Volver a Guiteras es siempre reencontrarse con una de las expresiones más firmes y lúcidas del ideal revolucionario cubano Autor: Archivo de JR Publicado: 08/05/2026 | 02:00 pm
En el convulso escenario político de la Cuba de los años treinta, la figura de Antonio Guiteras Holmes emergió como una de las voces más firmes y consecuentes del activismo revolucionario. Su estirpe fue de rebeldía, audacia política y una concepción de Revolución indisolublemente ligada al antimperialismo, justicia social y la plena independencia nacional.
Aunque debido a circunstancias familiares nació el 22 de noviembre de 1906 en Filadelfia, Estados Unidos, ello no impidió que desde muy joven quedara vinculado a la realidad de la Isla y a las luchas de su pueblo. Años después, su familia se estableció en Matanzas y luego en Pinar del Río. La influencia de un ambiente marcado por ideales patrióticos y por el rechazo a la injerencia extranjera contribuyó decisivamente a la formación del joven que, con el tiempo, se convertiría en una de las figuras más prominentes de la Revolución del 30.
Posteriormente ingresó en la Universidad de La Habana para estudiar Farmacia, etapa fundamental en la consolidación de sus ideas políticas. Durante sus años universitarios participó activamente en el movimiento estudiantil y en las luchas contra la dictadura de Gerardo Machado. En aquel ambiente de efervescencia política fortaleció sus posiciones antimperialistas y su compromiso con las causas populares.
El joven revolucionario defendía la idea de que la caída del dictador no resolvería, por sí sola, los problemas estructurales de la nación. Su pensamiento se articuló alrededor de la necesidad de una transformación profunda que combinara soberanía nacional, justicia social y control efectivo de los recursos económicos.
En 1927, como integrante del Directorio Estudiantil Universitario (DEU), se opuso firmemente a la prórroga de poderes de Gerardo Machado. Partidario de la lucha armada, se incorporó a la insurrección de agosto de 1931 en la zona de Gallinita, Santiago de Cuba. Tras el fracaso de aquel alzamiento, extrajo una lección fundamental: para llevar la Revolución hasta sus últimas consecuencias era imperativo distanciarse de los políticos corruptos y de los métodos de la vieja guardia.
Bajo esa premisa fundó, en 1932, la organización Unión Revolucionaria (UR) en la región oriental. Su estrategia ya perfilaba una metodología avanzada para la época: el empleo de la guerra de guerrillas y el asalto a cuarteles militares para desarticular al régimen machadista. Desde esta plataforma lanzó su Manifiesto al pueblo de Cuba, documento que abogaba por la unidad de todas las fuerzas opositoras.
«Solo la fuerza de la unión de todos los hombres —aunque posean diferentes tendencias políticas— envueltos en la lucha por lograr un régimen de libertad y justicia, podría alcanzar el triunfo de una verdadera Revolución».
Tras la caída de Machado y el establecimiento del Gobierno de los Cien Días, encabezado por Ramón Grau San Martín, asumió las carteras de Gobernación, Guerra y Marina. Desde esa posición impulsó las medidas más radicales y antimperialistas de aquel período, con una visión centrada en la soberanía económica, la dignidad del trabajo y la defensa de los sectores más humildes. Entre esas acciones destacaron la intervención de compañías extranjeras y la rebaja de las tarifas eléctricas, medidas que desafiaban intereses poderosos y apuntaban a transformar la vida cotidiana de los cubanos.
Estas acciones lo colocaron en el centro de las tensiones entre un proyecto nacionalista radical y los intereses de sectores conservadores, tanto dentro como fuera de Cuba. Su enfrentamiento con Fulgencio Batista, figura emergente del poder militar, evidenció las fracturas internas que terminarían por frustrar aquel intento de transformación. Fue precisamente Guiteras un adelantado que siempre alertó de los peligros que para Cuba representaban los planes y ambiciones de Batista.
