Le preguntó al vecino dónde podía recoger agua directamente de la que llega al edificio sin pasar por la cisterna. Residente desde hace pocos días en su apartamento, el hombre que interroga —padre de dos niños pequeños— comentó que necesitaba llenar pomos con agua para tomar, y prefería hacerlo de esa manera.
El vecino se asombró y los demás convivientes también. «Tienes niños pequeños, ¿tú no hierves el agua que toman ellos ni ustedes?». Ante la negativa rotunda, el consejo no se hizo esperar, pues, además, no existe un grifo disponible para «capturar» el preciado líquido justo cuando llega desde el acueducto.
En medio de un verano caluroso, cuando las altas temperaturas aumentan, la necesidad de hidratación, la higiene del agua que consumimos y, en particular, la que toman los niños, se convierte en un asunto de vital importancia. Sin embargo, diversas comunidades enfrentan aún el problema de consumir agua sin hervir o tratar adecuadamente, lo que expone a los más pequeños a un riesgo elevado de enfermedades gastrointestinales y otras afecciones prevenibles.
Los padres tienen un rol fundamental en la salud de sus hijos, y garantizarles agua segura debe ser una prioridad. Hervir el preciado líquido es uno de los métodos más sencillos y efectivos para eliminar bacterias, virus, parásitos y otros agentes patógenos que pueden estar presentes, especialmente en zonas donde el acceso al agua potable no es óptimo. No hacerlo puede derivar en brotes de enfermedades como diarreas, hepatitis A y otras infecciones que afectan gravemente la salud de los niños.
Recomiendan los especialistas que, durante el verano, la deshidratación y las enfermedades gastrointestinales representan una doble amenaza para la población infantil. Los síntomas pueden evolucionar rápidamente y requerir atención médica urgente.
En este contexto, la prevención mediante buenas prácticas higiénicas cobra una relevancia aún mayor. Hervir el agua antes de su consumo es un gesto sencillo que puede evitar complicaciones de salud.
Aunque asumimos que el agua que proviene del acueducto pasa por un proceso de tratamiento antes de ser distribuida a los hogares, en el que se incluyen etapas como la captación, sedimentación, filtración y desinfección, principalmente mediante la cloración, no podemos olvidar que en algunas zonas de La Habana se presentan problemas en la red de distribución, como roturas o contaminación secundaria, que afectan la calidad final del agua al llegar a los domicilios.
Por eso, muchas veces se recomienda hervir el agua o utilizar métodos adicionales de purificación, como el empleo de hipoclorito, especialmente para consumo directo o para preparar alimentos y bebidas destinadas a niños, personas con sistemas inmunológicos vulnerables o en situaciones de riesgo sanitario.
No son pocas las campañas de concienciación promovidas sobre la importancia de estas medidas básicas. La educación en higiene y salud no debe limitarse a instancias formales, sino llegar al corazón de cada hogar. Además, el acceso al agua segura debe ser una prioridad en políticas públicas para garantizar condiciones dignas que protejan a la infancia.
Los padres, la familia en general y los cuidadores también deben estar atentos a las señales de alerta en los niños como vómitos, diarreas frecuentes, fiebre, pérdida de apetito o signos de deshidratación, pues son motivos suficientes para buscar atención médica inmediata. La prevención y el cuidado temprano pueden marcar la diferencia entre una recuperación rápida y complicaciones graves.
Reitero, el verano es un momento en el que debemos redoblar esfuerzos para cuidar la salud de los más pequeños. Hervir el agua que consumen no es un gasto innecesario ni una práctica obsoleta, sino una medida efectiva y económica para protegerlos de enfermedades que pueden evitarse fácilmente.
Fomentar estas buenas conductas higiénicas es responsabilidad de todos, y solo con comprenderlo lograremos construir ambientes más saludables para nuestras niñas y niños.