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The Terror, una antología visual que se niega a desaparecer (+Videos)

Tras siete años ausente de la pantalla chica, la serie The Terror retornó este año con una nueva temporada que ha sorprendido a todos, manteniendo la esencia que la hizo saltar al estrellato en su estreno

Autor:

Yurisander Guevara Zaila

Construir una antología visual puede tomar tiempo. A veces más de lo que uno espera. Por eso cuando todos creían haber visto todo en The Terror, la serie acaba de reaparecer con una tercera temporada igual de estremecedora, aunque quizá con menos profundidad que sus precedentes.

Grosso modo, The Terror es una serie que en sus tres temporadas aborda diferentes temáticas, y como ya quizá adivinó quién no la ha visto, se inscribe en el género de terror, aunque opera desde una perspectiva sicológica a partir de elementos del folclore.

En su estreno, allá por 2018, con la producción ejecutiva de Ridley Scott —el creador de obras como Alien, Blade Runner y El gladiador —, la primera temporada se basa en la novela homónima de Dan Simmons para narrar la expedición ártica de Sir John Franklin (1845–1848), cuyos barcos HMS Erebus y HMS Terror quedan atrapados en el hielo. Los marineros enfrentan hambre, enfermedades, motines y un ente sobrenatural que los acecha.

Con un sobresaliente Jared Harris como Francis Crozier, Ciarán Hinds en el papel de Sir John Franklin y Tobias Menzies como James Fitzjames, esta primera entrega destaca por su atmósfera opresiva, una fotografía muy cuidada y la omnipresente tensión sicológica.

Jared Harris (izquierda) como Francis Crozier, y Tobias Menzies como James Fitzjames, en una escena de la primera temporada. Fotograma de la serie.

Para ello los creadores construyeron un guion apuntalado en el rigor histórico y el horror sobrenatural, basado en el folclore los inuit, los habitantes naturales de la zona ártica.

No hace falta explicar en profundidad la trama, pero sí mencionar que, capítulo a capítulo, se muestra el sufrimiento humano en una situación extrema, y se hace a través de hechos que han sido documentados como verdaderos, en el caso de la mencionada expedición, que padeció hambre, practicó canibalismo y vivió las consecuencias que causa el envenenamiento por plomo. Es una tragedia de principio a fin, pero vale la pena observar la puesta en escena y, sobre todo, pensar en lo que nos proponen los creadores: cómo justipreciar la vida en medio de situaciones límites.

Del Ártico a la Segunda Guerra Mundial

En su segunda temporada, The Terror: Infamy (infamia), la serie da un salto en el tiempo y nos sitúa en los albores del estallido de la Segunda Guerra Mundial desde la perspectiva, por supuesto, de Estados Unidos.

Ya sin Ridley Scott en la producción, el estudio a cargo, AMC (The Walking Dead), opta por mantener la línea de terror sicológico vista desde la perspectiva del folclore japonés.

La trama gira en torno a una comunidad japonesa en el estado de California que se ve forzada a un campo de reclusión tras el ataque a Pearl Harbor, y con mucho acierto nos adentra en temas como el racismo, la xenofobia, y de lo que son capaces los «hombres blancos» cuando se sienten amenazados por personas de otros orígenes, un cinismo tremendo para un país que, en su esencia, es multiétnico y multicultural.

El protagonista, Chester Nakayama (Derek Mio), es un joven dividido entre dos culturas, al haber nacido en Estados Unidos y ser descendiente de japoneses, quien es sometido a la persecución de un espíritu maligno.

Derek Mio (izquierda) encarna el protagónico de la segunda temporada. Fotograma de la serie

Elementos como el kaidan (relatos de fantasmas vengativos), los Yūrei (espíritus de personas muertas injustamente), y los obake (seres metamórficos), son representados en Yuko (Kiki Sukezane), la ¿antagonista?, para llevarnos la buena dosis de horror sobrenatural que caracteriza a la serie y, de paso, amplificar el trauma real del racismo, el desarraigo, la traición y las consecuencias de los secretos.

Para lograr una producción tan equilibrada, el equipo se valió, como dato curioso, de George Takei, sobreviviente real de un campo de internamiento, quien asesoró toda la producción de Infamy.

Los olvidados

Aunque son muchos los avances que se han realizado en el diagnóstico y cuidado de la salud mental, todavía quedan «rincones oscuros» donde quienes padecen de neurosis son tratados como animales.

Así de cruda es la tercera entrega de The Terror, que esta vez se subtitula Devil in Silver (el diablo de plata), y nos traslada a un tenebroso manicomio en el Queens neoyorquino, donde Dan Stevens, el protagónico que encarna a Pepper, termina internado tras una pelea que se va de control.

Pepper se encontrará entonces con un cuadro variopinto de pacientes internados por causas diversas, todos acechados por una oscura presencia. Esta vez Ridley Scott regresa a la producción ejecutiva, y para impulsar la nueva temporada echó mano a una novela de Victor LaValle, este último también coshowrunner creativo.

Devil in Silver, más corta que sus predecesoras (seis episodios, mientras que las dos anteriores entregaron diez), aprovecha lo sobrenatural para entregarnos una mirada brutal a la marginación, esa a la que se ven sometidos los internos, cuya «locura» no es tomada en cuenta por el personal que allí trabaja cuando denuncian los horrores que los amenazan.

Aunque el ritmo es un poco más lento, la nueva temporada de The Terror se vale mucho del metatexto a partir de autores como Ernest Hemingway o Vincent Van Gogh, para mostrar lo que subyace debajo de la piel de los pacientes, y conducir el relato hasta su desenlace.

En todos los casos, la serie comparte muchas esencias en todas sus entregas: la música de ambiente o temas conocidos siempre se emplean con mucho acierto, la fotografía tiene una unicidad que entrelaza a todas las temporadas, y los autores han apostado, sobre todo, por las reacciones ante el terror, sin necesidad de emplear el gore puro y duro tan común en este género, elementos que hacen de The Terror una antología que da miedo pero, al mismo tiempo, nos acerca a nuestra humanidad, esa que solo descubrimos cuando nos miramos con sinceridad en un espejo.

 

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