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El gallo londinense es el rey del cero

Cuatro jornadas, cero goles y casi 400 millones de euros invertidos: el Tottenham de De Zerbi se ha convertido en el club más caro del silencio

Autor:

Ruben Darío García Caballero

Hay un gallo en el norte de Londres que ha olvidado cómo cantar. El Tottenham Hotspur, equipo que en verano se llenó los bolsillos de ambición y los vació en fichajes, ha completado las cuatro primeras jornadas de la Premier League sin marcar un solo gol. Cuatro partidos, dos puntos, cero tantos: el registro más aciago de su historia en el arranque liguero. Tras el empate 0-0 ante el Everton en el Tottenham Hotspur Stadium, el marcador no solo reflejó la impotencia ofensiva, sino que firmó el primer 0-0 jamás registrado en ese estadio, rompiendo una racha de 140 partidos sin un empate sin goles en el nuevo feudo spur. El gallo londinense, otrora símbolo de orgullo y pelea, es hoy el rey del cero.

El verano había prometido un cambio de piel. El club desembolsó cerca de 400 millones de euros en una decena de incorporaciones: Sandro Tonali por 108 millones, Mateus Fernandes por 99, Savinho por 88, Jan Paul van Hecke por 60, más los llegados como agentes libres o cedidos —Robertson, Senesi, Dúbravka, Marmoush, Mudryk—. La apuesta era monumental, casi temeraria, después de un curso en el que el equipo se salvó del descenso en las últimas jornadas. La directiva entregó a Roberto De Zerbi las llaves del reino y el control total de la política de fichajes, una decisión que algunos ya califican de precipicio. «Todos estos fichajes se han hecho por cantidades excesivas por el capricho de un solo hombre», advirtió el comentarista Alex Crook, augurando un desastre

Y es que los resultados no llegan, y el problema tiene un nombre incómodo: la portería rival. Ante el Everton, el Tottenham disparó 14 veces, pero solo dos tiros fueron a puerta, acumulando un xG de 0.64 frente al 1.17 del rival. No es un accidente aislado: en el empate previo ante el Nottingham Forest, el equipo no logró ni un solo remate a puerta, algo que no le sucedía en liga desde hacía más de cuatro años. Los números, como un aguijón, aprietan: 407 minutos sin marcar en la Premier League, y el último gol en liga se remonta al 24 de mayo, en la última jornada de la temporada pasada. La sequía ha cruzado el verano como una maldición. Delante de Pickford, los delanteros spurs parecen hombres que han olvidado el camino a la red: disparan al cielo, al palo, a ninguna parte.

El Tottenham Hotspur Stadium se ha convertido en un escenario de desesperación silenciosa. Los abucheos al pitido final ante el Everton retumbaron como un reproche sordo, y una aficionada levantó un cartel que resumía el sentir colectivo: «Marquen un gol». Hasta una pizzería se burló en redes sociales, afirmando haber entregado 489 millones de pizzas desde la última anotación de los Spurs en liga. El gol se ha vuelto un objeto extraño, casi mitológico, en el norte de Londres. De Zerbi, el hombre al que se le entregó el poder absoluto, ve cómo su proyecto, costoso y ambicioso, se desdibuja jornada tras jornada. «No se puede construir un equipo de inmediato», se defiende, pero el fútbol rara vez tiene paciencia con los silencios prolongados.

El gallo londinense es hoy el rey del 0. Un monarca de la nada ofensiva, un equipo que gastó como un gigante y marca como un fantasma. La Premier League no espera a nadie, y menos a quien se ha puesto la corona del ridículo con semejante inversión. El Tottenham tiene plantilla, tiene entrenador, tiene estadio, tiene dinero. Lo único que no tiene es gol. Y sin gol, en el fútbol, hasta el gallo más ruidoso termina por enmudecer.

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