Juventud Rebelde - Diario de la Juventud Cubana

Fidel, un hombre de detalles

El reportero agramontino Enrique Atiénzar Rivero cuenta a JR cómo fue acompañar al Líder Histórico de la Revolución Cubana durante sus jornadas interminables de trabajo en la provincia de Camagüey, en una decena de recorridos gubernamentales, en los cuales tuvo la responsabilidad y el privilegio de reportar

Autor:

Yahily Hernández Porto

 

CAMAGÜEY.— Era tan solo un niño de 12 abriles cuando quedó deslumbrado por el hombre de la barba y el uniforme verde olivo. «Él iba en su vehículo militar por la doble vía camino al Aeropuerto Ignacio Agramonte. Cuando miró hacia la carretera, alcancé a verlo, y aquellos segundos me estremecieron...», recordó con emoción Enrique Atiénzar Rivero. «¡Mira, mira, mira ese es Fidel!», gritó.

No imaginó entonces que su vida y su profesión (más de seis décadas de entrega ininterrumpida como reportero del periódico Adelante, el primero fundado por la Revolución) le permitirían estar muy cerca del Comandante en Jefe.

​Escuchar a este maestro de generaciones, aún en pleno ejercicio profesional a sus 80 años, equivale a trasladarse a uno de esos diez recorridos en los que participó por la extensa llanura agramontina junto al Líder Histórico de la Revolución Cubana, Fidel Castro Ruz.

​Atiénzar Rivero nos describe con apasionamiento y certeza cómo era aquel cubanazo: «Un hombre todoterreno. Durante sus visitas, nosotros, que éramos más jóvenes que él, teníamos que hacer un esfuerzo para adaptarnos a su ágil andar. No se le escapaba nada y lo preguntaba todo. Era, sencillamente, incansable».

Mientras contempla emocionado las fotografías de la muestra 100 veces Fidel, expuesta en la galería Nicolás Guillén de la sede del rotativo camagüeyano, advierte que su rostro y el de otros colegas del país destacan en las ya simbólicas coberturas de prensa de aquellas visitas gubernamentales.

​—¿Cómo recuerda esas jornadas de trabajo?

​—¡En mi vida como reportero nunca trabajé tanto! Los recorridos eran agotadores, sin tiempo para descansar. Las coberturas con él resultaban intensas: iniciaban muy temprano y terminaban bien entrada la noche, lo cual nos obligaba a redactar y revelar fotos en horas de la madrugada… en caliente, como decimos en el lenguaje de una redacción que compite contra la hora de cierre para entregar los materiales a edición y garantizar su publicación en el periódico impreso.

​—¿Qué tipo de relación sostenía Fidel con la prensa?

​—Se preocupaba personalmente por el bienestar de los periodistas y se aseguraba de que recibiéramos una atención adecuada durante las coberturas, que, como decía, eran muy complejas.

​«No olvido aquel 25 de julio de 1989: en el trayecto de la comunidad de Cuatro Caminos, en el municipio de Najasa, hacia Patricio Lumumba, en Sibanicú, los periodistas vimos la caravana en la que venía Fidel, mientras merendábamos detrás de un edificio. Inmediatamente nos incorporamos para reencontrarnos con él. La primera pregunta de Fidel fue: “¿Periodistas, merendaron?”. Entonces Maribel Acosta, quien integraba su equipo de prensa, le respondió: “Sí, Comandante, y algunos reenganchamos”. A lo que él añadió: Prepárense, que hablé con Lázaro (Lázaro Vázquez García, primer secretario del PCC en Camagüey por aquel entonces) porque más tarde, como vamos a terminar bien de noche, habrá que darles una merienda reforzada”. ¿Quién iba a imaginarse que Fidel, después de salir de la fábrica de queso de Sibanicú para continuar hacia el Centro de Biotecnología en Camagüey, verificaría en persona cómo nos habían atendido?».

En reciente diálogo con Juventud Rebelde, este camagüeyano de pura cepa relató tres momentos con el Comandante en Jefe que perduran en su memoria y revelan la estatura humana del líder: «Nunca olvidaré las visitas a la cantera de Palo Seco, en el municipio de Guáimaro, el 15 de julio de 1971; al Hospital Pediátrico Eduardo Agramonte Piña, tras el Congreso del Sindicato de la Salud, el 10 de diciembre de 1981; y al central azucarero Panamá, en Vertientes, el 13 de enero de 1976, donde logré «infiltrarme» para cubrir su recorrido por encargo de Armando Boudet Gómez, quien era el director de Adelante.

