Nelita se ganó la admiración de todos con su profundo trabajo en aras de que el humor televisivo no fuera solo entretenimiento, sino también un reflejo crítico de la realidad social cubana. Autor: JAPE Publicado: 04/06/2026 | 07:55 pm
—¿Cómo llegas a trabajar de asesora de programas humorísticos de la televisión cubana y qué significó para ti esta experiencia?
—Llego a la televisión porque, cuando decidí trabajar como asesora, ya llevaba catorce años investigando, o sea, acercándome al estudio de este género desde la investigación social. Me di cuenta que necesitaba imbricarme con la práctica en la realización de este género en la televisión, porque no es igual la visión que se tiene desde la indagación pura a cuando puedes vincularte con la práctica. La posibilidad de introducir los resultados de la investigación en productos comunicativos concretos y enriquecerlos con la visión de la realización, hacía más rico, más profundo y más atractivo el trabajo que desempeñaba.
«Desde el primer momento que empecé a trabajar como asesora, tuve la posibilidad de introducir los resultados del trabajo de más de diez años de investigación, que había hecho yo misma, en la práctica de la programación de la comicidad en la televisión, de una manera mucho más objetiva y más dinámica, que esperar por el proceso convencional, más formal, de introducción de los resultados. Además, con la visión que me daba el hecho de ser teatróloga, tenía la oportunidad de hacer el análisis de los guiones, y tener otro vínculo práctico con la realización. Me pareció mucho más interesante trabajar desde las dos aristas: mantenerme haciendo investigaciones, y acercarme a la práctica como asesora, trabajando en todo el proceso de producción de los programas y conociendo, después, la repercusión que tenían estos espacios en los públicos. Lograba un trabajo mucho más completo, más integrado».
—¿Cuáles fueron los resultados, positivos y negativos, que te trajo esta experiencia novedosa en aquel momento?
—Las cosas positivas fueron las más notables porque tenía la posibilidad, desde el conocimiento de la investigación social, de introducir estos resultados en la práctica. No es igual, cuando tú le das a un director tu valoración personal desde la asesoría, a cuando esta valoración está sustentada por el conocimiento de cómo funciona este tipo de programa en los públicos. Constituía un respaldo muy grande. Desde este trabajo, objetivamente, pude acompañar el tránsito de programas que empezaron con muy bajo índice de teleaudiencia e ir introduciendo los resultados de la investigación, en conjunto con el equipo de realización: el director, los actores, los guionistas… y modificar los resultados de estos espacios, en cuanto a índice de popularidad y aceptación en los públicos. Lograr, con varios programas humorísticos, la transición de bajos índices de teleaudiencia y gusto, a ser espacios muy aceptados por la población, además de incrementar su calidad artística, fue un resultado muy alentador.
«El nivel de satisfacción fue muy alto. Tuvimos una etapa de florecimiento del humor en la televisión cubana, en la década de los noventa, donde llegamos a tener cinco programas humorísticos al aire, que alcanzaron altos índices de teleaudiencia y aceptación. Pasamos de analizar resultados de la investigación, los cuales decían que los públicos valoraban de muy mala la situación del humor en la televisión por la carencia de programas y por la pésima factura de los espacios al aire, a tener resultados, en los estudios de la investigación, donde los públicos consideraban que había una gran evolución en el humor. Contábamos, casi, un programa diario, en la semana, con propuestas diferentes que satisfacían una alta gama de interés en los televidentes. Fue una gran satisfacción para mí contribuir a que el estado de opinión, que había sobre el humor, tuviera un cambio positivo.
«Las insatisfacciones son las de siempre. Cuando haces este trabajo con un colectivo de realización, encuentras un poco de resistencia, sobre todo cuando no te conocen. Cualquier elemento de juicio que no coincida con los criterios de las personas que están al frente de un proyecto, hacen un poco de ruido sobre todo cuando las opiniones son negativas. Si le dices que lo que están haciendo es genial, todos están felices; pero, no así, cuando le señalas imperfecciones. También pasa con la investigación: si arroja que los parámetros están bien, todo el mundo se pone contento. Tiene que pasar un periodo largo de tiempo en que las personas logren conocerse e interiorizar la importancia de este trabajo, y que tu intención es que el programa salga muy bien. Hay muchos prejuicios con los asesores de la televisión, con las investigaciones; y si a eso le sumas lo subvalorado que es este trabajo, desde todos los puntos de vista, del más espiritual hasta el económico, te das cuenta que aún nos queda mucho camino que recorrer».
(Fragmento de la entrevista realizada a Nelia Casado en 2014, para el proyecto de la serie audiovisual Vivir y morir de la risa).
Nelita, asesora y analista clave de la televisión cubana
Nelia Casado es una destacada promotora cultural, investigadora y teatróloga cubana, conocida por su estrecho vínculo con la televisión cubana. Entre sus contribuciones más reconocidas, se destaca su rol como asesora y analista clave en la creación de exitosos espacios humorísticos.
Se desempeñó en áreas de redacción de dramatizados y ha colaborado estrechamente con destacados directores, actores y guionistas cubanos. Su labor va más allá de un solo programa, vinculándose a la promoción y análisis del teatro cubano y otros proyectos televisivos.
Nelia comenzó a vincularse, de manera formal, con el asesoramiento de programas y la televisión, en la década de los años 90. Antes de ser asesora, comenzó su carrera en el Instituto Cubano de Radio y Televisión, trabajando, durante 24 años, en el Centro de Investigaciones Sociales (CIS).
Sus encuestas, estudios de audiencia y su participación activa en los talleres Caracol de la Uneac, causaron gran impacto, antes de transitar de la investigación social pura hacia la asesoría directa de los creadores y guionistas.
Su rol tomó un protagonismo definitivo en los programas cómicos más exitosos al estilo de Punto G, ¿Jura decir la verdad?, Vivir del cuento… entre muchos otros, aportando análisis teóricos y dramatúrgicos para que el humor televisivo no fuera solo entretenimiento, sino también un reflejo crítico de la realidad social cubana.
Actualmente trabaja, junto a su esposo y director de programas humorísticos, Ignacio Hernández, en el espacio audiovisual La risa por delante, que se realiza en el proyecto Nave de oficio, que dirige el reconocido actor Osvaldo Doimeadiós.
