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El tiburón muda sus mordidas a París

Ferran Torres abandona el Barcelona tras cuatro años y medio de luces y sombras

Autor:

Ruben Darío García Caballero

Existen dos grupos de futbolistas: los que nacen para ser queridos y los que nacen para ser discutidos. Ferran Torres, el tiburón de Foios, pertenece a esa segunda estirpe. El Barcelona y el Paris Saint-Germain alcanzaron un principio de acuerdo para el traspaso del delantero valenciano por una cantidad cercana a los 50 millones de euros, cerrando así un ciclo de cuatro temporadas y media en el que el delantero dejó 65 goles en 207 partidos, pero también la sensación de que el Camp Nou nunca fue del todo su hogar.

Llegó en enero de 2022, en uno de los momentos más delicados del Barça en los últimos años, como el primer gran dispendio de la junta de Laporta tras el adiós de Messi. 55 millones de euros fijos más diez en variables que nunca se cumplieron. Un precio desorbitado para un chico de 21 años que aún tenía todo por demostrar. Y desde entonces, su carrera en el Camp Nou fue una montaña rusa de sensaciones encontradas.

Los errores de cara a puerta y algunas sequías goleadoras quedaron más en la memoria barcelonista que sus cifras. Nunca fue titular indiscutible, siempre a la sombra de Robert Lewandowski, y su rendimiento fue demasiado irregular a pesar de ser una apuesta clara de Xavi Hernández. La afición nunca coreó su nombre. Pero el tiburón siempre tuvo algo que ofrecer. Marcó goles icónicos, como el del 0-4 en el Bernabéu, el que clasificó al Barça para la final de la Copa del Rey, y el que forzó la prórroga ante el Real Madrid en la final. Con la llegada de Hansi Flick, su papel como delantero centro se hizo más constante y firmó su mejor temporada: 21 tantos, 16 de ellos en Liga.

Pero fue en la selección donde Ferran encontró su redención. En la final del Mundial de 2026, ante Argentina, en el minuto 106 de la prórroga, anotó el único gol que dio a España su segunda estrella. El gol que lo convirtió en héroe nacional. El gol que rescribió su historia.

De repente, el mismo delantero que era discutido por su falta de puntería y cuestionado cuando acumulaba errores se convirtió en el hombre del momento. Su cotización se disparó y el PSG, con Luis Enrique al frente —su exseleccionador y exsuegro—, puso sus ojos en él.

Ahora, el tiburón muda sus mordidas a París. El Barcelona, que recupera casi toda la inversión inicial por un jugador al que le quedaba solo un año de contrato, celebra un negocio redondo. El PSG, vigente bicampeón de la Liga de Campeones de Europa, se lleva a un delantero de moda que mejora su plantilla.

Y Ferran, que siempre se sintió injustamente tratado en el Camp Nou, busca en París el protagonismo y la valoración que considera que no tuvo en Barcelona. Pero el desafío es mayúsculo: en el equipo con mayor pólvora ofensiva de Europa, tendrá que pelear por un hueco entre Dembélé, Doué, Kvaratskhelia y Barcola.

El fútbol tiene estas ironías. Un gol, uno solo, puede cambiarlo todo. Puede convertir a un jugador discutido en un héroe nacional, puede disparar su valor de mercado y puede abrirle las puertas de un gigante europeo. Pero el gol no borra lo anterior.

Ferran Torres sigue siendo el mismo futbolista irregular, capaz de lo mejor y de lo peor. El tiburón ha mudado sus colmillos a París, pero el mar sigue siendo el mismo. Y en sus aguas, solo el tiempo dirá si el de Foios encuentra por fin el cariño que siempre buscó.

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