​«Sin acreditación oficial previa, tuve que amanecer en el central, lo que me permitió estar allí mucho antes de su llegada. Así comprobé, mientras él dialogaba con los anfitriones, que Fidel estudiaba hasta la saciedad. De caña de azúcar sabía un mundo: era como un libro científico con información actualizada que luego corroboraba con los propios azucareros.

​«En el Pediátrico fue a chequear la ejecución de la sala de Terapia Intensiva, diseñada especialmente para enfrentar la epidemia de dengue hemorrágico (introducida en Cuba por un agente contrarrevolucionario al servicio del Gobierno de EE. UU.), para comprobar el avance y la calidad que exigía esa obra en un escenario nacional complejo, porque estaban muriendo niños y niñas cubanos. Su mayor prioridad en ese momento era salvar vidas, y así lo dejó saber. Su humanismo no conoció límites: se lo propuso, y en poco tiempo aquellas salas médicas se edificaron en todo el país».

​—¿Cómo era estar cerca de Fidel?

​—Compartir con Fidel era un regalo para la vida. Tenía el don de atraer a las personas y hacerlas partícipes de sus razonamientos. Aprendías muchísimo, como si estuvieras en una clase a cielo abierto. Tenía la virtud de pensar en todo, incluso, en detalles que para otros podrían ser insignificantes, pero que en su pensamiento adquirían una connotación extraordinaria.

​«Por ejemplo, cuando ya se retiraba de la cantera de Guáimaro, se detuvo de pronto, para sorpresa de los presentes, e indagó sobre dónde se construirían las viviendas de los trabajadores. ¡Hasta eso le preocupaba! Al conocer la ubicación elegida y los materiales que se emplearían, orientó buscarlos mejor en otro lugar.

​«Recuerdo, además, que tenía un pie puesto en el jeep cuando me miró. Me quedé inmóvil porque tenía una mirada penetrante y no supe qué hacer. Entonces nos preguntó: “¿De dónde son ustedes?” Le respondí: “Somos del periódico Adelante” (también estaba Abelardo Cabada Guillén, colaborador fotográfico). Fui yo quien tuvo que apartar la mirada porque no había quien sostuviera esa vista tan poderosa mucho tiempo».

​—¿Qué huella dejaba en las personas?

​—Su inteligencia. Era una inteligencia natural que lo desbordaba y que, además, enriquecía con mucha investigación previa. Por todo lo que demostraba saber sobre una amplia variedad de temas, lugares y procesos, creo que logró apropiarse de un método de trabajo, un hábito imprescindible: agenciarse información profunda y veraz sobre todo lo que le interesara.

​«Fidel era atento, disciplinado y educado; escuchaba con atención, y no solo a los expertos, sino también a las personas más sencillas y humildes, y eso lo definía, lo hacía inmenso. Cuando llegaba a los lugares preguntaba por cuestiones que dejaban a muchos boquiabiertos. Y la historia del sitio que visitaba, por muy distante que fuera, siempre despertaba en él un interés marcado, casi imprescindible para avanzar en el diálogo. Rechazaba la improvisación y sorprendía a todos por su curiosidad absoluta por el más mínimo detalle. Era, sencillamente, un hombre de detalles».

​El profesor Atiénzar, a pesar de haber estado cerca de Fidel en múltiples ocasiones y de haber recibido de sus manos el libro La educación en la Revolución durante el 3er. Congreso de la Unión de Periodistas de Cuba (UPEC) en 1974, lamenta no poseer una fotografía del momento del saludo personal. Aunque la imagen fue tomada por el fotógrafo del periódico Granma, Enrique Valiente, nunca pudo ser localizada.

​—Desde lo profesional, ¿qué legado del Comandante lo acompaña?

​—La constancia y su ética para aclarar y señalar, para encauzar debates y razonamientos, para indicar el camino y entregarse al trabajo, tan necesarias en mi trinchera periodística.

​—¿Y como hombre?

​—El Fidel que nunca se rindió.

Comparte esta noticia

Enviar por E-mail

  • Los comentarios deben basarse en el respeto a los criterios.
  • No se admitirán ofensas, frases vulgares, ni palabras obscenas.
  • Nos reservamos el derecho de no publicar los que incumplan con las normas de este sitio.