Una noche más Kylian Mbappé guió con sus goles al Real Madrid al éxito en la liga española de fútbol. Autor: Diario As Publicado: 13/09/2026 | 08:31 pm
La del sábado fue una noche de claroscuros. El Real Madrid goleó 4-1 al Rayo Vallecano en la quinta jornada de La Liga EA Sports, pero lo hizo con dos caras tan distintas que la grada, al final, no supo si aplaudir o silbar. Los blancos, dirigidos por José Mourinho, estaban obligados a mostrar fiabilidad y puntería después de la derrota ante el Betis y de la sufrida victoria ante el Inter en Champions. Y vaya si lo hicieron… durante 45 minutos.
La primera parte fue un vendaval blanco. Kylian Mbappé, que había fallado un penalti en La Cartuja, se rehizo desde los doce pasos en el minuto 14 tras un derribo sobre Álvaro Carreras, engañando a Audero con una calma de verdugo. Tres minutos después, el francés devolvió la pared a Carreras, quien definió de zurda al primer palo para el 2-0. El tercero llegó al 35’: Vinícius, eléctrico como un relámpago por la derecha, sirvió atrás y Jude Bellingham, apareciendo desde la segunda línea como un fantasma, colocó el balón junto al palo izquierdo. El Bernabéu, que venía de días de ruido y silbidos, se permitió sonreír. Diomande, la gran novedad de Mourinho —125 millones de euros que por fin entraban en un once inicial—, dejó destellos de su calidad, aunque pasó casi desapercibido.
Pero el fútbol, como la vida, rara vez es lineal. Tras el descanso, el Madrid se durmió. El Rayo, que había sido tan atrevido como inocente en la primera parte, encontró el premio a su osadía en el minuto 50: Vinícius perdió un balón, y Sergio Camello, cruzando un disparo que se coló entre las piernas de Konaté, batió a Courtois. El gol fue un jarro de agua fría. Los franjirrojos, conscientes de que el gigante había bajado la guardia, empezaron a merodear el área blanca con peligro. Courtois tuvo que emplearse a fondo ante Pedro Díaz y Tsitaishvili, y el Bernabéu, que minutos antes cantaba, volvió a murmurar. Los silbidos, esos que sonaron con fuerza tras el Inter, reaparecieron como un eco incómodo.
Mourinho, desde la banda, no daba crédito. Su equipo, que había sentenciado el partido en 120 segundos de inspiración, lo estaba dejando abierto por pura desidia. Los cambios llegaron, Güler entró para apagar el incendio, y el Madrid recuperó algo de aire. Pero la sensación de fragilidad quedó flotando en el ambiente. Mbappé, que había enviado un remate al poste antes del descanso, cerró su doblete en el tramo final para sellar el 4-1 y devolver la calma a un estadio que ya no sabía qué sentir. El francés, con su sonrisa de depredador, suma ya números de leyenda.
Al final, el marcador dice 4-1 y la clasificación coloca al Madrid con 12 puntos, igualado provisionalmente con el Barcelona en la cima. Pero las crónicas no se escriben solo con números. El Bernabéu, que ha visto pasar a Di Stéfano, a Raúl y a Cristiano, exige algo más que victorias: exige dominancia, exige hambre, exige que el rey no se conforme con una corona a medias. Este sábado, Mbappé y los suyos firmaron una goleada que supo a gloria en la primera parte y a advertencia en la segunda. Y la grada, como un juez implacable, ya ha dejado claro que el próximo derbi ante el Atlético no admitirá susurros. El Rey Blanco ha vuelto a ganar, pero los contrastes siguen a la orden del día.
