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Dúo Mango: singular presencia

La canción de autor es defendida por dos jóvenes músicos cubanos a través del fagot y la guitarra, con el ánimo de coexistir en el panorama musical contemporáneo del país

 

Autor:

Ana María Domínguez Cruz

 

La unión entre el fagot y la guitarra para regalar música no es nueva pero sí es poco frecuente encontrarla. Algunos referentes aparecen en Europa y Suramérica, asociado siempre a un repertorio clásico, por lo que disfrutar de esa simbiosis en un ámbito de creación más cercano a la canción contemporánea puede sorprender.

Es lo que sucede cuando alguien ve por primera vez a Lynnette Peña y a Diego Ríos. Jóvenes egresados del Instituto Superior de Arte luego de culminar él sus estudios de guitarra clásica y ella los del instrumento más grave de la familia de viento-madera, a la que también pertenece el clarinete, el saxofón, la flauta y el oboe, entre otros. Ambos decidieron explorar, experimentar, abrir nuevos senderos ante sus inquietudes artísticas desde la canción de autor, y desde hace un tiempo se han hecho notar en la escena musical cubana como Dúo Mango.

La propuesta es innovadora por lo peculiar, pero también porque se aleja de etiquetas y categorías prefijadas para darle fuerza a la espontaneidad que, por cierto, es lo que ha marcado su carrera desde el inicio.

«Ni yo sabía que estudiaría fagot ni Diego sospechó alguna vez que estudiaría guitarra. Ni nuestras pretensiones fueron al comienzo debutar como dúo ansioso de fama ni nos esperábamos las nominaciones y premios que hemos recibido», comentó Lynnette, quien procede de la Compañía de Teatro Infantil La Colmenita.

A ella le ofrecieron el fagot y demoró en enamorarse del instrumento, «pero ahora confieso que lo escucho en todas partes. No lo conocía y es precisamente su rareza la que me fue seduciendo. Casi nadie se ha fijado que lo escucha todo el tiempo. Ahora me gusta que, con este proyecto nuestro, salga del ámbito académico y se dé a conocer más. Los cambios de temperatura le afectan, colocarle micrófonos puede ser un tanto difícil pero basta con querer hacerlo para lograrlo».

Los padres de Diego desconocían el algoritmo a seguir para optar por las escuelas de música. «Yo acudí a unas clases de guitarra siendo pequeño y más tarde me integré a un proyecto comunitario en San Agustín, donde residía, que se denominaba la Orquesta de Guitarras Clave de Sol. Ese acercamiento vital a la música me permitió prepararme para ingresar a la academia luego de someterme a las pruebas correspondientes, y aquí estoy», dijo Diego.

Para los artistas estar nominados a Cubadisco este año fue una alegría inmensa. Foto: Cortesía de la fuente

Estar nominados a Cubadisco este año fue una alegría inmensa porque el EP que compitió en el Área de Audiovisuales, me revelan, no se hizo pensando en ese certamen sino que fue un proyecto que, aunque grabado en los Estudios 18 de Egrem, cerraba un ciclo de creación necesario en sus vidas, y que no cumplía quizá con las expectativas que un disco presentado en un evento de ese tipo conlleva.

«Nos elegimos como compañeros de vida y de trabajo, y unimos lo que cada cual llevaba a sus espaldas. Diego ya componía canciones mientras estudiaba y yo realmente no deseaba alejarme del fagot. Logramos mantener la esencia individual y al mismo tiempo, concebimos una propuesta singular, no tan apegada a la música clásica.

«Todo se logró como un juego, como un camino que deseamos transitar sin pensar en etiquetas o perfiles. De hecho, que nos inviten a eventos como Longina canta a Corona, junto a los trovadores, no nos genera un conflicto porque nos conecta con la canción, con las historias que contamos a través de las canciones, aunque la trova se asocia a una manera específica de hacerlo», afirma Lynnette.

Comenta Diego que «existen otros espacios no tan trovadorescos, en los que nos vinculan al pop, por ejemplo, o a la canción contemporánea, y de cualquier manera nos sentimos bien porque catalogar nuestro trabajo no es lo fundamental sino hacerlo, partir de disímiles referentes y compartirlo.

El EP, Mayo 26, nominado a Cubadisco, está conformado por canciones que se dedicaron uno al otro. «Ese día cambiamos la relación de amistad que teníamos por la amorosa que tenemos hasta ahora. Es un proyecto muy personal que se nutre del deseo que un día tuvimos de grabar canciones, con un video por cada tema. También pueden verse como un todo, porque una canción es referencia para la otra», precisaron.

Ganadores de la Beca Lázaro García de la Asociación Hermanos Saíz en coordinación con el Instituto Cubano de la Música y el sello discográfico Bis Music, Lynnette y Diego trabajan en una nueva producción discográfica, apoyada por esta iniciativa que potencia y promueve el trabajo de jóvenes cantautores en el país.

«Nuestro productor es Cristopher Simpson y estamos muy contentos con el resultado del primer tema, lo cual nos ha demostrado que ha sido acertada nuestra elección en su casa porque puede llevar nuestra música a otro nivel con su experiencia como productor musical», puntualiza Diego.

«Agradecemos la acogida del público y de los trovadores, quienes nos han recibido en sus entornos de una manera preciosa. No nos propusimos revolucionar con nuestro formato el escenario de la canción, sencillamente coexistimos con nuestra propuesta», asegura Diego.

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