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Poeta de la agroecología

Víctor Domínguez Rodríguez es un joven campesino de Velasco, territorio del municipio holguinero Gibara. Además, de la tierra, trabaja con meticulosidad la literatura, lo que le merece el premio de ser miembro de la Asociación Hermanos Saíz. Conozca sobre su quehacer en esta entrevista

Autor:

Reynaldo Zaldívar Osorio

Velasco es una tierra de mucha tradición agrícola. La zona se ha ganado el prestigio de dar a la provincia plátanos y especias de calidad. Además, se le conoce como el granero de Cuba debido a la destreza de sus campesinos en el cultivo del frijol y otras leguminosas. Es, además, un lugar donde la literatura florece, aportando nombres de reconocida trayectoria como Agustín Ramón Serrano y Gilberto (Pucho) Cruz.

En un terreno de cinco hectáreas donde se produce viandas, granos y hortalizas mediante técnicas agroecológicas, un joven llamado Víctor Domínguez Rodríguez predica, como si de un evangelio santo se tratara, las técnicas de cultivo sin daño al medio ambiente, usando como principal instrumento la décima tradicional.

Llegué a la agroecología por una necesidad. Me estuvieron tratando muchísimos años por infertilidad, pues no podía tener hijos. En esas investigaciones, el doctor me preguntó si yo utilizaba productos químicos en los ajetreos del campo. Y resulta que mi padre, desde que yo era un niño, usaba productos químicos para fumigar y fertilizar el campo. Me crié absorbiendo todos esos productos letales.

Entonces me dije: ¿qué hacer? ¿Qué alternativa buscar para seguir haciendo agricultura, pero también para poder tener mi familia? Me puse a investigar y encontré la variante de la agricultura ecológica. Desde el momento en que empecé a practicarla, sentí que mi cuerpo experimentaba una desintoxicación. Al cabo del tiempo, el esfuerzo arrojó el bello y anhelado resultado: pude tener por fin a mi hija.

Tenemos una finca de referencia, donde van personas a preguntar, a ver con sus propios ojos cómo nuestras producciones son iguales o mejores que las de ellos. La agroecología es un trabajo de constancia, de mucha paciencia y cultura. No se puede hacer las cosas bien si no se tiene dominio de ello. De ahí que las buenas empresas exijan una superación constante.

Cuando le aplicas un producto químico, es cierto que la planta se pone linda y da un fruto hermoso, pero el resto de esos productos enferman el suelo. Sin embargo, cuando aplicas un producto orgánico —estiércol, guano de murciélago, humus de lombriz, por solo mencionar algunos— eso va enriqueciendo el suelo. Ese cultivo se beneficia, pero el que viene detrás se sigue beneficiando. ¡Y qué decir de nosotros, los que consumimos el fruto de la cosecha!

Uno de los parámetros fundamentales de la agroecología es no hacer monocultivo, es decir, intercambiar cultivos de manera que en un pequeño espacio de tierra puedas llegar a tener dos o tres cultivos que le saquen el máximo provecho a la tierra. Es una bendición.

Durante los días 17 al 23 de noviembre del año 2025, se desarrolló el 9no. Encuentro Internacional de Agroecología, Soberanía Alimentaria, Educación Nutricional y Cooperativismo en el Centro Nacional de Capacitación de la Asociación Nacional de Agricultores Pequeños Niceto Pérez García, en Mayabeque, con la participación de 121 representantes de 16 países.

Tuve la oportunidad de asistir a ese importante evento. Fui específicamente a presentar mi libro Agroecología en décimas, pero también como productor. En ese evento pudimos intercambiar experiencias, exponer trabajos de todas las provincias del país y de los países que integraron el encuentro, además de visitar fincas agroecológicas. Sobre todo, nutrirnos del conocimiento de los demás.

Agroecología en décimas es un libro que me abrió muchas puertas. Es un libro técnico, pero también literario, porque está escrito en décimas, una estrofa muy querida y conocida en nuestro país; por algo es la estrofa nacional. Enseña sobre agroecología de una forma dinámica, más “pegajosa”, por decirlo de alguna manera. El campesinado lo lee y va aprendiendo estos temas a través de las décimas. Es un medio de enseñanza, una manera de acercar el conocimiento y la literatura al campesinado.

Una editorial mexicana mostró mucho interés cuando vio el contenido, porque en otros países de Latinoamérica fomentan la agroecología con mucha eficacia y consideraron que sería un libro factible. Envié el material, el consejo editorial se reunió y a los tres días tenía respuesta de que había sido aprobado para publicar. El libro salió a la venta y se ha distribuido por varios países de habla hispana. Es muy consumido por personas vinculadas con la tierra. Además, tuve la posibilidad de presentarlo al primer ministro cubano Manuel Marrero en una de sus visitas a Gibara, quien mostró gran interés en él. Eso me llenó de orgullo.

Del evento recuerdo con agrado la visita a las fincas. A todo campesino le gusta ir a un evento para llenarse las manos de tierra, de lo que sabe hacer. Pude hacer con mis manos, aprender junto a ellos su modo de agricultura, conocer muchas cosas que me eran ajenas. Llevo ocho años practicando agroecología, pero en ese evento aprendí muchísimo. Sobre todo, de la delegación colombiana: los colombianos tienen un modo de agroecología que me llamó mucho la atención, más pura aún. Eso fue lo que más me impresionó, y ellos me dieron pie para escribir lo que será la segunda parte de este libro, que ya está en proceso.

Desde los 11 años escribe, no sólo décimas, sino también narrativa y material investigativo. Víctor es, además, miembro de la Asociación Hermanos Saiz (AHS), una organización de probado prestigio que en Cuba agrupa la vanguardia juvenil artística y literaria.

La AHS es una familia. Era uno de mis sueños pertenecer, pero quizás la geografía donde siempre he estado y de donde nunca me he querido ir —por mi arraigo a las tradiciones familiares y donde crecen mis proyectos personales— me habían impedido hacerlo antes. Aunque soy de Holguín, pertenezco a la AHS de Granma, debido a que la familia de mi esposa es de allá y voy con frecuencia. Además, porque ya había realizado algunas investigaciones referentes a la décima en ese territorio y siento una cercanía familiar con su gente.

La Vía Campesina es una organización internacional que coordina acciones a favor de pequeños agricultores, campesinos, mujeres y jóvenes rurales y comunidades indígenas. Fundada en 1993 en Mons, Bélgica, y con sede en Yakarta, representa a más de 200 millones de campesinos en 81 países, defendiendo proyectos que fomenten la agricultura familiar y sostenible.

Ahora trabajo en mi segundo libro, que es una propuesta de la Organización La Vía Campesina, que me propuso ampliar la visión hacia lo que hacen con la agroecología en otras partes de Latinoamérica. El libro me tiene ocupado, y siento que el resultado puede ser muy positivo.

Víctor sonríe con facilidad y la gente que le conoce da fe de su modo afable de tratar a los demás. Eso lleva a que los niños de la zona se sientan atraídos a escucharle hablar sobre cómo el medio ambiente es un todo donde nosotros, los seres humanos, somos un pedacito de la inmensa cadena que mantiene latente su esencia. Sus frecuentes talleres a niños, jóvenes y adultos han extendido la cultura de la agroecología a otras fincas del territorio, siendo de vital importancia para potenciar mejores cosechas en una época donde se hace casi imposible acceder a materiales comunes en el uso del campo y donde la naturaleza exige con altavoces que encontremos mejores métodos para extender la vitalidad de sus recursos.

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