Juventud Rebelde - Diario de la Juventud Cubana

Alertas del desamor

¿Cuándo es momento de acabar una relación? Si te lo preguntas, tal vez te debías hace rato ese punto final

 

Autores:

Mileyda Menéndez Dávila
Adrián Juan Espinosa

Aprende a dejar la mesa cuando el amor ya no se sirve.

              Nine Simone (compositora y cantante norteamericana)  

 

Una adolescente habanera nos contacta para un pedido especial: ayudar a sus padres a romper su matrimonio. «Siempre se tratan mal o son muy distantes, pero no se divorcian porque priorizan mi crianza, dicen. ¿Acaso me hacen feliz con esas escenas diarias? Menos golpes, ya he visto de todo: violencia sicológica, económica, sexual… De verdad preferiría que se separen de una vez. Total, mi papá tiene otra casa adonde lleva mujeres. ¿Por qué mi mamá se aferra a esa cárcel emocional?».

La chica probó a hablarles del tema directamente, pero no la toman en cuenta. Usar un pariente para razonar tampoco funcionó: los padres son jóvenes, pero cerrados para manejar sus asuntos. Una amiguita le propuso apelar a Sexo sentido porque es una sección que suelen debatir en casa. Así nos sumamos a esta mediación.

Señales de alerta

Si te preguntas ¿cuándo debería terminar esta relación?, lo más probable es que hace mucho tiempo esté acabada, pero la mantienes por inercia, miedo a la soledad o ganancias secundarias. Sin hacer caso de la intuición y el cuerpo, fuerzas una supuesta estabilidad que termina en infierno hogareño, con desgaste físico y emocional incluidos.

Conocer las llamadas banderas rojas del desamor (red flags) ayuda a racionalizar esa decisión y prevenir daños irreversibles. Algunas son muy obvias, como la violencia física, los insultos y el despojo de bienes. Otras, más sutiles, dependen de tus patrones culturales para ser detectadas, pero siempre hay un malestar emocional subyacente que te susurra: ¡Ahí no es!

Valora estos ejemplos. Si reflejan tu historia, ¿tiene sentido ignorarlos o es mejor poner freno de inmediato? Tú decides…

  1. Lo que entregas (material, en tiempo o sentimientos) nunca es suficiente para tu pareja ni provoca reciprocidad.
  2. Como no puedes controlar sus desplantes, te aferras a creer que algún día cambiará por consideración a ti.
  3. Te exige que sigas igual a cuando empezaron, aunque ese ideal no represente tu potencial y necesidades actuales. En lugar de reafirmarte, te disculpas o te avergüenzas por tu nuevo yo.
  4. Su indiferencia crece, y si te atreves a demandar atención se aleja más, diciendo que es sólo «idea tuya».
  5. Tus nuevas ilusiones nunca están asociadas a tu pareja, sino a algo o alguien exterior: trabajo, familia, amigos, ayudas…
  6. Ya no le valoras como un todo: necesitas justificar lo malo que predomina con las cosas que siguen siendo buenas (a veces).
  7. La afinidad en valores, creencias, límites, hobbies y metas es cada vez menor. Mucho de lo que admirabas ya no existe, y no hay algo nuevo que lo compense.
  8. Cuando emprendes algo provechoso o enfrentas un desafío, ni se te ocurre contar con su apoyo en primer lugar.
  9. Muchas veces le sigues la corriente para no crear problemas porque no crees que puedan solucionarlos juntos.
  10. Esperas (o deseas en secreto) que la otra parte rompa para no cargar con la culpa frente a la familia y amistades.
  11. Cuando una película, canción o novela refleja tu desamparo te sientes mal por no intentar esa salida, o incluso una mejor.
  12. Prefieres pasear a solas o con amistades. Si extrañas a tu pareja es «con descanso», y a la vuelta ni cuentas. ¿Para qué?
  13. No importa cómo te expliques: la otra persona nunca logra entenderte ni elige creerte.
  14. La comunicación suele ser pasivo-agresiva: se burla de cosas importantes o sensibles para ti, minimiza tus logros y habilidades, te ridiculiza y usa sarcasmos con frecuencia.
  15. En un cambio repentino de intereses, ahora se disgusta y te reprocha lo que antes creíste que disfrutaba tanto como tú.
  16. El uso del teléfono es sospechoso: movimientos bruscos para borrar o apagar pantalla, no apartarse del equipo, cambiar su comportamiento si suena, le presta más atención que a ti…
  17. Todo lo tuyo le incomoda: tus amigos, tu familia, si entras, si sales, si estás cerca…
  18. Repentinos cambios de humor en presencia de determinadas personas: más alegría, o timidez, o miedo, o alardes…
  19. En sus planes tú no importas: haces cada vez más concesiones y sientes que la balanza se va de un solo lado.
  20. Acumulas malestar y vives en introspección, buscando qué hiciste mal para intentar cambiarlo. Esa autoflagelación genera inseguridad y dependencia: te minimizas mientras la otra parte fortalece su dominio en silencio.
  21. Es normal que el entusiasmo sexual cambie, pero no está bien que la cama sea monótona, fría, a disgusto o inexistente.
  22. Las muestras públicas de afecto antes eran bien recibidas y ahora molestan o avergüenzan. De a poco, las privadas también desaparecen en el trato cotidiano.
  23. Cuando intentan hablar de lo que pasa se enfoca en buscar culpables o exagerar reproches y el diálogo acaba sin acordar qué pasos correspondería dar a cada quien en lo adelante.
  24. En lo físico también hay señales de rechazo: mala higiene frecuente, no atender problemas de salud persistentes, cuidarse sólo para los demás (peinado, ropa, olor corporal).
  25. La idea de separarse te ronda con frecuencia, pero temes que después sea dificil el trato por los hijos o proyectos comunes, o que el proceso del divorcio dañe demasiado tu imagen.

(*) Profesor, fotógrafo y promotor del proyecto Senti2Cuba.

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