Los jóvenes en Girón, con el Comandante en Jefe Fidel Castro Ruz al frente, fueron decisivos para alcanzar la aplastante victoria en menos de 72 horas. Autor: Archivo de JR Publicado: 18/04/2026 | 07:22 pm
Hace 65 años, la naciente Revolución Cubana derrotó la invasión mercenaria por Playa Girón, en lo que fue la primera gran derrota del imperialismo estadounidense en América Latina. Desde entonces, como expresara nuestro Comandante en Jefe Fidel Castro Ruz —el joven de 34 años que en abril de 1961 dirigió y combatió allí— los pueblos latinoamericanos fueron un poco más libres.
Hoy los héroes que sobrevivieron peinan canas, algunos ya no están entre los vivos, pero alumbran desde el ejemplo. La victoria, en menos de 72 horas aquel 19 de abril de 1961, fue del pueblo cubano y, en gran medida, de los jóvenes que combatieron allí, los continuadores de los rebeldes, los milicianos, aquellos artilleros que tuvieron su bautismo de fuego en las arenas de la península de Zapata.
«Nuestros artilleros, que son jóvenes de menos de 20 años todos, derribaron numerosos aviones. Y ustedes los vieron allí, ustedes quizá tuvieron oportunidad de ver aquellos niños de 15, 16 y 17 años que se enfrentaron con los aviones B-26 (…) ese fue un acto heroico protagonizado por jovencitos obreros, o hijos de obreros, que fueron allí a batirse contra esos aviones a pesar de que no habían tenido nunca oportunidad anterior de combatir».
Así les dijo Fidel a los mercenarios prisioneros el 26 de abril, en un encuentro que tuvo con ellos en el Palacio de Deportes, hoy Ciudad Deportiva, donde habían sido concentrados después de su captura. Y valga señalar que aquel encuentro de Fidel con los prisioneros fue la primera vez que un líder se reunía a conversar con los soldados que lo habían invadido. Las palabras de Fidel lo indican claramente: los jóvenes fueron decisivos en la victoria.
CON JUVENTUD
Joven fue aquel miliciano habanero, Eduardo García Delgado, que escribió Fidel con su sangre antes de morir el 15 de abril de 1961 a causa de los bombardeos en el preludio de la invasión. Jóvenes fueron aquellas muchachas que se preparaban como instructoras de círculos infantiles en Ciudad Libertad, y que a pesar de las bombas que cayeron allí ninguna se movió de su puesto y permanecieron firmes hasta el final. Joven era aquella muchacha que en Santiago de Cuba cumplía el día 15 sus 20 años, y pensó dormir la mañana antes de irse a la Universidad y su madre la despertaba con la noticia de las bombas en el aeropuerto Antonio Maceo, y luego se convenció de que la lucha por la Patria sería intensa.
Jóvenes fueron muchos de los milicianos, los rebeldes, los integrantes de la Policía Nacional Revolucionaria que empuñaron las armas en Girón y defendieron el socialismo por primera vez en nuestro continente; los que estuvieron dispuestos a morir por la Revolución de los humildes, por los humildes y para los humildes. Jóvenes los que se movilizaron en todo el país, prestos a salir al combate.
Girón es un joven miliciano, como Ramón González Suco, de 22 años, que gritó: «¡Duro, Israel! ¡Patria o Muerte!», al hacer el primer intercambio de fuego con los mercenarios; o aquel Andrés Castillo Campos, de 16 años, que después del combate fue fotografiado mientras ofrecía agua a uno de los mercenarios, como muestra de ese elemento primordial de la ética revolucionaria de no vejación a los prisioneros de guerra, del trato humano, desde los días de la Sierra Maestra.
Girón fue la primera vez de aquellos jovencitos, algunos de los cuales pensaron no les tocaría pelear en su zona; o de los que, aun sin conocer el amor, salieron al combate; o de otros que tenían la experiencia de la Lucha contra Bandidos cuando miraban de noche desde el Escambray las luces de Cienfuegos y pensaban en un helado; y ahora tenían combate otra vez pero en un escenario lejos de las montañas, en arenas para muchos desconocidas, y en el enfrentamiento
a un desembarco mercenario organizado por el Gobierno estadounidense.
Girón fue, además, un proceso político que permitió a los jóvenes combatientes crecer, afianzar sus convicciones. Y aunque es una batalla que se gana con las armas, no podía ser de otra manera si no había conocimiento, conciencia revolucionaria y apoyo del pueblo dispuesto a morir defendiendo su soberanía. No se podía ganar la batalla política, la de la indemnización, ni ninguna otra, sin un pueblo como el cubano.
Por eso, la victoria del 19 de abril de 1961 es la certeza de que no hay enemigo invencible y mucho menos si se trata de defender nuestra independencia; que mientras Cuba apueste por el socialismo penderá sobre ella la amenaza del imperialismo por destruir el símbolo que somos, la virtud que representamos y las energías que trasmitimos a los rebeldes del mundo. La victoria de Girón es la fe incansable en el triunfo del aguerrido pueblo de Fidel.
Por eso, nos acompañan hoy, en nuestros nuevos combates, sus palabras el 19 de mayo de 1961, cuando expresó: «¡Porque nosotros sabemos que, si vuelven a mandar, no una, 20 expediciones como esta, vamos a ponérselas fuera de combate en menos de 72 horas! Nosotros estamos preparados para luchar no contra una brigada, estamos preparados para luchar contra una brigada apoyada por ellos; y si ellos se lanzan detrás de la brigada, estamos preparados también para luchar contra ellos el tiempo que sea necesario».
UN CAMINO ETERNO
Cuba es, categóricamente, un eterno Girón; un Girón vivo, constante, que responde a cada agresión con la victoria; que se rehace y aprende de los reveses, que marcha adelante, con sus líderes al frente y el pueblo dispuesto a vencer en cualquier circunstancia.
Cada generación de revolucionarios cubanos tiene su Moncada, su Girón, sus victorias de enero y su momento histórico. A cada una toca interpretar su momento histórico y defender sus principios sin vacilaciones en las tareas que le correspondan.
El Girón vivo de las nuevas generaciones hoy tiene de aquel hermoso ensayo que escribió Raúl Gómez García, tras el golpe de Estado de Fulgencio Batista. El dictador decía que era una «revolución», y el poeta y periodista respondía que no podía haber revolución sin juventud, y que correspondía a los jóvenes del centenario de Martí arrostrar las consecuencias de la lucha en el tiempo que les tocó vivir.
O el Che, preclaro, escribiendo que es la juventud la arcilla fundamental de nuestra obra; o Raúl cuando expresó que la juventud juega un papel decisivo en la historia de los pueblos; o Fidel afirmando su confianza infinita en los jóvenes en el futuro de la Revolución.
En este centenario del líder histórico de la Revolución Cubana, la mayor celebración es el combate cotidiano defendiendo la obra que desde el centenario de Martí comenzó a fundarse en el corazón de una generación de jóvenes. La nuestra, sin dudas, estará a la altura de nuestra historia, de nuestras luchas y de nuestras victorias.
