Juventud Rebelde - Diario de la Juventud Cubana

El arte de preservar la magia

Autor:

Cecilia Meredith Jiménez

Pese a las múltiples limitaciones por las que atraviesa el país; pese a que todo a nuestro alrededor parece conspirar para que reinen el pesimismo y, en el peor de los casos, el desaliento; resulta loable el esfuerzo de las instituciones cubanas para que «el escudo y la espada de la nación»: la cultura, no deje de latir.

Un ejemplo de ello se aprecia cada año con la celebración de la Feria Internacional del Libro de La Habana y en las posteriores ferias en provincias. Un megaevento que aúna a lectores, escritores, editores, promotores culturales, artistas..., en el que el libro, más que ser el núcleo de esa gran fiesta, es apenas un pretexto para dialogar, compartir, intercambiar, aprender, disfrutar (porque el arte, además de alimento y cura para el alma, es disfrute) y darle vida a toda una ciudad, sentir sus latidos más fuertes que nunca.

Presentaciones, paneles, charlas, lecturas, disímiles actividades destinadas al público infantil, jornadas de homenaje a destacadas figuras de las letras cubanas hicieron que la recién finalizada edición de la Feria no perdiera su encanto. Cuando te tomas el tiempo de vivirla a plenitud, te das cuenta de que encierra mucha magia. Huele a poesía, a tinta fresca, a papel nuevo, a trova, a creación; huele a pasión, pasión por el libro, pasión por la lectura y la literatura.

Este período es quizá de los pocos momentos del almanaque en el que los escritores, cual estrellas de cine o rockstars (en su condición de atraer y arrastrar grandes masas), autografían sus ejemplares, posan para la foto con sus lectores/seguidores y se sienten queridos, admirados y, sobre todo, leídos. Asimismo, es una valiosa oportunidad para que los noveles escritores muestren su obra, debatan y se nutran de los más experimentados. Pero también es la ocasión propicia para reconocer y agasajar a los profesionales que participan en la concepción, elaboración, distribución y promoción del libro, ya sea en formato
digital o impreso, como producto cultural.

De igual modo, vale destacar de esta gran cita literaria el amplio programa diseñado para diversos públicos y cómo, en el noble afán por promover la literatura, se saca este arte de sus espacios habituales para llevarlo a escuelas, universidades, hogares de ancianos y de niños sin amparo familiar, hospitales, comunidades y centros penitenciarios. Con esto no se trata de imponer gustos estéticos ni inclinaciones artísticas, sino de poner el arte al alcance y al servicio de todos, porque suficientes evidencias hay de que este transforma.

Lejos de lo que muchos pudieran pensar, de que la mejor Feria es la de La Habana, me atrevo a decir que es la más grande, sí, pero no la mejor. En las ferias en provincia pareciera que el tiempo, como la vida misma, transcurre más despacio; incluso, el disfrute es más pausado y menos arrollador que en la capital. A veces estas jornadas en las que reina la literatura coinciden con otros eventos culturales y ambos se desarrollan al unísono, creando una bella y armónica sinergia; no obstante, siempre tienen cabida las restantes manifestaciones artísticas: la música, el baile, las artes visuales, lo cual le da un valor agregado a la magna cita de las letras.

Entonces, sigamos apostando por el arte de preservar la magia. Sigamos apostando por la magia de mantener vivo el arte.

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