«El venidero día 21 ofreceré mi concierto de graduación en el Centro Hispanoamericano de Cultura, a las 2 de la tarde», dijo el cantante Autor: Juventud Rebelde Publicado: 16/05/2026 | 03:37 pm
A Yoandri Castro Max lo conocemos en el entorno artístico como Max Max. Integrante de orquestas de música popular bailable, y apostando por el canto lírico, se nos presenta ahora en Cubadisco 2026 con tres nominaciones para su álbum A media Luz, al amparo de su disquera Mayimba Music, precedido por El bar de Paco, un disco de salsa editado por Tumi Music.
—¿Necesitabas este álbum?
—A veces uno no planifica las cosas. Ciertamente siempre anhelé un álbum así. Desde chiquito los caminos de la música me llevaron por varios lugares, y tuve la oportunidad de pertenecer a orquestas de música popular, de música bailable, pero siempre mi esencia fue esta, esta forma de hacer la música.
«A media luz llegó en un momento realmente inesperado gracias a un gran hermano que se llama Pedro Jesús, uno de los grandes compositores y cantantes cubanos. Él fue el puente con mi disquera en un momento en que no lo esperaba. Fue una llamada que se convirtió en un sueño.
«A nivel internacional ha sido muy bonito lo que ha sucedido hasta la fecha con el álbum, varios conciertos en República Dominicana y pronto en México. La disquera ha hecho un excelente trabajo y estoy muy agradecido por eso. En Cuba, la dicha de saberlo nominado en tres apartados, me hace muy feliz.
«Realmente los temas que conforman el álbum no son totalmente recientes. Algunos tienen diez años y lo que más me gustó es la confluencia de varios estilos y géneros, en algunos casos impensable al principio por mí, como sucedió con Amor de tres, que la propia presidenta de Mayimba Music me sugirió que lo hiciera fusionando el flamenco con el pop.
«Una canción a La Habana, Me diste todo, La estufa, Mi corazón y yo, No entendí esa parte, Fue a primera vista, Arréglate, Encrucijada y Un sueño final se suman a la lista de los títulos que conforman A media Luz. A mí me gusta mucho la fusión, unir y mezclar varios géneros, porque es como pintar un cuadro con muchos colores. La música te entrega un poder, y una canción puede haber surgida de una manera y luego mutar».
—Es el primer álbum en el que asumes los arreglos y la producción musical…
—Eso sí. Es un desafío que como artista se necesita. Y también fue un compromiso grande. Hice los arreglos de ocho de los diez temas y la producción musical total. Fuera de eso, hay mucho de mí en el disco. Ya sabes que uno escribe siempre sobre lo que vive o sobre lo que alrededor conoce.
«En estas canciones está mi esencia, las raíces de la música que yo escuchaba, de las historias que he tenido, pero también de historias paralelas, amigos que te cuentan sus historias y eso se queda como un archivo y entonces de pronto empiezas a escribir una canción».
Max Max se alegra de haber contado con invitados excepcionales. Juan Kemmel en la trompeta y el fliscorno, el laudista Roldán Carballoso, la safonoxista Marti Cuevas, el dominicano Wasson Brazobán y el español Aimar Habibi.
—¿Abandonas o postergas tu faceta desde la música popular bailable?
—Uno siempre agradece haber cursado por varios lugares porque eso te forma para luego decidir por dónde transitar. Considero además que una de las cosas más importantes que tiene un ser humano es la sencillez y la disciplina.
«Haber integrado Tomezclado, Chispa y los cómplices, la orquesta de César Pupy Pedroso, la orquesta de Aníbal Bravo en República Dominicana… eso es inolvidable para mí, pero con este álbum quise hacer música para que se escuche, aunque la cadencia del cuerpo puede dejarse fluir».
—¿Cuál fue la gran expectativa que pusiste en este disco?
—Entre tanta música que hay en el mundo, y en medio de las preferencias elegidas por los públicos hoy, apostamos por un disco tranquilo, como para escuchar después de bailar dos piezas y estar bien sudado. En eso pensamos y por eso pienso que, al cabo del tiempo, puede trascender, como aquella música de décadas pasadas, que sigue escuchándose.
«Quiero que se perciba transparencia, tranquilidad, nostalgia. Quiero que la gente tenga esos momentos encontrados, esos recuerdos, cada vez que escuchen una canción, y que se puedan identificar con alguna de las letras».
—Comenzaste hace años el sendero del canto lírico… ¿En qué punto de ese camino estás?
—Gracias por preguntar. Efectivamente comencé a estudiar canto lírico en el año 2000 y hace tres años volví a la Universidad de las Artes para concluir la carrera que había interrumpido. Se lo debo a la excelentísima profesora, pedagoga y musicóloga María del Rosario, como cariñosamente le decíamos, María Rosa. Me instó a que me presentara y me examinara, y retomé los estudios a partir de tercer año. Hoy le agradezco también a mi profesor Ubail Zamora, por su dedicación y entrega.
«El venidero día 21 ofreceré mi concierto de graduación en el Centro Hispanoamericano de Cultura, a las dos de la tarde. Será, como debe ser, un concierto clásico, en el que interpretaré arias de ópera, canciones cubanas, zarzuelas. Desde Puccini, Mozart, Händel, Schubert hasta Rodrigo Pratt, por solo mencionar algunos. Las óperas a mí me encantan y quiero hacer, próximamente, una mezcla de todo lo que he defendido hasta ahora. Me gustaría».
—Ha pasado el tiempo y crece el orgullo de tu familia, que siempre te imaginó más allá de tu campo natal…
—Sí, estoy muy feliz, estoy agradecido siempre con Dios y con la vida, con mi familia, con toda la gente que siempre me ha ayudado desde el principio, porque todo el mundo siempre tiene que ver en cada escalón que un artista o que alguien pisa o sube. Encontramos mucha gente involucrada que no se ve, como las que están detrás de cámaras, que son posiblemente tan importantes o más importantes, porque uno es el resultado, pero hay mucha gente trabajando».