Lejos de abandonar la lucha tras la caída del gobierno, optó por la clandestinidad y la reorganización revolucionaria. Personificó la madurez política de una generación que se negó a aceptar la sumisión de la República.
En su trascendental artículo Septembrismo, publicado por la revista Bohemia el 1ro. de abril de 1934, desglosó las esencias políticas del Gobierno de los Cien Días. En este texto no solo valoró su integración al gabinete como una oportunidad para servir a la Revolución, sino que definió el núcleo de su ideología con notable claridad. Para Guiteras, el destino de la Isla estaba marcado por una contradicción insalvable:
«Un estudio somero de la situación político-económica de Cuba nos había llevado a la conclusión de que un movimiento que no fuese antimperialista en Cuba no era una Revolución. Se servía al imperialismo yanqui o se servía al pueblo, pues sus intereses eran incompatibles».
En otro fragmento se mostró autocrítico al plantear: «Fracasamos porque una revolución solo puede llevarse adelante cuando está mantenida por un grupo de hombres identificados ideológicamente, poderoso por su unión inquebrantable, armados por los mismos principios...».
En estas ideas se manifiesta un pensamiento político avanzado, capaz de identificar en el imperialismo norteamericano uno de los principales problemas de Cuba. También revelan su evolución hacia un antimperialismo consecuente y su convicción sobre la necesidad de la unidad revolucionaria. En ello radica buena parte de su mérito histórico.
En mayo de 1934 consolidó su proyecto más ambicioso: la fundación de la Joven Cuba, concebida como una fuerza de masas integrada por todos aquellos dispuestos a servir a la lucha revolucionaria. La organización se convirtió en una de las expresiones más completas del ciclo revolucionario gracias a la profundidad de su programa social y al rigor de su táctica político-militar.
Desde sus inicios, la agrupación definió con claridad su estrategia: desencadenar la guerra revolucionaria mediante la lucha guerrillera como vanguardia, apoyada por acciones urbanas, entre ellas atentados, sabotajes, preparación de combatientes y recaudación de fondos. De esta manera estructuró un aparato clandestino cuyo objetivo final era el establecimiento de un Estado socialista.
Joven Cuba también destacó por un programa profundamente progresista y antimperialista, que planteaba la condena de la deuda externa, la abolición de los monopolios, la reforma de la vivienda y la divulgación de la cultura entre las masas. Asimismo, defendía la confiscación de los bienes malversados, la nacionalización de las riquezas del subsuelo, la aplicación de la Reforma Agraria y la entrega de tierras a los campesinos. A ello se sumaban la socialización de la enseñanza y la lucha contra el analfabetismo.
Por la profundidad de su programa, la solidez de su estructura y la definición de su táctica de lucha, es considerada una de las organizaciones más avanzadas del proceso revolucionario de la década del treinta.
Desde el liderazgo de esta fuerza, Guiteras fue uno de los principales impulsores de la huelga general de marzo de 1935, el último gran esfuerzo de masas por retomar el rumbo revolucionario antes de su caída.
El 8 de mayo de 1935, Antonio Guiteras fue asesinado en El Morrillo, Matanzas, junto al revolucionario venezolano Carlos Aponte, tras una delación que frustró sus planes de abandonar el país para reorganizar la lucha revolucionaria. Tenía solo 28 años. Con su temprana muerte se truncaba una de las trayectorias más radicales y prometedoras del pensamiento político cubano de la época, aunque no el alcance de sus ideas ni la huella de su ejemplo.
A más de nueve décadas de aquellos sucesos, su figura continúa despertando debates e interpretaciones diversas. Sin embargo, por encima de cualquier etiqueta, permanece la imagen de un hombre con una coherencia poco común entre pensamiento y acción. Un joven que apostó por una transformación profunda, asumiendo los riesgos que ello implicaba. Volver a Guiteras es siempre reencontrarse con una de las expresiones más firmes y lúcidas del ideal revolucionario cubano.
