Me temo que estoy utilizando demasiado a menudo el término hipocresía, pero de eso se trata: de la doblez o la simulación de la política estadounidense. Por estos días el tema es la filtración de todo lo hablado en un chateo grupal sobre temas altamente sensitivos que atañen a las instituciones de «seguridad y defensa» de Estados Unidos, en el que estuvo presente como invitado Jeffrey Goldberg, editor jefe del diario The Atlantic, fundado en Boston hace más de siglo y medio, pero con sede actual en Washington, la capital.
Ese medio acaba de publicar la transcripción completa de lo expresado en Signal, así se llama el grupo de chateo en el que el gabinete de Defensa —y todos sabemos que eso es un eufemismo— de la administración Trump discutía sobre planes de guerra en Yemen, y donde por «error», «negligencia» o «incompetencia» de alguien, o de algunos, se incluyó al avezado periodista, que por encima de todo puso las habilidades y los saberes de su profesión, cuando ya se había armado el escándalo y con el cuidado de hacerlo después de que funcionarios insistieran en que no contenía información clasificada.
Los congresistas demócratas aprovecharon la ocasión para arremeter contra la administración Trump y los involucrados en el entuerto, por lo que exigen renuncias... Legisladores republicanos, también alarmados, critican y aprobarían sanciones… Pero no parece haber mucha preocupación en cuanto a que Estados Unidos está metido de lleno en una nueva guerra y se caldea más aún la región del Medio Oriente, donde el Israel nazi-sionista campea libremente no solo contra Palestina, también en Líbano y en Siria, mientras Washington y Tel Aviv no dejan de mirar hacia Irán.
En cuanto al tema en cuestión: el desproporcionado ataque de la nación más poderosa del planeta contra uno de los países más pobres del mundo, algo que ya venía desde tiempos de Biden, según dicen los textos en The Atlantic, el secretario de Defensa, Pete Hegseth, publicó en el chat de Signal la hora de despegue de los aviones de combate estadounidenses para atacar Yemen; también revela que funcionarios estadounidenses celebraron el bombardeo de un edificio residencial, sobre lo que no hay que ser especialista para deducir que la mayoría de quienes allí murieron eran civiles.
Pero según el asesor de Seguridad Nacional de la Casa Blanca, Mike Waltz, ese bombardeo ocurrido el 15 de marzo tenía como objetivo al principal responsable de los misiles que han lanzado los hutíes contra navíos que comercian con Israel, cuando este entró en el edificio donde vivía su novia. «Tuvimos una identificación positiva del primer objetivo, su principal experto en misiles, entrando al edificio de su novia, y ahora se derrumbó», dijo Waltz, supongo que eufórico en ese momento. Y a ello le respondió el vicepresidente J. D. Vance: «Excelente».
Por cierto, que no se nos pase el dato: Waltz fue quien invitó a Goldberg al chat. Tampoco debemos olvidar que en las celebraciones del buen tino de los disparos al edificio de viviendas estuvo el secretario de Estado, Marco Rubio; la jefa de gabinete de la Casa Blanca, Susie Wiles; el subjefe de gabinete, Stephen Miller; el enviado especial de EE. UU. a la región, Steve Witkoff, y la directora de Inteligencia Nacional, Tulsi Gabbard, quien según la transcripción exclamó: «¡Excelentes obras y resultados!».
La Gabbard también merece su paréntesis aclaratorio, pues durante el primer mandato de Trump se opuso a la intervención de Estados Unidos contra los combatientes de Ansar Allah (los hutíes) y hasta la calificó de «genocida». No soy yo la que abuso de la palabra hipocresía, menos aun cuando se sabe el alto costo para la población civil yemenita que está teniendo los bombardeos que no han cesado, y no han logrado tampoco detener la decisión de Ansar Allah de reanudar el bloqueo a la navegación israelí, como respuesta a la violación que Netanyahu ha hecho a la tregua en Gaza que se había alcanzado con Hamás.
Trump ha respaldado la reanudación de los bestiales bombardeos a toda la Franja de Gaza, habida cuenta de que quiere ese territorio como resort vacacionista en el Mediterráneo, según lo abiertamente expresado; aunque yo no olvidaría que también en esas aguas costeras, apenas a 20 millas náuticas, existen reservas de gas que los especialistas consideran suficientes para cubrir las necesidades de Palestina durante décadas y que el 29 de octubre de 2023 el entonces ministro de Energía de Israel, Yisrael Katz, anunció la adjudicación de nuevas licencias de exploración en la zona a seis petroleras, entre ellas la inglesa British Petroleum (BP), la italiana ENI y la estadounidense Chevron, según datos publicados por Ecologistas en Acción en la revista Ecologista No.118. Y agregué este otro dato que también es muestra de la hipocresía de otros: en 2022, la Unión Europea firmó un acuerdo para importar gas de Israel, como alternativa al suministro de gas ruso, sancionado por el conflicto ucraniano.
Aquel artículo de Ecologista también refería que además del gas de Gaza, en la Cisjordania ocupada se encuentra el yacimiento petrolero Meged con estimaciones de reservas de unos 1 500 millones de barriles.
De manera que el magnánimo Trump, quien quiere a Gaza entre los territorios del mundo a conquistar como las riquezas de Canadá, el canal transoceánico de Panamá, los minerales raros de Groenlandia, ha asumido la responsabilidad de atacar a Yemen. Dice el sitio israelí Ynet que Estados Unidos le ha dicho a Israel que no se preocupe por tomar represalias contra los hutíes por sus recientes ataques con misiles. Las fuerzas estadounidenses se encargarán del asunto.
Mucha tela por donde cortar, o mejor, muchas riquezas apetecidas. Las señales que se deducen de Signal son las del enfoque imperial trumpiano, un planeta «estadounidense» privatizado y explotado a sus anchas.
Entonces, ¿qué pasará con el pobrecito de Waltz, quien señaló que asume «toda la responsabilidad» por lo del periodista presente en el chat? «Yo hice el grupo, es vergonzoso. Vamos a llegar al fondo del asunto», le declaró a la Fox News. En verdad, eso no tiene la menor importancia, gazapos, fruslerías. Son los sarcasmos de la política.
Y cuando estoy poniendo el punto final, leo un Urgente en France 24: Trump anuncia aranceles del 25 por ciento a «todos los automóviles que no sean fabricados en Estados Unidos». Así va el mundo, señoras y señores.