Gabriel Jesús celebra bajo la lluvia su primer gol con la casaca del Barca en la Liga Española. Autor: Tomada de Cadena SER Publicado: 17/09/2026 | 09:27 am
El cielo de Barcelona se desplomó sobre el Camp Nou como un presagio. La alerta de Protección Civil por riesgo de inundaciones, los relámpagos que iluminaban la noche y una lluvia intermitente que se volvió torrencial tras el descanso convirtieron el partido en un ejercicio de resistencia climática. Pero si el agua caía sin piedad desde arriba, desde abajo brotaba otra lluvia, igual de torrencial y mucho más dañina para el Racing de Santander: una lluvia de goles que convirtió el estadio en un diluvio azulgrana. El Barcelona goleó 7-2 en la sexta jornada de LaLiga y firmó el mejor arranque liguero de su historia, con seis victorias en seis partidos.
El huracán tardó ocho minutos en tocar tierra. Joao Cancelo, en su regreso a la titularidad, recibió en la frontal, se perfiló y soltó un zurriagazo que se estrelló en el travesaño antes de besar la red. El anuncio de que el Racing no iba a encontrar refugio. Raphinha, desde el punto de penalti, amplió la tormenta; Maguette Gueye descontó con un latigazo que fue apenas un paraguas roto bajo el vendaval; y antes del descanso, un remate de Cancelo desviado por Villalibre en propia puerta y un nuevo tanto del brasileño sellaron el 4-1 con el que los jugadores se marcharon a vestuarios, empapados y sonrientes.
La segunda parte fue un monzón. El Racing, que había osado soñar con el 2-1, se encontró con un muro de agua y goles. Zabiri aprovechó un error de Szczesny para poner el 4-2, pero Raphinha completó su triplete desde los once metros, Gabriel Jesus firmó el sexto tras ingresar desde el banquillo y Lamine Yamal, que había fallado un penal en la primera mitad, cerró la cuenta con una definición asistida por Adeyemi en el minuto 89. Siete goles, tres penaltis, un autogol y un portero, Agirrezabala, convertido en el único dique capaz de contener, a ratos, la crecida azulgrana.
Raphinha, con diez goles en siete partidos, es el faro que ilumina este temporal. Cancelo, reinventado como lateral invertido, firmó dos golazos que valieron por un tratado de fútbol ofensivo. Y Hansi Flick, desde la banda, veía cómo su equipo acumula 33 goles a favor y solo 7 en contra en siete partidos oficiales. El Racing, que había ganado al Alavés la jornada anterior, se marchó de Barcelona con siete puntos y la sensación de haber sido testigo de un fenómeno meteorológico que no se detiene.
La temporada en Cataluña se ha convertido en una sucesión de huracanes. Cada partido es una tormenta anunciada, y los rivales, barcos que intentan resistir sin saber que la marea ya los ha tragado. El Barça no solo gana: arrasa, inunda, desborda. Y mientras el agua siga cayendo del cielo, este equipo seguirá haciendo lo mismo sobre el césped. Los aficionados, empapados, ya no buscan refugio. Han aprendido a bailar bajo la lluvia.
