Fidel y Chávez firmaron un acuerdo de cooperación integral, en el Salón Ayacucho del Palacio de Miraflores, el 30 de octubre del 2000. Autor: Prensa Presidencial Publicado: 08/09/2026 | 06:21 pm
Todo fue dicho y advertido, y debemos volver sobre ello porque estamos en grave peligro: «El velo se ha rasgado y hemos visto la luz y se nos quiere volver a las tinieblas: se han roto las cadenas; ya hemos sido libres y nuestros enemigos pretenden de nuevo esclavizarnos. Por lo tanto, América combate con despecho; y rara vez la desesperación no ha arrastrado tras sí la victoria». Así escribió estando en el exilio Simón Bolívar, pensamiento y espada de esta Patria Grande, el 6 de septiembre de 1815.
Es un documento medular sobre el derecho de los pueblos a emanciparse. De sus ideas bebió José Martí y continuó el camino trazado para Nuestra América, donde unidad e integración son las raíces de un Nuevo Mundo. Tarea difícil y pedregosa, pero que Bolívar define: «Yo deseo más que otro alguno ver formar en América la más grande nación del mundo, menos por su extensión y riquezas que por su libertad y gloria».
Mas no se trata de una América supeditada a un imperio, nuevo entonces, casi en nacimiento, aunque se ha mostrado ambición y garras suficientes como para que el hombre que quería ser ciudadano antes que Libertador «para ser libre y para que todos lo sean», lo definiera en frase lapidaria y de total vigencia, probablemente hoy más que nunca: «Los Estados Unidos parecen destinados por la Providencia para plagar la América de miserias a nombre de la Libertad».
El 3 de enero de este 2026, una operación militar consumó en Venezuela lo que la administración de Donald Trump, donde ejerce diplomacia de fuerza el miserable Marco Rubio, ha deparado para este continente desde un polo al otro. No voy ahora a analizar si tuvo que empujar la puerta o la encontró abierta por una traición interna. Hablemos de consecuencias, esas son las que hay que revertir para hacerles frente a quienes quieren apoderarse de todo.
Metido en una crisis que empeora a diario con las decisiones de quien lo desgobierna, Estados Unidos va en busca, en primer lugar, de todas las reservas petroleras del mundo, pero ese es solo el comienzo, lo más perentorio para reflotar su economía. Venezuela, bajo la presidencia encargada, le acaba de abrir las compuertas y llenará las reservas debilitadas del hidrocarburo para darle combustible a la noria.
Viene también por más, por arrancar de raíz la resistencia ejemplar, y eso es Cuba, en este hemisferio y en el Sur global, incluso para los ciudadanos trabajadores de EE. UU., por lo que reviviendo viejas doctrinas rapiñeras y nefastas cacerías de brujas, llaman a este pequeño y desguarnecido Archipiélago la «capital del comunismo siglo XXI».
Entonces, está vigente no solo la implacable guerra económica —mucho más que cerco o bloqueo—, intentan unir al resto de las naciones al siniestro devenir proyectado. Lo han ido elaborando con golpes bajos, argucias y presiones, manipulando elecciones y robando la voluntad de pueblos. Le han llamado Escudo de las Américas y se confabularon con los mandatarios de Argentina, Ecuador, El Salvador, Panamá, Paraguay, Costa Rica, Bolivia, Chile, Guyana, y República Dominicana en un comienzo, y continúan sumando sumisión bajo una supuesta necesidad de «seguridad» frente a lo que bautizaron con infamante cinismo, como «narcoterrorismo». En Washington siguen maniobrando. Preparan la salmuera letal contra Brasil y México…
No hay de otra. Nos lo advirtió Bolívar hace hoy 211 años. Así que, como nos corresponde, también junto a Martí, los cubanos de hoy debemos decir: «(…) ya estoy todos los días en peligro de dar mi vida por mi país, y por mi deber —puesto que lo entiendo y tengo ánimos con que realizarlo— de impedir a tiempo con la independencia de Cuba que se extiendan por las Antillas los Estados Unidos y caigan, con esa fuerza más, sobre nuestras tierras de América. Cuanto hice hasta hoy, y haré, es para eso. (…)».
