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El trumpista Secretario de Guerra puede estar en apuros

Una apresurada decisión del republicano que preside la Cámara de Representantes salva, por ahora, a Pete Hegseth de que se discuta una petición de impeachment presentada, nada más y nada menos, que por un republicano… 

Autor:

Juana Carrasco Martín

 

Pete Hegseth, el secretario de Guerra de la administración trumpiana, no las tiene todas consigo, aunque el presidente de la Cámara de Representantes, Mike Johnson —por supuesto, republicano y por Louisiana—, lo protegió con su capa y canceló la sesión del jueves, posponiendo la votación para el juicio político hasta después de las elecciones de mitad de mandato, que serán el 3 de noviembre próximo.

Por ahora, la apresurada decisión de Johnson sacó del apuro a Hegseth luego que siete republicanos votaran a favor de un proyecto de ley para poner fin a la guerra contra Irán, que fue aprobado con 220 votos a favor y 204 en contra, al ponerse al lado de todos los demócratas presentes en el hemiciclo, demostrando que hay un grieta en el espejo partidario en que se miran los de la Casa Blanca todos los días, un proscenio nada halagüeño. Eso no es definitivo, pues el Senado debe votar también esa medida,

Sin embargo, era un advertencia para el caso de Hegseth, pues lo peor para los del partido del elefante es que la resolución que pide el impeachment, fue presentada el martes sin consulta previa a la cúpula del Partido Republicano por uno de sus propias filas, el representante Thomas Massie (republicano por Kentucky), como moción de carácter privilegiado, quien también avanza por otra línea de quiebre, aunque no tuvo tiempo de compilar las 218 firmas necesarias para una petición de descarga sobre el caso Epstein antes de las elecciones.

Los resultados que está teniendo la guerra contra Irán están en el intríngulis de la solicitud del representante Massie. El Pentágono le ha dicho al Congreso que el costo de lo que llama operación militar ha subido a 42 000 millones de dólares, un incremento de 4 500 millones desde la anterior suma declarada por el propio Hegseth de37,5 mil millones.

La suma sigue creciendo, tanto como el tiempo que les está tomando a los militares lograr ciertamente una «victoria», proclamada por el presidente Donald Trump una y otra vez sin el menor apego a la realidad. Lo que dijeron se resolvería en apenas cuatro semanas cuando más, ya está a punto de alcanzar los siete meses, y Trump ha dicho que luego de los comicios de noviembre, todo quedará resuelto, junto con los precios del petróleo y de la gasolina para los estadounidenses escépticos en su mayoría ante tanta patraña.

Pero la última cifra declarada por el Pentágono fue el 13 de agosto, según le confesaron funcionarios de la Defensa a The Hill, así que ya puede agregársele otros miles de millones del mes transcurrido desde entonces. Ya en julio, un experta de la Escuela Kennedy de la Universidad de Harvard, Linda J. Balmes, había calculado en 100 000 millones de dólares el gasto hasta ese momento.

De manera que el Congreso de EE. UU. sigue en ascuas sobre el despilfarro, y mucho más los estadounidenses del común, quienes pagan la cuenta de sus bolsillos de una cuenta que va a las cajas fuertes de las compañías de la industria armamentista, contentas en extremo con los nuevos contratos para reponer equipos y armas.

El Center for American Progress estimó el 20 de agosto que la guerra contra Irán le ha costado por lo menos 1 200 dólares a cada familia estadounidense. Recordemos que en junio, Trump pidió 87 000 millones de dólares suplementarios para los gastos bélicos y de ellos 67 000 estaban destinados a reponer las municiones gastadas en las operaciones militares, y que para el presupuesto del Pentágono y proteger la seguridad nacional solicitó la menudencia de 1,5 billones de dólares.

Argumentos para el impeachment

En este escenario, el presentante el representante Thomas Massie presentó la resolución de juicio político a Pete Hegseth, quien bien se lo merece, iniciando un esfuerzo que sancione su incapacidad al frente del Departamento de Guerra, por la propia guerra contra Irán, las víctimas civiles que ha provocado, su papel en el bombardeo y hundimiento de embarcaciones en el Caribe y el Pacífico occidental bajo el argumento de son de «narcoterroristas» sin presentar pruebas de ningún tipo y que ya han causado la muerte de más de 200 personas las cuales en la mayoría de los casos se presume que son pescadores, también por el ataque armado a Venezuela y el secuestro de su presidente Nicolás Maduro y la diputada Cilia Flores, la campaña de ataques a Yemén y sus intentos de coartar la libertad de expresión no solo de periodistas que dan cobertura a los hechos del Departamento de Guerra, sino a cesanteados de prensa militar como Star & Stripes.

En resumen, «delitos graves y faltas», como reza la contundente y detallada resolución que presentó Massie, documentados en ocho artículados sobre Irán y otros conflictos no autorizados por el Congreso, según establece la Ley de Poderes de Guerra de 1973, los cuales han dejado un gran número de bajas civiles.

«Hegseth ha quebrantado la ley y debe rendir cuentas», dijo categórico el representante republicano, que incluso mencionó el bombardeo por las fuerzas estadounidenses el pasado 28 de febrero de la escuela primria para niñas Shajareh Tayyebeh, en Minab, Irán, donde murieron al menos 165 personas civiles, de ellas 120 de las pequeñas alumnas.

Por ahora, tanto Pete Hegseth como Donald Trump se salvan en tablita, la lanzada como salvavidas al encrespado mar de sus delitos por el presidente de la Cámara de Representantes y en definitiva también compinche, Mike Johnson, en un claro desafío al Congreso, al mantener de manera ilegal las operaciones militares estadounidenses contra Irán.

Este es uno de los frentes abiertos por Hegseth, quien tampoco las tiene todas consigo en su propio medio, donde realizó desde su ingreso al enorme edificio pentagonal una purga de altos jefes militares —por cierto, buena parte de ellos mujeres y negros—, y sus órdenes y decisiones han chocado con algunos de los principales mandos, gente experta y con suficiente currículo de guerra como para inferirse que saben mucho más que el jefecito.

Recientemente, cuatro altos líderes militares —los jefes de los Comandos Europeo, del Pacífico y del Sur, junto al almirante en jefe de la Flota de EE. UU.— dejaron constancia escrita de un «no concuerdo» formal sobre la extensión del despliegue en el Medio Oriente y advirtieron que prorrogar el conflicto a gran escala contra Irán es «insostenible», pues consideran que está debilitando la defensa en su propio territorio y limitando sus misiones globales.

De todas formas, cuando comience a trabajar el nuevo Congreso, aun cuando pueda resultar más favorable a los demócratas, no resultará fácil lograr su destitución o la de Trump. Pero las interrogantes son espadas de Damocles sobre los encartados.

¿Cuántos más comenzarán a pensar como explicó Massie en su alegato?: «Hay una guerra activa y en curso que debería terminar inmediatamente, y creo que esta es una forma eficaz de hacerlo. Es literalmente el único remedio legislativo que se me ocurre que podría funcionar».

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