14 kilómetros para llegar todos los días al aula, y, además, imparte dos asignaturas claves: Matemática y Física, porque la escuela no tiene completa la cobertura docente. El desafío es inmenso, pero aun así la preparación académica se mantuvo intacta.

Sergio Manuel lo agradece y asegura que se sintió respaldado por sus profesores, gracias a la formación sólida que recibieron. Por su parte, Melanie Ramírez —quien desde septiembre tenía claro que optaría por el Ipvce y comenzó a prepararse con disciplina— reconoce, en particular, el apoyo de la directora de la escuela, quien imparte Geografía, asignatura por la que logró obtener la plaza por concurso.

Aunque las pruebas de ingreso al pre de Ciencias Exactas fueron suspendidas, afirma que no dejó de estudiar. «Me preparé con la idea de que los aprendizajes no son solo para un examen, sino para la vida».

Sin embargo, la joven reconoció que la incertidumbre sobre los cambios en las evaluaciones generó preocupación entre los estudiantes, y obligó a replantearse la manera de estudiar. Para ella, este cierre del curso escolar no significa «un punto final, sino un paso hacia nuevas responsabilidades académicas».

Desde la familia

Las inquietudes no se quedan en las aulas. En casa, los padres también han tenido que acompañar a sus hijos en medio de las dificultades, redoblando la complementariedad docente. Tania Olivera Batista, madre de una alumna del centro, reconoce que el cierre del curso escolar «no ha tenido el final que hubiéramos querido».

No obstante, insistió en que lo fundamental es asumir el reto y buscar soluciones. En estos tiempos «toca acercarse más a los hijos, fortalecer la comunicación con los maestros y aprovechar las herramientas disponibles, como las redes sociales y los grupos de WhatsApp».

Su mayor preocupación ha sido que los muchachos pierdan el interés por aprender, pues la secundaria básica y la adolescencia son una etapa compleja. Tras su experiencia en este curso escolar, demanda mayor integración de esfuerzos y voluntades entre padres, maestros y estudiantes, porque solo así podrá garantizarse que los alumnos pasen de grado con una preparación sólida.

Trabajar desde la individualidad

Por tercera ocasión se realizan ajustes de esta magnitud para la etapa final del curso escolar, y aunque hay algunas políticas que han sido aplicables a todo el país en sus conceptos principales, el modo en que se ha tenido que implementar es muy diverso, no solo de los niveles y tipos de educación —que son muchos— sino, sobre todo, la individualidad de cada persona y cada institución.

En diálogo con este diario, Yaritza Creach Martínez, directora general de Educación Básica del Ministerio de Educación, detalló que la situación que atraviesa el país llevó a que muchos profesores tuvieron que trasladarse a instituciones más cercanas a sus hogares o recorrer largas distancias para garantizar las clases, lo que implicó reorganizar horarios y asumir un esfuerzo adicional.

La funcionaria explicó que, una vez dentro del preuniversitario o de la enseñanza técnica, los estudiantes que terminan su secundaria básica tendrán la oportunidad de reforzar contenidos que no pudieron trabajarse en profundidad durante esta etapa.

Asimismo, expuso que se decidió no realizar las pruebas finales tradicionales, dando mayor peso a la evaluación sistemática y a los trabajos prácticos. Para quienes deseen subir sus notas, se tomaron en cuenta seminarios y trabajos prácticos; en el caso de los alumnos desaprobados, se organizaron pruebas extraordinarias adaptadas a sus dificultades específicas, con acompañamiento docente.

Con esas decisiones que responden a una «evaluación humana profunda y sensible», coincidió la Directora de la secundaria básica Manuel Bisbé, quien detalló que la escuela se ha mantenido abierta no solo para atender el aprendizaje en el aula, sino también para impulsar tareas de impacto social en la comunidad.

«El curso escolar cierra en condiciones difíciles, pero el trabajo colectivo ha permitido mantener la continuidad del aprendizaje; se ha flexibilizado, sin renunciar a la exigencia. Ha significado más esfuerzo para nuestros alumnos, también para los docentes, pero el compromiso con nuestros niños y adolescentes, sus familias y la escuela se mantiene intacto».

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