El Torrense se convirtió en la gran sensación del fútbol europeo tras ganar la Copa de Portugal jugando en segunda división. Autor: Tomada de As Publicado: 05/06/2026 | 12:50 am
El fútbol, como artefacto narrativo que se empeña en fabricar héroes donde solo había supervivientes, ha vuelto a dictar sentencia. No hubo grandes oráculos ni casas de apuestas que presagiaran lo que estaba por venir. Porque esta temporada, entre la cirrosis de los presupuestos astronómicos y la sobredosis de los carteles galácticos, andaban unas muñecas con la sucia camisa de los modestos y, en lugar de sonrisa, una especie de mueca de incredulidad. Hace apenas dos años, cuando todavía eran la princesa de la boca de fresa, nadie las miraba. Ahora su calabaza se convirtió en carroza, y con ella llegarán hasta las pistas de las grandes competiciones europeas
En el norte de Italia, el Lago di Como siempre había sido postal de vacaciones y refugio de estrellas de cine, no cancha de fútbol europeo. Pero el Como 1907, el equipo de Cesc Fàbregas, le dio la vuelta al guion con una inteligencia pasmosa. Sin hacer ruido, el exfutbolista español construyó un equipo que acabó la Serie A en cuarta posición, acumulando 71 puntos y sellando un billete directo a la UEFA Champions League. El plantel que hace bien poco peleaba por no desaparecer, ahora camina entre gigantes. ¿Qué milagro tuvo que pasar para que los italianos amaran a este recién llegado? ¿Qué estrella del cielo tuvo que caer para que un recién ascendido se codease con los grandes de Europa? Las guerras que Cesc ha librado por tener este proyecto a su lado son las de un técnico que, lejos del ruido mediático, ha sabido convertir el lago en un fortín. Y el viaje, la próxima temporada, tendrá escala en las noches de máxima competición.
Al otro lado del canal, el Bournemouth de Andoni Iraola escribió la página más dorada de su corta historia en la élite. Las cerezas, un equipo acostumbrado a ser la víctima propiciatoria de los grandes, firmó su mejor campaña en la Premier League: más puntos, menos derrotas y, sobre todo, un puesto en la Conference League que jamás había ocupado. Los Cherries, que perdieron a parte de su columna vertebral en verano, se rearmaron con una paciencia de orfebre. Tras un inicio dubitativo, el equipo de la costa sur se consolidó en la zona noble. Porque Bournemouth, ahora sí, es una princesa de la élite, y su palacio en Dean Court, pequeño pero ruidoso, ya prepara las maletas para volar por Europa.
La historia del Sunderland merece, quizá, un capítulo aparte dentro del libro de las fábulas. Regis Le Bris tomó unos blacks cats heridos, acostumbrados a la intrascendencia y a mirar a la Premier desde la distancia del Championship. Y los subió. Vencieron al Sheffield United en la final de Wembley y devolvió el orgullo a un estadio que llevaba ocho años sin rugir en la máxima categoría. Pero lo que vino después fue de película. Sin complejos, el equipo de Granit Xhaka y Brian Brobbey se hizo fuerte en la Premier y se coló en la zona europea. Los datos son clamorosos: lideraron la Premier en puntos remontados y han firmado tablas de mérito ante Liverpool y Arsenal. Del infierno de la tercera división a las mieles de la Europa League: Sunderland ha demostrado que, cuando una cenicienta cree en los milagros, incluso el zapato de cristal puede ser una bota de fútbol.
En Francia, el Lens certificó su condición de nuevo aristócrata. Pierre Sage, al mando de un equipo que hace un año vendía a sus mejores jugadores por crisis, guió a los Sangre y Oro a la conquista de la Copa de Francia por primera vez en su historia. El 3-1 ante el Niza en la final del Stade de France fue solo la guinda de una temporada que les ha devuelto a la Champions. Por aquellos niños que sufrieron las burlas del vecino Lille, por los que bajaron al césped a protestar por la ruina y por todos los que forjaron este club en las minas, va esta copa. El Lens ya no es la princesa pobre del norte; es la reina de un estadio lleno hasta la bandera.
Pero si hay un relato que supera cualquier atisbo de ficción, ese es el del Torreense portugués. Un equipo que milita en la segunda división lusa, que lucha por ascender a la Primeira, es el primer club fuera de la máxima categoría que gana la Taça de Portugal. En el Estádio Nacional, ante un Sporting todopoderoso, los de Luís Tralhão escribieron la mayor gesta de la temporada europea. Kevin Zohi adelantó a los azules a los cuatro minutos, Luis Suárez empató para los leones, y en el minuto 113 de la prórroga, Stopira transformó un penalti para cerrar un 2-1 legendario. El milagro ocurrió en Oeiras. Y gracias a ese triunfo, el Torreense jugará la próxima UEFA Europa League. Sí, un equipo de segunda división disputará la segunda competición continental más prestigiosa. El rey de copas, de repente, parece un trono demasiado pequeño para esta cenicienta.
La temporada 2025-26 pasará a la historia como el año en que el fútbol dejó de pertenecer a los mismos de siempre. Cinco equipos, cinco historias de superación, entendieron que no es cuestión de suerte, sino de fe. Ya no buscan sonrisas de repente en un bar, ni caladas de algo que las pueda colocar. Estas princesas han encontrado su película, esa que consigue hacerles llorar de alegría en un estadio lleno. Siguen flipando cuando ven su cara en el As, aunque últimamente las cosas cambian cada vez más. Ahora, cuando silban, se paran con la gente a charlar, toman algo, sonríen y lo vuelven a tomar. Escuchan el himno de la Champions, la Conference o la Europa League, y se ponen a bailar. Han dejado atrás a aquellos príncipes azules vestidos de rico que coleccionaban fracasos.
A los pies de su cama ya no hay derrotas, solo trofeos. Y es que estas nuevas princesas, señoras del fútbol europeo, ya no le temen a nadie. Se han quitado el disfraz de cenicientas y, esta vez, el reloj no dio las doce. El baile sigue, y será europeo.
