Juventud Rebelde - Diario de la Juventud Cubana

Colombia: pésimo estreno

Autor:

Marina Menéndez Quintero

El terrible terremoto con epicentro en Chocó que ha afectado a decenas de miles de familias colombianas pudo ser una ventana —lamentable, pero al fin, una ventana— para que el recién juramentado presidente Abelardo de la Espriella demostrara las dotes de líder que se quiere adjudicar cuando intenta cambiar de raíz lo poco o lo mucho que su país avanzó en materia social en los últimos cuatro años.

Pero no. Lejos de conseguirlo, el nuevo mandatario —abogado y también empresario— se estrenó con decisiones ideologizadas y ajenas a la necesidad humana que rápidamente han demostrado ese cariz egoísta que tan a menudo caracteriza a la gente bien.

Aunque en las horas recientes, el Presidente parece querer atemperarse con el sufrimiento de la gente que llora a casi 300 muertos, intenta auxiliar a 4 000 heridos y puja por que no queden bajo los escombros casi 200 seres humanos reportados hasta ahora como desaparecidos, queda el mal sabor de los primeros momentos, sonrisas fuera de lugar ante la prensa y, peor que ello, los problemas causados por la alegada ausencia de ayuda del Estado en las localidades afectadas, según indican reportes que dan cuenta de comunidades organizadas para ayudar, en ausencia de personal profesional.

Cierto que, ante una emergencia como esa, todos cooperan, como ha ocurrido en Venezuela. Pero el nuevo mandatario colombiano, fiel a su admiración por la política exterior estadounidense, se dio el lujo de rechazar ofrecimientos de ayuda como la que brindó el Estado mexicano con sus experimentados rescatistas, verdaderos especialistas con eficacia probada en el difícil trabajo de hallar sobrevivientes y devolverlos a la luz, y a quienes el nuevo ejecutivo pidió certificación adicional, mientras abría las puertas a los enviados de Israel quienes, según fuentes de prensa, no tenían ni siquiera una evaluación internacional elemental.

Distintos ciudadanos afirman que los rescatistas israelíes recorren los terrenos con sus carros pesados, más proclives a acabar de enterrar que a «sacar» cuerpos debajo de los escombros, y hay hasta quien ha dicho que están «conociendo Colombia».

En las redes sociales se leen mensajes de A.D.L.E. —iniciales con las que se identifica al mandatario— que hablan de «seguir trabajando por Pereira, Risaralda y todas las zonas devastadas», y de la distribución de toneladas de ayuda.

Pero lo cierto es que la gente se queja. Sobre todo, porque en un momento dado se reportó que estaba dada por concluida la búsqueda de sobrevivientes, y hay grabaciones de personas que aseguraban escuchar aún voces saliendo de entre las ruinas y pidiendo ayuda.

No obstante, la extrema calamidad y lo difícil que, ciertamente, debe ser proveer de atención a todos, el nuevo Jefe de Estado ha hallado tiempo para ratificar la reapertura de relaciones de Colombia con Israel y anunciar el establecimiento de la embajada de ese país en Jerusalén, lo que ha provocado la lógica repulsa de una parte del Medio Oriente y, seguro, la vergüenza de muchos colombianos que rechazan los crímenes contra el pueblo palestino.

Admirador de Donald Trump, posiblemente, como ningún otro de los «vástagos» que el Presidente de Estados Unidos ha protegido y ayudado en su camino a la primera magistratura en América Latina, A.D.L.E. ha agradecido a Washington y Tel Aviv, a empresarios que a título personal han donado cierta cantidad de dinero, y casi deposita en la Casa Blanca la posibilidad de cierto soporte financiero a cierta clase social, al solicitarle «que considerara la suspensión temporal de los altos aranceles que afectan a los productos colombianos, con el fin de aliviar a nuestros empresarios, que están enfrentando momentos muy difíciles por los efectos del terremoto».

En medio de un panorama de tanta demanda de ayuda y dedicación, el nuevo Gobierno halló tiempo para enviar sus representantes militares a ratificar la entrada de Colombia como miembro número 19 en el llamado Escudo de las Américas, ideado en Washington para alinear a los ejércitos latinoamericanos junto a «la causa» derechista.

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